Recomendaciones para un parto normal en El País

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Hace nueve años, cuando yo me empecé a convertirme en madre una noticia así hubiera sido impensable. De hecho hace nueve años, cuando yo empecé a convertirme en madre, una de esas neuróticas que se leen todo lo que pillan, una noticia así hubiera sido para mí un shock. Yo, que a los veintitantos años, iba por el mundo pensando que la epidural era un derecho que nos libraba de la maldición bíblica y que era una vergüenza que no estuviese disponible en todos y cada uno de los hospitales españoles, motivo por el cual chillaba como la que más cuando había que chillar y a veces también cuando no, hubiera tenido muy difícil asimilar que no, que la epidural no es la panacea y que sólo está recomendada con restricciones. Hace nueve años me creía incluso que las episiotomías reducen el riesgo de desgarro y que eso de parir de pie era una cosa de locas, hippies que quieren parir bajo los árboles. Quién me ha visto y quién me ve.

Por eso que las recomendaciones para un parto normal, que por otra parte se conocen desde la Declaración de Fortaleza de la OMS publicada en 1985, salgan en El País, no sólo me recuerda que en muchas ocasiones es mejor callarse la boca para no comerse después las palabras – en forma de cesárea innecesaria, por ejemplo – sino que además me pone muy contenta. Buena señal, se ve que voy superando a la tonta soberbia que era hace nueve años, cuando empecé a convertirme en madre.

Para las incrédulas, que seguro que todavía las hay, la infografía de El País, que he conseguido a través de Ile Medina de Tenemos Tetas, es bastante clara. En rojo lo que no se debe hacer. Y no hay más.

Quiero creer que si hace nueve años una noticia así hubiera aparecido en El País la tontería se me hubiera quitado antes y tal vez mi historia hubiera sido distinta. Pero entonces tal vez no estaría aquí. La información es poder, si vas camino de convertirte en madre ahora tienes la suerte de que las noticias vayan, en general, todas en la misma dirección. Y esto sirve tanto para partos como para otros temas, como la lactancia o la crianza. La ciencia, que tiene muchas limitaciones, apunta siempre a lo mismo: alejarse de la naturaleza en los momentos iniciales de la vida tiene costes, para la madre, para el niño y para la sociedad en pleno. Ahora, cuando este tipo de información ya no sólo es visible en foros de hippies que quieren parir de pie, sino que aparece sin demasiado ruido en periódicos de tirada nacional, es la oportunidad de exigir que la ciencia se aplique en los hospitales españoles. Porque no va a haber marcha atrás.

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