¿Por qué a veces hablamos tan mal a nuestros hijos?

comunicacion

¿Te has fijado en que a veces hablamos a nuestros hijos peor que a nadie? No eres tú, es también tu madre, que te habla a ti mucho peor que a su cuñado ése al que nunca ha soportado. Hablar mal a los hijos es un mal hábito adquirido producto de la confianza. Y es feo, sobre todo porque se transmite de generación en generación.

Construir una buena comunicación con los hijos es importante ya que la comunicación es la base de todas las relaciones humanas, la base de la vinculación afectiva y la base de la confianza mutua. El modo en que hablamos a nuestros hijos no sólo se convierte en la forma en que ellos se comunicarán con el resto de personas, sino que se convierte en su voz interior.

Etiquetas, juicios de valor, chantajes, amenazas…, la forma en que nos comunicamos con nuestros hijos deja mucho que desear. La base de la comunicación afectiva debe ser la empatía y, a veces, parece que nos falta. “Te vas a caer”, “te lo dije”, “si no me haces caso te quedas sin juguete”, “o te comes el filete o no hay postre”…, hay un montón de formas de comunicarnos que debemos cambiar. Sobre todo las que se producen gritando ¿Por qué hablamos a nuestros hijos peor que a nadie? Hay tres motivos básicos por los que la comunicación con nuestros hijos deja a veces bastante que desear. Seguro que te suenan.

1. Porque podemos. Ya lo dice el dicho “donde hay confianza, da asco”. Y a veces parece de verdad. Los niños dependen de nosotros y a veces se ven obligados a tolerar comportamientos que nosotros mismos no toleraríamos (ni emplearíamos) con ningún adulto. Si no le gritas a tu jefe, no grites a tus hijos. Si tu jefe te grita, mal, muy mal.

2. Porque a mí me hablaban así y no me ha pasado nada. Bueno, excepto que ahora yo también hablo así a mis hijos. La comunicación se aprende y siempre es buen momento para eliminar malos modos, como gritos o chantajes.

3. Porque estamos cansados. Los mayores conflictos con los hijos se producen cuando tenemos mucha prisa o estamos muy cansados. El estrés dificulta el comportamiento empático. Cuando estamos cansados nos volvemos impacientes y gruñones. Darnos cuenta de eso es la mejor ayuda para dejar de hacerlo.

Hablar bien con los hijos mejora la vida familiar. ¿Por qué no lo intentas?

Foto | Charo Guijarro

0
0

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*