Diario de un PVD2C

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Probablemente muchas de vosotras no seáis capaces de imaginar lo que esto ha significado para mí. Después de seguir los avatares de Nuria en su lucha por conseguir un parto vaginal después de dos cesáreas previas, después de admirar su valentía, su presencia de ánimo, os dejo el final del Diario de un PVD2C.

Parir vaginalmente después de dos cesáreas es difícil, no sólo por todos los impedimentos externos con los que te puedes econtrar, sino también o quizás principalmente, no lo sé, por culpa de tus propios miedos. La “precaución” tantas veces excesiva y en ocasiones rozando el pánico con el que se trata a una embarazada que ha tenido una cesárea previa, cala, por muy fuerte que seas. No quiero imaginar lo que supone planteárselo con dos. A pesar de que los estudios científicos recomiendan intentar el parto vaginal después de una o varias cesáreas, pocos son los hospitales y muchos menos los ginecólogos particulares que lo permiten. La rotura uterina, ese convertir a la embarazada en una bomba de relojería a punto de explotar, acaba por penetrar las más duras corazas. Aunque intuyo, o mejor dicho, sé, que el principal miedo, lo que puede conseguir que un parto se pare, es el miedo a volver a fracasar y que esta sea tu última oportunidad.

Yo de momento no me veo capaz. Si estás embarazada o pretendes estarlo, ten en cuenta una cosa muy importante, tu parto y sobre todo si es una cesárea, condicionará psicológicamente toda tu vida reproductiva posterior. Infórmate.

Lo reproduzco entero, aunque sea muy largo, porque merece la pena que lo leáis. Vais a tener que leerlo hasta el final para conocer el desenlace. De entre todas las historias de partos que podéis encontrar, las de PVDC son siempre las más emotivas, salvajes, las que mejor te enseñan el viaje que emprendemos tras nuestro primer parto.

Diario de un PVD2C (8)

30/08/10 22:30h (cuello borrado y 3cm) fase activa de parto.

Allí estaba, de pie en un pasillo aguardando a un celador, y esperando que regrese mi chico de dar mis datos. En menos de un minuto me han desvestido y ahora luzco un modelito primavera-verano, en tono azul cielo, con profundo escote en la espalda, bata a juego y calzas en los pies.

nana-de-espera Nana de espera. Toya del Castillo

Llegamos a paritorio. La matrona (Amaya) me explica que por ahora estaré allí, si algo se complica o si el parto se estanca, pasaríamos a quirófano. Podría haberme sonado a amenaza pero estoy tan feliz, que levito sobre el suelo. Pregunto por una matrona, a la que han hablado de mí. “Hola, ¿eres Nuria verdad?” (Está entrando por la puerta, resulta que se ha corrido la voz, hay una loca del pvd2c en el hospital). Se sienta a mi lado y me da un informe completo de la situación. La guardia está muy tranquila (BIEN), el equipo de gines es bastante favorable (BIEN) y la matrona que me ha tocado, es una enamorada de los partos naturales.

-“Confía plenamente en ella” (BIEN, todo parece ir de cara). Charlamos unos minutos mientras mi chico sale a llamar a la familia y a las chicas (Patricia y Raquel). Por lo que supe al día siguiente, los nervios le jugaron una mala pasada (eso, o el pobre se creía que un parto es como en las pelis) y las contó que estaba en completa (que más quisiera yo!!!!). Vuelve Amaya, se sienta a mi lado y me pregunta como quiero parir.

-“Entiendo que esto es un hospital y que en mi caso hay protocolos obligatorios (mejor empezar pareciendo una mujer razonable, ya tendremos tiempo de conocernos), pero me gustaría que fuera lo más natural posible”.
-“¿Lo más fisiológico posible? (me gusta la aclaración, siento que hemos conectado) de acuerdo.”

La vía es obligatoria (estreptococo positivo) pero promete salinizarla en cuanto pase la primera dosis de antibiótico. También lo es los monitores, pero a cambio solo habrá tactos cada 2 horas. Me trae una pelota de pilates y me dice que me mueva, que no me preocupe por los cables. Sale de la habitación bajando la intensidad de la luz (no me lo puedo creer, todo parece ir viento en popa). Carlos está conmigo, pendiente de todos y cada uno de mis deseos, no habla, no me toca, está sentado en una esquina de la habitación. Su presencia me da tranquilidad, él tiene esa cualidad, darme seguridad sin invadir mi espacio, sin agobiarme. Le pido la música. Las últimas semanas he estado escuchando el disco de Rosa Zaragoza y música que utilizaba en yoga, para relajarme. Tengo en mi cabeza todos los partos que he leído, todos los libros e informes que he estudiado en estos 3 años. Me siento pletórica de fuerzas y confianza. Me siento preparada. Las contracciones llegan y se van (no han parado en ningún momento). No hay dolor, muevo constantemente las caderas, paseo, tarareo la música. Recuerdo en algún momento acercarme y sonreír a mi chico y sentir que por primera vez desde hace semanas, estamos conectados.

