Hablemos de destetar

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La Organización Mundial de la Salud recomienda dar el pecho en exclusiva hasta los seis meses, seguir con el pecho complementando con otros alimentos hasta los dos años y después continuar con el pecho todo el tiempo que el bebé y la mamá quieran. Y esto, que parece muy sencillo, a veces lo es y a veces no.

Destetar o no destetar, he ahí la cuestión. Porque hay veces que mamá y bebé quieren cosas distintas.

Se habla mucho de la lactancia, de lo maravillosa que es, de los beneficios que aporta. Hace unos años – no tanto, un par – decir que la lactancia es sexy, es parte del ciclo sexual de la mujer hacía recaer sobre ti la ira de los dioses. Lo sé, lo he vivido. Afortunadamente cada vez son más las mujeres que reivindican su derecho a dar el pecho todo el tiempo que les de la gana. Pero ocurre entonces, que, en determinados círculos el destete voluntario se convierte en tabú. Dar la teta no es una cuestión de a ver cuánto aguanto, la teta se da porque se quiere, porque es placentera, bella, te hace sentir guapa y te reconforta y empodera. Pasados los dos años que recomienda la OMS y que, obviamente van en beneficio tanto de la madre como del bebé, y generalmente después de haber superado mil obstáculos, la decisión de seguir o no dando el pecho puede acabar recayendo en ti. Mal rollo.

He vivido dos lactancias, largas, larguísimas y prácticamente ininterrumpidas. Y dos detestes. En ambos casos fui yo la que decidió no continuar. Mi hija mayor, Ana, tuvo que dejar su tetita cuando llevaba unos meses embarazada de su hermana, no es muy buen inicio para la relación fraternal, pero el dolor hacía que temiera a cada momento que me pidiera teta. Fue fácil, Ana es sensible y razonable y desde siempre lo ha entendido todo. Le expliqué cuánto dolía y dejó de mamar. Sin traumas, creo, o al menos con el trauma justo.

Con Lara fue más difícil. Primero porque yo no tenía excusa. Sencillamente ya no me gustaba. Cuatro años de lactancia pueden ser pocos o muchos, según se mire, pero yo sentía que necesitaba aire, espacio, recuperar mi cuerpo. Y segundo porque ella no se dejaba.

Las madres, que nos sentimos culpables hasta del mal tiempo, sobre todo si el mal tiempo coincide con esa excursión tan chula que tanto estaba esperando alguno de nuestros hijos, también conseguimos sentirnos culpables cuando decidimos destetar por voluntad propia, aún después de cuatro años y una relactación costosa, como fue el caso de Lara. Y sin embargo yo creo que el cuerpo es sabio, también en momentos así, en los que aparentemente la necesidad del niño de seguir tomando teta choca con tu necesidad de volver a estar sola.

Miro al resto de mamíferos, en concreto a los perros, que son muy buen ejemplo para casi todo. Las perras destetan a los cachorros a dentelladas. Ellos insisten, algunos de forma muy recalcitrante. Y las perras se van, los apartan y los mordisquean. ¿Tal vez están tratando de enseñarles algo?

Tengo la intuición de que cuando una mujer siente que es tiempo de destetar de alguna forma sigue sincronizada con su hijo, porque dar el pecho tiene la virtud de facilitar esa conexión. Y tengo la intuición de que cuando una mujer siente que es tiempo de destetar es porque de alguna forma su hijo necesita destetarse, pero es pequeño y no puede solo. Quizás el único truco para destetar fácil cuando tu hijo no parece tener ninguna intención de soltarte sea simplemente pensar eso. Si necesitas destetar es posible que tu hijo también lo necesite. Sin traumas, o al menos con el trauma justo.

Foto | Mothering Touch

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