Por el consumo responsable de antibióticos

bacteria

El descubrimiento de la penicilina ha sido sin duda uno de los grandes avances de la humanidad. Hasta aquel momento, enfermedades comunes producidas por bacterias podían ser mortales, sobre todo en niños y ancianos. Las septicemias estaban a la orden del día y una heridita de nada podía conducirte a la muerte si se infectaba. Casi seguro que muchas de vosotras habéis leído Mujercitas y aquel drama de la escarlatina. La escarlatina, como muchas otras enfermedades hoy, está perfectamente controlada porque está producida por una bacteria. Y las bacterias se mueren con los antibióticos.

Sin embargo las bacterias, que a simple vista parecen muy simplonas, son los organismos más adaptables de la tierra. Las bacterias ocupan nichos ecológicos de todo tipo, y son capaces de vivir en ambientes extremos, con temperaturas altísimas o concentraciones de sal enormes, en los que cualquier otro tipo de organismo perecería al instante. Las bacterias mutan y así se adaptan y no sólo eso. Las bacterias son capaces de intercambiar información genética entre sí, y así es como evolucionan.

Cuando el ambiente en el que una cepa bacteriana cambia y se hace hostil, como es el caso de un cultivo con antibiótico, algunas de las bacterias de la cepa mutan, se convierten en resistentes y comparten esa adaptación no sólo con sus descendientes, sino con otras bacterias del entorno. Y así es como se fastidia el invento.

Se calcula que unas 25000 personas mueren al año en Europa por resistencias a los antibióticos. El uso indiscriminado de antibióticos produce que las bacterias que habitan en nuestro organismo – y que son beneficiosas, no, imprescindibles para nuestra supervivencia – tengan que adaptarse a ese ambiente hostill, los antibióticos matan a todas las bacterias, no sólo a las patógenas. Las bacterias de nuestro organismo adaptadas son luego capaces de compartir esa ventaja con otras bacterias, en este caso dañinas. Y la hemos liado.

La mayor parte de las enfermedades infantiles están producidas por virus. Los virus no son bacterias y por tanto no se atacan con antibióticos. No hay antibiótico para la gripe, ni para los catarros, ni para una gran parte de las amigdalitis y otitis que sufren nuestros pequeños. Contra los virus no hay nada. Afortunadamente las infecciones virales suelen ser autolimitantes, es decir, se curan solas y lo único que podemos hacer es medicar para aliviar los síntomas que producen y llevar una vida sana para intentar prevenirlas.

Así pues, si tu médico no te receta antibióticos a la primera de cambio es porque es un buen profesional. Al contrario de lo que piensa mucha gente, cada vez que al enano le diagnostican un virus es porque lo más seguro es que lo sea. Agua, antitérmicos y mimitos es lo único que podemos hacer. Medicar con antibióticos no sólo puede hacer que las bacterias simbiontes de tu hijo mueran y ese nicho ecológico sea ocupado por otro tipo de bacterias dañinas o incluso hongos, sino que además puede acabar a la larga con el gran avance que supuso el descubrimiento de la penicilina, para tu hijo y para los hijos de todos los demás.

Y nadie quiere volver a morirse de un arañazo.

Es preferible aguantar un catarro.

Foto | Toby Ciranjiva

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