¿La lactancia materna se asocia con un menor número de trastornos de conducta en la infancia?

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Muchas veces desde aquí incido en que la lactancia materna simplemente es. La utilización correcta del lenguaje es siempre un arma muy poderosa y precisamente por eso puede convertirse en una espada de doble filo.

La lactancia materna es, ni mejor, ni peor, simplemente es. En el trascurso de los últimos 30 o 40 años, con la incorporación masiva de los sucedáneos de leche materna al menú de alimentación infantil no sólo es la lactancia materna la que se ha perdido. Durante este proceso el gran triunfo de la industria alimentaria no ha sido ir reduciendo a las madres lactantes del primer mundo a la mínima expresión. Su gran victoria ha sido mucho más sutil. Y también mucho más preocupante.

La realidad es que los sucedáneos de leche materna de hoy en día no tienen nada que ver con los que desgraciadamente tuvimos que tragarnos algunos de nosotros, los padres de ahora, que nacimos justo durante el Baby Boom de los 70, en plena transición no sólo democrática. No, la verdad es que los de ahora son mejores, bastante más. La industria alimentaria gasta mucho dinero al año investigando sobre leche materna, ya que ésta es la única vía para poder mejorar sus productos. Las ironías me encantan, pero me gustarían mucho más si fuéramos capaces de utilizarlas en nuestro beneficio mucho más inteligentemente.

Para alguien que conoce el mundillo de la ciencia la cosa está bastante clara. En países como España – y en la mayoría de los países que hacen ciencia – la investigación pública es escasa. Así pues los avances se consiguen gracias a la inversión de la industria, que, obviamente no investiga por amor al arte. Y aquí es donde está la trampa.

Me llega hoy un artículo de Evidencias en Pediatría titulado “La lactancia materna se asocia con un menor número de trastornos de conducta en la infancia” y por supuesto me alegro. Cualquier cosa que nos sirva para reivindicar la lactancia materna a mí me viene bien. Me reafirma en mis decisiones y me es útil a la hora de aboradar las dudas de alguna que otra madre primeriza. Pero también me enfada.

El artículo de Evidencias en Pediatría es como siempre una revisión sobre un estudio publicado por otro equipo científico. Evidencias en Pediatría es por tanto una buena referencia a la hora de encontrar bibliografía seria: un equipo científico desarrolla una investigación que puede ser buena o no. Evidencias en Pediatría confirma la validez de los resultados de forma objetiva, detallando si existen conflictos por incompatibilidades (cosa que aunque no os lo creáis es bastante frecuente) y comprobando la consistencia de los datos obtenidos.

Así pues, gracias a esta revisión ya podemos decir que la lactancia materna se asocia con un menor número de trastornos de conducta en la infancia. En concreto en la infancia temprana – hasta los cinco años de edad. Eliminando en todo lo posible sesgos como la mejor vinculación madre-hijo que se produce en los tándems de lactancia, la leche materna favorece el “buen” comportamiento de nuestros hijos. Además lo hace en la escala SDQ, que está relacionada con la autopercepción del individuo en el entorno escolar, referido a los problemas de aprendizaje. Es decir, los niños que toman teta se portan mejor, según sus padres y además tienen un mejor concepto de sí mismos en relación a los estudios. Como no soy experta intentaré no mojarme, pero sí me gustaría que algún profesional nos contase si esto tiene o no algo que ver con la autoestima – yo casi me atrevo a decir que bastante – además de con otras cosas “abstractas” a la par que importantes como la motivación.

Lo malo es que esto no es correcto. Y no es correcto porque la industria alimentaria infantil ha conseguido que lo normal sea el biberón, no sólo en la calle, sino en nuestra forma de pensar y ver la vida.

La lactancia materna simplemente es.

La realidad es que el estudio, que está realizado en el Finnish Institute of Occupational Health, que además tiene pinta de ser público, está mal planteado. Porque la lactancia materna simplemente es. Y debería decir, textualmente que “Los sucedáneos de leche materna se asocian a un mayor número de trastornos de conducta en la infancia” y probablemente a “un mayor número de problemas de aprendizaje” y a “una peor autopercepción del niño de cinco años, que conlleva a situaciones de falta de motivación, entre otras”.

El ser humano, aunque no lo parezca, tiende a ser optimista, lo que en muchas ocasiones no es más que un mecanismo de negación de la evidencia que sirve para protegernos de nosotros mismos. La mente engaña, mucho y cuando nos encontramos solos ante el peligro de tener que tomar una decisión en muchos casos inconscientemente nos confiamos a la suerte.

Utilizar el lenguaje de forma correcta en cuestiones como la lactancia materna haría mucho más difícil digerir el autoengaño. Nadie quiere que su hijo corra más riesgo de tener problemas en el cole inmediatamente después del parto o durante el embarazo. Momento en el que, además las hormonas te impulsan a tomar decisiones correctas porque mueven poderosos instintos.

Y ése es el gran triunfo de la industria de alimentación infantil. Porque abandonar un estado de autoengaño es un proceso bastante doloroso. Y no todo el mundo está dispuesto a enfrentarlo. Ni siquiera sesudos científicos de organismos públicos que caen trágicamente en la trampa del uso torticero del lenguaje.

Feliz lactancia.

Foto | Muskva

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