La leche materna puede proteger a los niños de madres obesas

lactancia obesidad

Es un hecho científico que el embarazo, el parto y la lactancia son procesos de comunicación bioquímica entre madre y bebé que pueden influir en la salud de las personas durante gran parte de su vida. La placenta, un órgano tan importante como desconocido, actúa durante el embarazo como intermediario entre la madre y el hijo, regulando el metabolismo de ambos en función de las condiciones intraútero del bebé y también de las condiciones del entorno de la madre. Esta relación de autorregulación en pareja se prolonga después a través de la crianza y en especial de la leche materna favoreciendo mecanismos fisiológicos que están implicados en la regulación génica y que tienen consecuencias entre otras cosas en el metabolismo de ambos.

Por otra parte, sabemos también que el peso durante la primera fase de la vida puede influir en el peso posterior y así, como ejemplo, los bebés que crecen poco en el útero o que nacen prematuros desarrollan sistemas de compensación después, que hacen que recuperen el peso medio e incluso lo superen antes que los bebés nacidos a término.

Algo así puede pasar también con los niños de madres obesas. Las mujeres con un índice de masa corporal alta suelen tener niños más grandes en el momento del nacimiento. Estos niños se mantienen en percentiles altos durante gran parte de su infancia y tienen riesgo aumentado de desarrollar obesidad infantil que se prolongue después en cuanto que los hábitos alimentarios no sean ideales. Sin embargo, un estudio realizado en España indica que la leche materna podría ejercer un papel compensador también en este problema.

Los niños de madres obesas alimentados con leche materna ganan peso más despacio que los niños alimentados con biberón, pero también más despacio que los hijos de madres con normopeso. Así, a los seis meses de lactancia materna exclusiva, los bebés de madres grandes alcanzarían menos peso que el resto de bebés, aún habiendo nacido más grandes ellos mismos.

El estudio, que requerirá más investigaciones futuras, apunta a que la leche materna podría tener un efecto protector sobre el hecho potencialmente negativo de que la madre padezca obesidad durante el embarazo, ayudando a los bebés a retomar una curva de peso normal que se podría mantener durante el resto de la infancia. Aunque el estudio es pequeño y se desconocen los mecanismos moleculares que regulan este fenómeno, cada vez cabe menos duda de que la lactancia materna es importante siempre, un enorme factor de protección que perdura toda la vida. Llevar una vida saludable y unos hábitos alimentarios correctos es importante también cuando estás embarazada, pero aún así, después la solución también puede ser dar el pecho.

Fuente: La Vanguardia

Foto: Sanutri

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