Save The Children en el Congreso

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Las locas (y los locos) de la crianza respetuosa estamos de enhorabuena. La organización Save The Children, que no sólo se dedica a atender niños en África, porque aquí, a la vuelta de la esquina nuestros niños también tienen problemas, pidió ayer en el Congreso que los derechos de los niños se tengan en cuenta, más allá de la crisis. Porque los más pequeños tienen un derecho fundamental, que es pasar tiempo con sus padres, Save The Children reclamó que las necesidades de los niños sean prioritarios en las políticas de conciliación.

Bajas maternales y paternales más largas, flexibilidad de horarios, teletrabajo…”Los niños y las niñas deben ser los principales beneficiarios de las políticas de conciliación, no los padres ni las empresas, como ha ocurrido hasta ahora. Los niños necesitan estar con sus padres para crecer sanos y felices”, remarcó la responsable de incidencia política de Save the Children, Yolanda Román.

Una sociedad que no comprende que el futuro depende de la salud de los niños del presente, que sólo opera en relación a la productividad empresarial, que se fundamenta únicamente en el trabajo, es una sociedad cortoplacista y destinada al fracaso. Garantizar el bienestar de la infancia de hoy es el primer paso para conseguir una sociedad justa e igualitaria, con crisis o sin ella. Una sociedad que se autodenomine progresista, sea del pelaje que sea, debe priorizar siempre a los más débiles y los más débiles son siempre los niños, que dependen por completo de los adultos para su desarrollo y cuyo poder de decisión es casi siempre cercano a cero. Sin voz, ya es hora de que alguien levante la mano por ellos. Y lo demás son panfletos, sean del pelaje que sean. Porque los niños de hoy son los adultos de mañana y esto, que es una perogrullada, parece bastante difícil de asumir por muchos.

Apoyar la lactancia, el contacto físico y una crianza cimentada en las necesidades de los más pequeños es el único seguro de futuro a largo plazo. Y esto incluye también sus necesidades emocionales. Para saber cuales son, sólo hace falta saber una cosa: el bebé es un mamífero. Y nada más.

Foto | Megabu7

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