Casi de forma inmediata las contracciones se intensifican, comienzo a gemir abriendo mucho la boca, me siento en la pelota y pido a mi chico que me sujete porque, nada más terminar la contracción, me entra un sopor incontrolable. Se me cierran los ojos y caigo hacia delante apoyándome en la cama. Hay un reloj grande en la pared pero ya no se leerlo. De repente, noto como alguien me toca la mano, es Amaya y con ella esta la gine y una auxiliar. Me tumbo en la cama para un tacto. La médico pide a la auxiliar que traiga algo (no la he entendido, pero no me gusta), la oigo pero no la escucho. Oigo la palabra bolsa. Miro a Amaya sin comprender muy bien que es lo que ocurre. -“¿Perdona…?” -“Voy a romperte la bolsa, porque como te mueves tanto, no podemos registrar bien la intensidad de la contracción”
-“NO.., no…, estooo, preferiría que no…(¿Por qué necesitaba yo que no me rompieran bolsa? recuerda, recuerda) ” -“Pero ¿por qué?, si no pasa nada. En tu caso lo que más me preocupa es la intensidad de las contracciones. Es importantísimo, que tengamos controlado una posible rotura uterina (demasiada chachara para mi)”
-“Yo me quedo quietita. Te prometo que no me muevo de la cama (me da rabia, no consigo encontrar las palabras, me siento como una niña llorona)” Consigo negociar una hora. Vuelvo la cara y veo a mi matrona seria, apartada de la gine y mirando a la nada (su lenguaje corporal me deja muy claro que no está de acuerdo con ella).
-“¿De cuantos cm está? (logra preguntar a la doctora antes de que esta, salga por la puerta)” -“De 5”
-“MUY BIEN NURIA, (le ha salido del alma) eso está muy bien (no se si se refiere a la dilatación, o a la negativa anterior). Tú sigue moviéndote y no te preocupes”.

12:00h (dilatación 5 cm)

birth__by_danagrrlBirth, de Dana Legget

Intento mantenerme lo más quieta posible, sentada en la cama. Intento recordar posturas para favorecer el descenso en esta posición (de algo tiene que servir mi “máster en obstetricia”). Ya no me quedo adormilada entre contracciones, y me giro constantemente para controlar los monitores y el reloj.

Al cabo de dos horas aparece Amaya golpeando suavemente la puerta. Me hace el tacto de rigor y me confirma algo que yo ya sospechaba, sigo de 5 cm. Uno de mis miedos era este, que se parase el parto. Carlos le dice que no me he movido de la cama y que estoy muy preocupada con el monitor.

-“Tienes que levantarte, lo estabas haciendo muy bien. Olvídate del monitor. Si hace falta vengo yo a colocártelo cada vez. (Me mira a los ojos) Estas de 5 holgadas según mis dedos, puede que casi de 6”. La he entendido perfectamente, si durante dos horas no ven ninguna evolución es probable que les entre el miedo. Bajo de la cama y comienzo a moverme tímidamente. Encargo al papa que vigile constantemente el monitor. Respiro profundamente y comienzo a hablar con Clara. La animo con cada dolor (hace ya tiempo que las contracciones son dolorosas, aunque bastante llevaderas ahora que puedo moverme). Hago esfuerzos por concentrarme, consigo aliviar la intensidad estirándome todo lo que puedo, alzando los brazos por encima de la cabeza y separando los dedos como si fuesen rayos. Incluso poniéndome de puntillas. Gimo y gruño de nuevo concentrada en mi parto. Noto que de vez en cuando entra alguien, no me molesto en averiguar quien es. Hablan con mi chico para no molestarme. En algún momento Amaya me recoloca el monitor (estoy en el suelo, de rodillas sobre la almohada, apoyando la cabeza en la cama) y me murmura palabras de ánimo. Han pasado 2 horas más y las noticias no son buenas, sigo estancada en 5 cm. Amaya parece sorprendida, -“todo está tremendamente favorable, pero parece que no termina de arrancar por alguna razón. (Yo tengo claro cual es la razón, una gine que anda rondando la puerta de paritorio)”. Nos quedamos mirando, se lo que está pensando (son 4 horas sin ningún cambio), me propone un masaje en el cuello del útero para segregar prostaglandinas y yo acepto. Lo hace con una inmensa suavidad, como los dos tactos anteriores. Trata de animarme diciéndome que no me preocupe, que estas cosas pasan, que pronto se va a desbloquear la situación (claro, ¡dentro no se va a quedar! Lo que temo es que se desbloquee por la vía rápida).

