La lactancia facilita el vínculo

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Las hormonas implicadas en la lactancia materna, oxitocina y prolactina, son compuestos capaces de modificar el comportamiento. En estudios realizados con animales, hembras e incluso machos vírgenes procedían a comportarse como madres cuando se les inyectaba alguna de estas sustancias. La naturaleza es ahorradora y si la hormona que produce el reflejo de eyección de la leche de paso sirve para que la madre se vincule con su cachorro, pues mucho mejor, así no hay que gastar energía en sintentizar ninguna otra cosa.

Oxitocina y prolactina son las hormonas típicas de la maternidad. La oxitocina además es capaz de generar vínculos incluso a través de las redes sociales. Oxitocina y prolactina son las hormonas que permiten la formación de grupos más o menos estables, que faciliten la vida en la naturaleza y por tanto son muy importantes en animales gregarios, como el hombre y en mamíferos, animales cuyas crías nacen muy desprotegidas. Es por estos motivos, además de a través de observaciones, que desde siempre se ha asegurado que la lactancia materna facilita el vínculo madre-hijo.

En las salas de neonatos y en sus posteriores seguimientos se ha demostrado hace tiempo que la lactancia materna y el método madre canguro facilita la participación de los padres y a la larga reduce los casos de mal trato, más frecuentes en prematuros, se cree que precisamente por la falta de vinculación que producen los largos periodos de ingreso (además de otros problemas, como la no aceptación del bebé, etc.)

Pero cuando la ciencia demuestra que lo que se intuye o se ha observado subjetivamente es cierto, pues se lleva una una alegría.

La resonancia magnética nuclear funcional fRMN está de moda. Con esta técnica de imágenes es posible ver, literalmente, cómo funcionan nuestros cerebros en determinadas situaciones. Y uno de los últimos estudios se ha realizado con madres. El primero en examinar los mecanismos neurológicos que subyacen bajo los comportamientos maternales, en concreto evaluando las diferencias en funcionamiento cerebral entre madres lactantes y madres que optaron por alimentar a sus bebés con biberón.

El estudio, que podéis consultar bajo esta referencia «Pilyoung Kim, Ruth Feldman, Linda C. Mayes, Virginia Eicher, Nancy Thompson, James F. Leckman, James E. Swain. Breastfeeding, brain activation to own infant cry, and maternal sensitivity. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 2011; DOI: 10.1111/j.1469-7610.2011.02406.x« detalla las diferencias entre la actividad cerebral de madres lactantes y madres que no lo son y concluye que las madres lactantes se vinculan emocionalmente con sus hijos más fácilmente y que sus cerebros responden más activamente al llanto de sus bebés, activando zonas relacionadas con la empatía y los comportamientos maternales.

Como apunte personal decir que probablemente estos niveles de actividad se vayan igualando con el paso del tiempo, aunque para ello habrá que esperar a nuevos estudios. La lactancia materna implica, en general, un estilo de crianza que favorece el contacto físico…el piel con piel durante las tomas, el colecho a tiempo completo o parcial…los bebés de teta dicen las malas lenguas que están más enmadrados, sólo quieren brazos y tienen un vicio… Lo que demuestra este estudio es que la dependencia es mutua, un buen truco de mamá naturaleza para asegurarse la continuación de las especies mamíferas, sobre todo las que son muy poco autónomas cuando nacen.

¿No diste el pecho y ahora artículos así te hacen removerte en el asiento? No pasa nada. La oxitocina es la hormona del amor. Es cierto que sus mayores niveles se producen durante el parto y que estos niveles se mantienen altos durante más tiempo gracias a la lactancia materna, pero la naturaleza es sabia. La oxitocina se produce con cada beso, con cada caricia, con cada abrazo, con cada noche o siesta compartida y después, cuando son mayores, con cada llamada telefónica, con cada charla, con cada mensaje contestado en Facebook. Y es que mucho antes de que la ciencia fuera capaz de ver el funcionamiento del cerebro de una madre demostrando amor a su bebé, la cultura popular ya lo decía: El roce hace el cariño.

La naturaleza ha puesto a nuestra disposición las mejores armas químicas para que nuestra maternidad sea preciosa y provechosa y sobre todo eficaz en «términos naturales», o lo que es lo mismo, fácil. Lo mejor es aprovecharlas. Pero si no se ha podido, siempre se pueden facilitar las cosas, como dicen la canción y Carlos González, ya te lo dice tu niño: Bésame mucho. Cuantos más mimos, mejor.

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