Dar teta es dar confianza

besodemama

Cosas de la vida. El otro día hablabamos de cómo la lactancia materna es fundamental a la hora de criar niños equilibrados y por tanto más pacíficos y menos violentos y un rato después vía twitter me llega un artículo del 20minutos en el que se asegura que un nuevo estudio científico demuestra que la lactancia materna está asociada a niveles menores de hostilidad en la edad adulta.

Hostilidad, desconfianza, paranoia y suspicacia. Cuatro adjetivos que definen a personas poco cercanas, que, sin presentar ninguna patología mental, sin embargo padecen dificultades a la hora de establecer relaciones con otras personas, no se vinculan, no se fían. Gente a la que les va bien el refrán “se cree el ladrón…” porque al ser hostiles generan hostilidad y al ser desconfiados generan desconfianza, corroborando así sus hipótesis de que todo el mundo es malo. La pescadilla que se muerde la cola.

Un estudio que acaba de publicarse en The Journal of Psychotherapy and Psychosomatics asegura que la lactancia materna juega un papel fundamental en la formación del carácter. La hostilidad, la desconfianza, que se midieron en 1917 niños no prematuros a lo largo de 15 años, es mayor en aquellos que han tomado menos teta y cuanto más teta menos hostiles fueron de adultos.

El truco. La lactancia materna está relacionada con una hostilidad menor en madres. Dar la teta modifica nuestras respuestas cerebrales ante las necesidades de los hijos, volviéndonos madres más responsivas y por tanto menos agresivas (entendiendo la agresividad no sólo como tal, sino también como un comportamiento en el que las necesidades del niño – físicas y emocionales – no se cubren de forma completa). Y obviamente la hostilidad se aprende. De madres hostiles hijos hostiles.

¿La base biológica? Pues el estudio, al que todavía le queda mucho camino por recorrer, no la conoce. Pero ya es bien sabido que la lactancia materna aumenta los niveles de oxitocina tanto en la madre como en el bebé, además de reducir los niveles de estrés en forma de moléculas como el cortisol, un compuesto que entre otras cosas es neurotóxico y que modifica anatómicamente las estructuras del cerebro. Y todo el mundo sabe también que la oxitocina es la hormona de los vínculos. A más teta más oxitocina y por tanto menos hostilidad. La lactancia facilita el vínculo. La novedad es que el mecanismo se mantiene a largo plazo, se retroalimenta y puede ser visible hasta 15 años después.

En una sociedad en la que dar el pecho ya no es la norma, parece por tanto normal que los adultos seamos hostiles y desconfiados. Pero es obvio que esto puede ser muy frecuente, pero no es lo natural. En la naturaleza del hombre no está ser tan desconfiado como lo somos en la actualidad. Y este proceso, que no augura nada bueno para la especie – no hace falta más que echarle un ojo a los telediarios – puede revertirse con un simple gesto.

Dar teta es dar confianza. Confianza en la especie y seguramente también en uno mismo.

Foto | Christyscherrer

0
1

1 Comentario

  1. H* 15 febrero 2012

    otro gran motivo para amamantar a mi bebé

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*