Sale por la puerta y recibo la primera descarga. Es como si una barra de acero atravesase mi cuerpo. Me ha pillado desprevenida, no he notado ni como se acercaba. Trato de luchar por salir a flote, por respirar. Me encojo sobre mi misma, tensando todos y cada una de las fibras de mi cuerpo. Chillo de dolor, parece que no va a acabar nunca. Abro los ojos y de repente estoy en otro hospital 5 años atrás. Enganchada a un gotero de oxitocina que “echa humo”, atada a una cama mientras muerdo la almohada y rezo con los labios resecos “vaapasarvaapasarvaapasarvaapasar….” Con una matrona que intenta romperme la bolsa por 3ª vez para darse cuenta que no hay nada que romper. Con un tacto detrás de otro para decirme “2cm, 2 cm, 2 cm…”. Con un monitor fetal que dice que mi hijo está peor que yo. Y yo pensando que me da lo mismo lo que hagan conmigo, que yo solo quiero morirme, solo quiero que me maten de una vez.
Parpadeo para darme cuenta que estoy entrando en pánico. Intento incorporarme, sólo para sentir de nuevo, como me contraigo hasta quedar reducida a la nada. Trato de relajarme, -“no luches contra la ola, dejarte llevar…(una mierda, tú solo huye). NO PUEDO, NO PUEDO MÁS, OTRA NO POR FAVOR, POR FAVOR, POR FAVOR….(ya esta, estoy oficialmente histérica)” Carlos se acerca a la cama, me sujeta la mano -“Claro que puedes. Llevas 3 años luchando por esto, has peleado con ginecólogos, jefes de servicio, conmigo. Has llegado hasta aquí y vas a conseguirlo. No puedes rendirte.” Se lo mucho que significan estas palabras, él esta conmigo, pero en contra de sus propias convicciones. Aun así, está dándome ánimos, pero el pánico inunda todos y cada uno de los recovecos de mi mente. Vuelvo a intentar ponerme de pie, se que soportaría mejor las contracciones de pie, intento mantener la compostura. Un nuevo golpe devastador (Dios mío no puedo), imposible cambiar de postura. Intentamos pasarlas de una en una, sin pensar en la próxima. Se que este dolor no es efectivo, de forma instintiva comprendo que contraerme de esta manera no va a permitir que dilate. Pero no puedo hacer otra cosa (tal vez si…). Pido a Carlos que llame a la matrona.
-“Amaya, estoy completamente bloqueada, tengo unas contracciones horribles. Como siga así no voy a aguantar (voy a quirófano y me la saco yo solita).” me mira con seriedad -“¿que quieres que te diga?” -“Hazme un tacto, si no ves cambio, llama al anestesista”. La decisión está tomada.

31/08/10 04:30h (dilatación 5 cm)
Entra el anestesista. Carlos ha salido para hablar con mis padres que acaban de llegar desde Valladolid. Amaya está tratando de ayudarme a encajar las contracciones. El doctor no parece muy contento y me pregunta molesto porque no la he querido hace 6 horas. Mi matrona entra al quite por mi, -“Porque no la necesitaba, la necesita ahora. Si tuviéramos bañeras…”.

La epidural implica suero y las 4 horas de parón, rotura de bolsa. Esta vez no hay nada que negociar, asumo que no queda otra. Aprovechan para conectarme el cable que mide la intensidad de la contracción (la gine se ha salido con la suya) y aunque la matrona quiere evitar la monitorización interna “donde hay patrón no manda marinero”. Estamos solas y me recuerda que la epidural no tiene porque ser una mala decisión en mi caso. Me explica el funcionamiento de la analgesia. –“Hay que mantenerse tumbada durante 20 min. para que el líquido se reparta. Pasados esos min iniciales puedes moverte, incluso ponerte de pie (no es la walking, querían implantarla pero la famosa crisis mandó a la mierda el proyecto). La gravedad hace que el líquido baje y con el líquido el efecto de la analgesia. Te deja las piernas muertas y el vientre completamente despierto. Por eso, puedes moverte pero no mantener la postura mucho tiempo”. Me da como margen 30-45 min. Nos quedamos de nuevo a solas mi chico y yo. -“Lo siento Clara, mami te ha fallado…”. No se porque, necesito verbalizarlo y en ese momento comprendo que somos un equipo. Clara ha tenido que notar mi desconcierto, pero sobre todo mi pánico y me da mucha pena.

