Agua y Lactancia Materna

niños recogiendo agua

Ayer, 22 de marzo, fue el Día Mundial del Agua.

Según la ONU unos 800 millones de personas carecen de agua potable en el mundo. En países en vías de desarrollo el 50% de la población no tiene acceso a agua potable en su vida diaria. Y 4000 niños menores de cinco años mueren diariamente a causa de este problema, más o menos un millón y medio de niños cada año. Y lo peor de todo es que no es un problema de falta de materia prima, o sea, agua hay, para dar y tomar, lo que no hay son infraestructuras adecuadas que permitan distribuirla a todo el mundo.

Uno oye hablar de África y se le vienen a la mente todos esos niños desnutridos. La falta de agua potable es una causa directa de esa desnutrición. El agua contaminada produce diarreas, cólera, fiebres tifoideas, es vehículo para la transmisión de enfermedades víricas como la hepatitis A y E o la poliomielitis. Sin agua no hay dignidad, no hay escape a la pobreza.

La falta de agua es tremendamente terrible para los bebés lactantes. Sin agua no hay higiene y sin higiene los biberones se convierten en bombas bacteriológicas. Es por este motivo, entre otros, que OMS-UNICEF promociona una y otra vez campañas de apoyo a la lactancia materna en países en desarrollo. En muchas ocasiones la diferencia entre dar teta o dar biberón puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. El problema del agua es clave, pero también lo es la falta de sustancias presentes en la leche materna que activan el sistema inmune y ayudan a madurar el sistema digestivo de los bebés, por ejemplo.

En el primer mundo nos imaginamos libres de esto, vivimos felices con nuestros esterilizadores y nuestros microondas. Y entonces uno se acuerda de repente de un país como Japón.

Cuando sucede una catástrofe son muchas las organizaciones y los gobiernos que, con más o menos buena intención, aportan ayuda humanitaria. Hace unos años, tras la guerra de los Balcanes, la Organización Mundial de la Salud decidió prohibir la entrada de leche de bote por parte de ONGs o gobiernos sin supervisión en zonas declaradas catastróficas. La leche de bote que llega a estos países afectados por guerras o desastres naturales, ha de ser en todo momento controlada por la OMS y la consigna general es aplicar los criterios sobre alimentación que marca este organismo para todos los niños del mundo con mucha mayor rigidez. Según la OMS los lactantes menores de seis meses en condiciones normales en países desarrolados deberían ser alimentados

1. Con leche de su madre directamente al pecho
2. Con leche de su madre extraída
3. Con leche humana, de otra madre directamente al pecho o extraída
4. Con sucedáneos de leche materna

En una situación de catástrofe la Organización Mundial de la Salud incide categóricamente en la necesidad de relactar a tantos bebés previamente destetados como sea posible. Y si no es posible en algún caso, la administración de biberones ha de ser controlada estrechamente por personal sanitario.

Comprender que la Organización Mundial de la Salud relega la leche de bote a un cuarto puesto puede parecernos espantoso, pero, esto es lo que hay. Las catástrofes, los hechos extremos, sólo sirven para una cosa: aprender. Y una vez que aprendes algo no puedes evitar extrapolar.

Foto | Julien_Harneis

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1 Comentario

  1. Caro 24 marzo 2011

    Copio y pego directamente del muro de Amor Maternal, lo que he contestado con relación a la noticia de los niveles de radiactividad en el agua de Tokio:
    cuando en algún foro me atreví a decir que defendemos la lactancia artificial muy ufanamente en los países del primer mundo, alegando arrogantemente que tenemos dinero para pagar los polvos y agua en condiciones, la gente se me tiró a la yugular… tristemente, ha llegado el caso de Japón a darme la razón: somos mortalmente arrogantes.

    Cuando le dices a muchos padres y madres españoles que en una situación de catástrofe, esto también les podría pasar a ellos, te contestan con una pedorreta. “¡Qué posibilidades hay de que eso pase aquí?!?!?! Cuantos japoneses se preguntarían eso mismo antes de este infierno…

    En el primer mundo, la gente todavía no se ha dado cuenta de que el dinero no es comestible. Y a veces, sencillamente, todo el dinero del mundo no sirve.

    Y no se te ocurra mencionar las penosas condiciones de toda esa población mundial de la que tu hablas (que nos supera por amplia mayoría), porque entonces te acusan de demagogia. Que nunca nos pase ná.

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