Sobre el aumento de casos de sarampión

sarampion

La vacuna del sarampión era noticia ayer en todos los medios. La incidencia de la enfermedad se ha disparado en España y en otros países del entorno, causando lo que hace unos años era impensable. El sarampión es una enfermedad que suele ser benigna, pero de entre todas las enfermedades típicamente infantiles es una de las más peligrosas, ya que puede complicarse con otitis, neumonías, encefalitis e incluso la muerte.

El tema de la vacuna del sarampión ya lo hemos tratado más veces en este blog. A pesar de ser una firme defensora de la libertad de los padres para criar a sus hijos como mejor puedan (dentro de un orden, que no incluye por supuesto el maltrato) considero que es necesario vacunar a los niños del sarampión por una cuestión de salud pública. No sólo por el resto de niños, que ya sería suficiente razón, sino también porque somos muchos los adultos que ni hemos pasado la enfermedad cuando éramos pequeños ni tampoco llegamos a tiempo de la triple vírica. Y el sarampión en adultos se puede complicar, mucho. Y las vacunas no son 100% efectivas.

Sin embargo no estoy de acuerdo en culpar a los grupos antivacunass del aumento de casos de la enfermedad. Seamos serios, por mucho que se quiera, los grupos antivacuna en España son escasisímos, muy lejos de representar ese 20% de la población que marca el límite del riesgo epidemiológico. La realidad es que la mayor parte de los niños que no están vacunados sí han recibido la primera dósis, pero no recibieron la segunda no por una elección paterna consciente, sino por negligencia, dejadez o falta de recursos sociales.

La cruda verdad es que en toda Europa aumentan las bolsas de marginación. Que cada vez hay más inmigrantes y autóctonos viviendo por debajo de los umbrales de pobreza. Que muchos niños conviven hacinados con adultos en pisos patera y que esto no tiene pinta de mejorar.

Todo el mundo puede tener su opinión sobre la decisión de unos padres de no vacunar a sus hijos, pero es cierto que contra esto existen medidas legales que se aplican cuando el asunto pasa a ser una cuestión de salud pública, como se pudo comprobar no hace mucho en aquel colegio de Andalucía en el que existía un porcentaje significativo de grupos antivacuna. Sin embargo el problema principal no es ese. El problema, como siempre, es la marginación. Los niños que pertenecen a clases sociales más desfavorecidas se ven perjudicados también cuando se trata de los calendarios vacunales. Y sus padres, que pueden ser culpables de negligencia, no son culpables de su marginalidad, más bien son víctimas.

Si toda la población marginal estuviera convenientemente vacunada la existencia de un 1 o un 5% de padres que deciden no vacunar a sus hijos por los motivos que sean sería anecdótica e indudablemente al declararse una epidemía los más perjudicados serían ellos. Así pues, en lugar de dedicar nuestro tiempo a atacarnos unos a otros, como pude comprobar ayer que se hacía en alguna red social, dediquémonos a protestar contra lo que de verdad importa, que es que cada vez hay más pobres. Aquí y en Francia.

Y si en Inglaterra existe un grupo significativo de grupos antivacunas capaces de producir un problema de salud pública, intentemos aquí que mediante la concienciación esto no llegue a suceder. Pero no perdamos el foco o como decía mi abuelo, no mezclemos churras con merinas. En España el problema es otro.

Foto | Mauricio Macri

0
5

5 Comentarios

  1. Madres Cabreadas 7 junio 2011

    Tienes razón, pero los anti acunas son muy peligrosos y se van extendiendo cada vez más. Debemos dejar claro que es una irresponsabilidad poner en juego, incluso la vida de tus hijos, por una decisión de ese tipo. La cosa es muy grave.

  2. maría berrozpe 7 junio 2011

    Muy buen enfoque, Irene, y tienes toda la razón. También espero que los países donde los antivacunas son más numerosos sirvan de ejemplo a los españoles y les hagan recapacitar para que no llegue la sangre al río. Lo importante es que la información sobre las vacunaciones, sus efectos y los efectos de su falta lleguen a todo el mundo con claridad. Yo creo que con eso debería ser suficiente para mantener el porcentaje necesario de gente de “clase media y alta” vacunada. El problema de la población marginal es otro y tiene otras soluciones. Yo no lo había visto así pero me has abierto los ojos.

  3. madres estresadas sin fronteras 7 junio 2011

    el día que le tocaba a mi hijo la vacuna del sarampión, amaneció con fiebre. Pasamos 3 semanas de visita cada 2 dias al médico, y a urgencias los fines de semana para comprobar que efectivamente era sarampión,y para que los estudiantes de medicina vieran el proceso,que hace 15 años no eran frecuentes. solo con antitérmicos, noches sin dormir, dolores de oidos, toses, llantos, cansancios…Cuando la doctora, por fin, pudo comprobar que era sarampión yo estaba hasta pensando en buscar otro médico porque estaba desesperada. Después me aconsejó vacunarlo porque la vacuna no tiene muchos problemas y previene otras enfermedades.Por suerte no tiene secuelas. Sólo los que no saben lo que les puede pasar se llaman antivacunas. como cuentan que los demás están vacunados nadie les va a pasar virus.

  4. Lady Vaga 19 julio 2011

    Me ha gustado mucho tu comentario porque es una inyección (y nunca mejor dicho) de sentido común en un tema que levanta ampollas. Yo tampoco creo que los antivacunas sean la principal causa de este repunte de enfermedades casi erradicadas, sino, como tú bien apuntas, las nuevas bolsas de pobreza. Sin embargo, sí creo que de extenderse la “moda” de no vacunar, podemos tener serios problemas de salud pública.

    Un saludo y gracias por el texto.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*