Entra una auxiliar con una bolsa que pretende conectar a la vía. No me da tiempo a reaccionar. –“¿Qué haces (Os juro que Amaya se ha materializado de la nada)?” La mujer con el susto aun en el cuerpo, le dice que mi amiga la gine, le ha dicho que me enchufen oxitocina. –“Dentro de media hora tengo que hacerla el tacto, no te preocupes que ya se lo pongo yo” –“Pero es que…” –“Para que te vas a molestar mujer. Y tú (me mira) ya sabes lo que tienes que hacer (darte el premio al mejor ángel de la guarda y ponerme a dilatar como una posesa)”. No necesito más indicaciones, ha llegado la hora de echar el resto. Me levanto con miedo, apoyándome en Carlos. Apenas noto las piernas (ni que fuera Rambo) pero me sostienen. Comienzo moviendo las caderas, con cada contracción que leo en el monitor. Animo a Clara (muy bien campeona, así se hace pequeñaja, una menos para salir, venga que falta poco, vamos chicarrona del norte). Voy ganando confianza y comienzo a pasear. Con tanto cable y tubito saliendo de mi cuerpo, el recorrido turístico es muy limitado. Afortunadamente no me han conectado todavía a la bomba de la analgesia.
Voy derrochando fluidos allá donde voy, lo que es un auténtico riesgo (un parto no es el momento mas adecuado para practicar patinaje artístico). Tras un par de resbalones, decido dejar la caminata y volver a los movimientos de caderas. Me estrujo el cerebro recordando todo aquello que he leído que puede favorecer el encajamiento o la dilatación. Lo intento todo, incluso pruebo liquido amniótico. Ha pasado casi una hora y mis piernas dejan de responderme y comienzo a notar las contracciones. Amaya aprovecha ese momento para entrar por la puerta (a eso llamo yo sincronización). Consigo a duras penas sentarme en la cama, me incorporo para sentarme mejor y veo sangre en las sabanas. Una brillante mancha de un rojo intenso. Se me ilumina la cara y miro a Amaya que responde a mi gesto –“Si, es una buena señal (De nuevo un tacto, contengo la respiración…) Enhorabuena, estas de 9 cm. Ahora quiero que te tumbes y me avises cuando notes presión”.

6:15h (dilatación 9cm)
No podría cambiar de posición aunque quisiera. Estoy tumbada sobre el costado izquierdo, el lado derecho se ha despertado. Con cada contracción, aparece un dolor agudísimo que solo consigue aliviarme Carlos clavando sus puños en el glúteo con todas sus fuerzas. Pero es que tenéis que ver a mi chico, 2 m y 100 k de peso (ya sabéis, ande o no ande….). Empiezo a valorar en su justa medida a las valientes que paren en casa o sin epidural.
Miro el reloj, se acerca el cambio de turno (Clarita, acelera que se nos va Amaya). Las piernas y la zona del perineo la tengo completamente insensible. No voy a notar cuando pujar, ni siquiera cuando avisar a la matrona. No han pasado muchas contracciones y la curiosidad me puede. Bajo la mano e introduzco mis dedos en la vagina, para chocar de forma inmediata con algo duro (mi niña ya está aquí). -“¡Carlos…, llama a la matrona!”. Amaya se asoma y confirma sin ningún tacto que ha llegado el momento. Estoy en completa.

6:45h (dilatación 10cm)

Entre dos, comienzan a quitar, subir, sacar y meter cosas hasta convertir mi cama en un mega súper potro de película. Me dan a elegir postura. Siempre me había imaginado pariendo a cuatro patas, pero a estas alturas ni me lo planteo. El lado derecho intocable y el izquierdo insensible. Así que pido que me incorporen un poco y coloco mi pie derecho sobre el estribo. Voy a parir semi-recostada sobre el lado izquierdo. Claro que si mi postura os parece graciosa, tenéis que ver a mi chico. El pobre estira todo lo que puede el brazo entre el monitor fetal y el pie del suero, intentando al mismo tiempo no arrancar ningún cable. A todo esto, Amaya le manda agachar la cabeza para poder leer el monitor fetal (parece un contorsionista). Mira alternativamente mi cara y la pared del cabecero (ya sabia yo, que esto de la sangre, no era lo suyo). –“¿Te molesta la sangre? (pregunta la auxiliar)” –“no, como no la veo!”

