Y de postre, oxitocina.

oxitocina

El papel de la oxitocina – la hormona de los vínculos, el altruismo, el orgasmo, el parto o la lactancia materna – en la regulación de casi todos los aspectos de la salud tanto física como psicológica está lejos de conocerse en detalle, pero cada vez son más los estudios que apuntan a este neurotransmisor como uno de los compuestos fundamentales.

El hecho de que los bebés alimentados con biberón engorden más es algo conocido desde hace tiempo. El papel de las madres en la sobrealimentación del niño – el niño ha de comerse todo el biberón porque lo dicen las tablas – es uno de los factores que comúnmente se ha señalado como responsable del mayor peso de los bebés no alimentados al pecho. Sin embargo desde hace unos años han empezado a conocerse los mecanismos moleculares con incidencia directa en este asunto. Y no tienen que ver más que con la autorregulación mediada por sustancias químicas propias.

El papel de las leptinas presentes en la leche materna como reguladoras del peso se conoce desde hace tiempo. Ahora a las leptinas se viene a sumar la oxitocina endógena u oxitocina natural.

Tengo este mes dos estudios científicos. En el primero de ellos, publicado en la revista Frontiers in Neuroencocrine Science se relaciona la oxitocina con la sensación de saciedad, la ingesta de comida e incluso con la ingesta de azúcares. La oxitocina y sus receptores regularían este tipo de procesos mediante la desactivación de los centros de recompensa. Es decir, si los mecanismos oxitocinérgicos están regulados necesitas menos azúcar, necesitas comer menos, las comidas duran menos tiempo y tu balance de energía es más equilibrado.

En el otro estudio, publicado en PloS One, se relacionan las células cerebrales con receptores para oxitocina con la disminución de peso, mediante un mecanismo que combina la reducción de la ingesta con el incremento de gasto energético a través de la producción de leptinas.

Mecanismos complejos, imposibles de comprender para los legos pero que vienen a reafirmar la hipótesis de que la regulación de la oxitocina influye no sólo en nuestras relaciones sociales, sino en realidad en toda nuestra salud. Y que nos sirven para volver a reclamar que todos aquellos procesos en los que la oxitocina es un neurotransmisor fundamental, como el parto o la lactancia materna, deberían ser cuidados con esmero, para asegurar así la salud futura o al menos para no perjudicarla.

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