¡¡¡Campeones!!!

Pues al final sí que medio ví la final. Entre teta y teta y «mamá, me duelen las rodillas», «mamá, mira he quedado octava en la nintendo» (octavo es el último en el juego al que juega ella), «lara, no te subas ahí QUE TE VAS A CAER», «mamá, tengo hambre», «mamá, me hago pis», «NOOOOOOO, ESO NO SE COMEEE!!!!» medio ví la final. Con ayuda de mis suegros, eso sí, que todo hay que decirlo.

Dicen que fue emocionante, yo casi no lo sé, me cuesta emocionarme por varias cosas a la vez y claro, si tu descendencia corre peligro – y la mía es de las que corren peligro el 99% del tiempo, porque siempre están haciendo alguna trastada – y te estás quedando bizca de tratar de mirar a la vez a la tele y a dos niñas que se mueven como abejas, pues los córners como que no saben igual.

Justo antes del gol de España, cuando ya creía que íbamos a penalties y que el padre de mis hijas no lo iba a soportar, Lara, que no tiene ni dos años, decidió que si su hermana podía hacer el pino, ella también. Así que, por supuesto, se pegó un leñazo y se puso a gritar. Como corresponde a su mal carácter y a su herencia genética por parte de padre, mis dos hijas sufren espasmo de sollozo, o sea, cuando se cabrean o se asustan, dejan de respirar, se ponen azules y tiesas y después se quedan laxas y después te miran con cara de «mujer, no te asustes, si sólo estaba haciendo un poco la zarigüeya». Bueno, afortunadamente Ana, ya no, gracias a Dios, porque aunque los médicos dicen que no hay que hacer nada, correr de forma caótica con una niña desmayada en brazos por toda la casa no es tan fácil si la niña pesa ya 20 kilos de vellón. ¿Quería emociones? Pues eso, he descubierto que el grito huracanado de GOL y unos cuantos petardos son mano de santo en estas situaciones. Yo ayer perdí otros tres años de vida fijo.

Pero ganó España. Me hace gracia porque me recordó a Naranjito y me pregunto si mis hijas, o al menos Ana que ya casi tiene seis años -ays – lo recordará cuando sea mayor. Al fin y al cabo ella no habrá tenido que esperar la friolera de años que han esperado sus abuelos para ver esto, aunque claro, tampoco lo ha disfrutado igual. Me gustó sobre todo porque hicieron juego limpio y de equipo y eso es un buen ejemplo. A veces ganan los buenos, es algo que tenemos que recordar.

Eso sí, ver el abrazo entre el papá de Ana y Lara y su propio padre cuando Iniesta marcó el gol, vale por todos los partidos perdidos – sobre todo porque a mí el fútbol no es que me encante. Al fin y al cabo para eso son también las familias. Ayer por él, todos los días por ellas. Y yo ya me escaparé algún día al cine, cuando estrenen la última de Harry Potter.

Por si os interesa, la Roja recorre hoy Madrid. Tal vez os apetezca llevar a los niños más mayores a verlo. Al fin y al cabo el primer Mundial no se gana todos los días, de hecho, nunca más será igual.

¿Cómo lo pasásteis vosotros? Espero que lo disfrutárais. Somos campeones. Oe-oe-oe.

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