Tengo permiso de la matrona para pujar cuando tenga ganas. Pero es que no tengo ganas, solo ciática. Empiezo a pujar. La matrona se da cuenta que no noto nada y me indica cuando tengo una contracción. Todo es demasiado rápido. En cierto momento tengo la necesidad de tocarme, como para asegurarme de que esto va en serio. Ya está, un grito impone el silencio en la sala.

Son las 7:20h, el tiempo se ha parado, todo ha desaparecido a mí alrededor. Cubierta de una mezcla de sangre y grasa, respira por primera vez mi hija, apoyada sobre mi vientre. Llora a pleno pulmón, mientras la abrazo sorprendida. -“Bienvenida Clara. No llores princesa, que soy mamá. Que bien lo has hecho campeona.” Me angustia oírla llorar de esa manera y la pongo al pecho, nerviosa. Clara hociquea, mientras respira ruidosa. Tiene los ojos completamente abiertos y me mira con la misma curiosidad que yo a ella. Comienza a mamar de inmediato, mientras, no paro de reír, hablarla y acariciar su cuerpecillo resbaloso. Intento encontrar parecidos. ¡Es tan chiquitita, en comparación con sus hermanos!. No puedo dejar de mirarla, solo para mirar al orgulloso papá. Es increíble, aun somos una, pero ya somos dos (magia). El cordón deja de latir y soy yo la que corta el último lazo físico que nos une. Todo es luminoso, estoy exultante, radiante, henchida de amor, ESTOY FELIZ.
Mientras me suturan un ridículo desgarro, hablo con mi hija de todas vosotras. De todas las mujeres que me han acompañado en la espera, de los mensajes, de las velas que esta noche se han encendido en todo el mundo por nosotras (¡¡¡¡Las lágrimas que derramé leyendo vuestros mensajes!!!). Amaya me mira sorprendida, la explico que Clara es una niña muy especial. Tan especial, que tiene “madrinas” repartidas por todo el mundo. Unas mujeres maravillosas que solo quieren que todos los niños nazcan rodeados del amor y respeto que merecemos.

Nos dejan a solas durante una hora, las luces tenues, Carlos sentado a mi lado y yo sentada con las piernas cruzadas mientras Clara mama. No recuerdo nada en concreto, solo que me siento como una pila duracell. No entiendo que es lo que hago allí sentada. Quiero salir, quiero irme a mi casa y me siento con fuerzas para irme andando si hace falta. (¡Ya está, esto es todo, pues si esto es parir, está chupado!) Me siento tan bien, que no hago más que repetírselo a Carlos constantemente. Amaya viene a despedirse, la pido que se acerque y con el brazo libre la abrazo y comienzo a llorar. –“Gracias, no lo habríamos logrado sin ti”.
Nos llevan a planta, en el pasillo están esperando mis padres, que me saludan como si fuese una heroína (ya me hubiera gustado a mi verme sin la epi). Más tarde me he enterado, que mi padre dice que nunca me había visto tan feliz como después de parir.

Toda la planta sabe que la loca del pvd2c lo ha conseguido. La pobre está tan emocionada que quería salir de paritorio andando. Lo que nos faltaba que vengan de Valladolid a parir (con la publicidad que les he hecho, seguro que este año aumentan las tasas de partos jejejejejeje).

Y ahora sí. Felicidades Nuria y Clara. Campeonas.

Foto | Madame Lavender

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2 Comentarios

  1. claudia 5 noviembre 2010

    Esta historia es tan hermosa que estoy llorando luego de leerla. Soy madre de dos hijos que tuve por cesarea, y mi gran sueño es que Dios me permita tener parto natural algun dia…esto da muchas fuerzas para lograrlo, ya despues de leer muchos articulos al respecto NADA hará que abandone mi sueño!!!
    Gracias y felicidades!!!

  2. Emi 2 octubre 2011

    emocionada hasta las lágrimas, que fuerza esta mujer, que motivación…ojalá tenga el privilegio de vivir una historia como la suya…

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