La mayoría de las mujeres que abandonan la lactancia lo hacen por motivos laborales

lactancia trabajo

La Organización Mundial de la Salud recomienda lactancia materna exclusiva como forma de alimentación prioritaria para todos los recién nacidos hasta los seis meses, sin importar su lugar de nacimiento. Las guías de buenas prácticas en nutrición infantil de este organismo recomiendan además complementar la lactancia materna mientras se va introduciendo la alimentación complementaria hasta un mínimo de 2 años y después todo el tiempo que la madre y el bebé lo deseen. Los seres humanos somos mamíferos y los mamíferos se alimentan de la leche de sus madres gracias a procesos fisiológicos altamente conservados y seleccionados a lo largo de millones de años por la naturaleza que convierte a la leche de cada madre en un alimento vivo, óptimo para su hijo, único y especialmente diseñado para él en particular y para las circunstancias que lo rodean, un alimento que va modificando su composición en función de las necesidades del bebé incluso a lo largo de una misma toma.

Las desventajas de la lactancia artificial, mayores en el Tercer Mundo o en núcleos de población en riesgo de exclusión, son de sobras conocidas y alcanzan a todos los niños en mayor o menor medida. Las campañas de apoyo a la lactancia llevan años tratando de revertir la cultura del biberón introducida masivamente a partir de los años 60-70, convertida en la normalidad en los países ricos y que alcanza cada vez a más países en vías de desarrollo. Pero hablar de los beneficios de dar el pecho en las consultas de pediatría no es suficiente.

Según recoge la Encuesta Nacional sobre Hábitos de Lactancia realizada hace pocos años en nuestro país cerca del 90% de las mujeres afirman tener intención de dar el pecho antes o inmediatamente después del nacimiento, pero sólo el 18% de ellas consigue llegar a los seis meses recomendados por la OMS.

Entre estas dos cifras suceden muchas cosas, que tal vez podrían ser objeto de otros posts, pero según se desprende de las conclusiones del I Estudio de Conciliación y Lactancia el 62% de todas las  que abandonan lo hacen por motivos laborales.

Amamantar trabajando es posible, pero en muchas ocasiones es muy complicado. La escasa baja maternal que disfrutamos en nuestro país será probablemente la primera causa. Mantener una lactancia en diferido de un bebé de 16 semanas separado de su madre durante las largas jornadas laborales es un escollo a veces insalvable y que, además, genera mucha angustia. Bebés que no quieren tomar biberones, bebés que no comen hasta que su madre no vuelve revirtiendo los ciclos de alimentación con el consiguiente impacto sobre el sueño tanto del niño como de la madre, empresas sin salas de lactancia o poco comprensivas con la maternidad, etc. son algunas de las dificultadas que las madres lactantes se encuentran cuando intentan seguir amamantando tras reincorporarse al trabajo. La solución, para la mayoría de ellas, es dejar de dar el pecho.

Cuando la lactancia materna es una opción libremente escogida por la mujer, proteger su derecho a amamantar debería ser una prioridad social y no sólo porque dar el pecho es bueno para todos, para la madre, para el hijo y para la sociedad, sino porque la lactancia es parte de la vida sexual de las mujeres y los derechos sexuales deberían estar protegidos.

Foto | Mothering Touch

 

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