¿Hay que obligar a los niños a comer?

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La alimentación es una de las preocupaciones estrella de las madres primerizas. Tal vez debido a la desconfianza que tenemos en nuestros propios cuerpos, las madres novatas nos preocupamos terriblemente por el tema de la comida, una preocupación que, de verdad, se diluye mucho si la lactancia te va bien. Pero, lactancias exitosas a parte, la realidad es que la mayoría de nosotras no lo pasamos bien a la hora de comer con los enanos, la literatura e incluso los anuncios lo demuestran: lo que más nos preocupa a las madres es que nuestros niños se queden desnutridos.

Los niños malos comedores son una fuente inagotable de inspiración. Y sin embargo, la realidad es que no son tantos.

Manejar unas buenas expectativas a la hora de alimentar a nuestros hijos es clave y para ello, hemos de tener claros varios conceptos. Lo primero, un poco de perogrullo, es que los niños no comen como los adultos. La realidad es que los peques demuestran a la larga bastante más inteligencia alimentaria que los mayores, que estamos ya muy contaminados por la cultura que nos rodea. Si estás atento y lo piensas te darás cuenta: los niños, cuando tienen acceso a comida saludable (y no hay barra libre de chucherías) comen mucho mejor que nosotros, no usan la comida como moneda de cambio, a menos que nosotros les enseñemos a hacerlo y, si el adulto no monta dramas, el niño tampoco lo hará.

Los niños comen menos, en cantidad y en variedad. Dejar que un niño siga su propio ritmo de incorporación de alimentos nuevos le permite salvaguardar complejos mecanismos de defensa que han tardado millones de años en evolucionar en la naturaleza. Si no le gustan las espinacas, tal vez su cuerpo le está diciendo que, por ahora, tienen demasiados nitratos para sus riñones. Sólo su cuerpo lo sabe. No insistas. No pasa nada por no comer espinacas con un año y medio. Por supuesto si tu hijo se deja comida en el plato casi seguro que es porque le estás poniendo demasiado.

La relación con la comida se va construyendo desde la infancia. La comida, además de satisfacer una necesidad vital, forma parte de la construcción social de las personas. De cómo comas cuando eres pequeño depende en gran medida tu relación con la comida de adulto y por eso los padres tenemos que tener en cuenta que a la hora de comer, como en todo, lo más importante es el respeto. Cada cuerpo es un mundo y tu hijo comerá lo que necesite de forma instintiva si le dejas. Los niños se autorregulan, mejor cuanto más pequeños son y por tanto mantener la confianza en ellos es fundamental a la hora de enseñarles buenos hábitos alimentarios. Y sobre todo recordar que nunca, jamás, se debe obligar a un niño a comer.

La mayoría de los niños en los países desarrollados tienen un problema mucho peor que el de la desnutrición: la obesidad. Si crees que tu hijo no come consulta primero con un especialista. El médico sabrá si lo que tenéis es un problema de falta de apetito o de falsas expectativas. Recuerda que la homeopatía puede ayudarte si tu hijo tiene un trastorno alimentario, pero ten en cuenta que esto ha de diagnosticarlo un especialista.

 

Foto | donnierayjones

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