El Papa Francisco ¿un talibán de la teta?

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Estos días no dejan de traerme buenas noticias, que ya era hora.

Vivimos en un mundo en el que, no nos engañemos, lo “normal” es dar el biberón. Dar el pecho y sobre todo hacerlo en público parece en muchas ocasiones más que un acto natural la reivindicación de cuatro locas radicales que, abducidas por nuestras hormonas, hemos venido al mundo para cargarnos todos los avances del feminismo, malas pécoras postmachistas. Las fundamentalistas de la teta afortunadamente cada día somos más, y es que yo, más que una revolucionaria me considero una privilegiada: yo di el pecho porque pude y pude hacerlo mucho tiempo, tuve suerte y sé que no todas las mujeres están en las mismas condiciones que yo.

No soy yo católica ni nada que se le parezca así que puedo alegrarme sin culpa por la noticia que inunda estos días las redes sociales: el Papa Francisco es lactivista, un talibán de la teta, dicen por ahí. Y es que ser lactivista debe ser casi una profesión. Ahora me vendrán con los neomachismos y la esclavitud del pecho, como si ser esclava de una marca de leche de bote no fuera bastante peor.

Leo la noticia y me alegro, porque no, el Papa no es un lactivista, ni un talibán de la teta; el Papa, que durante un bautizo en la Capilla Sixtina dijo a las madres que si los niños tenían hambre les dieran teta sin problema, sólo es un señor con dos dedos de frente.

Dar el pecho es natural, no es obsceno ni debería molestar a nadie y da igual que se haga en el banco de un parque, en una iglesia o en el banco aquel que te dio la hipoteca. A pesar de lo poco frecuente, dar el pecho es lo normal, lo que la naturaleza ha previsto para las crías humanas. Y en los tiempos que corren en los que en un país como EEUU 12000 mujeres son arrestadas cada año por dar la teta en público o en los que en un país como el nuestro todos los años nos tenemos que encontrar con alguna noticia como ésta, que todo un Papa de Roma vea la lactancia materna como algo normal que puede hacerse en medio del Vaticano es una buena noticia.

Y es que las talibanas de la teta en general sólo somos eso, mujeres con dos dedos de frente que, eso sí a diferencia del Papa, un día consiguieron amamantar.

Foto | periodistadigital

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