Niños optimistas, adultos felices

optimismo

Ser optimista es una de las mejores garantías de salud y felicidad, pero no todas las personas son optimistas, al menos en principio.

¿Sabías que el optimismo se aprende? La mayoría de las personas pensamos que el optimismo es algo innato, que las personas nacemos optimistas o pesimistas y que esto permanece así a lo largo de toda nuestra vida y no se puede cambiar, como si fuera genético. Pero esto no es así.

Todos conocemos a alguien que cambió su forma de ver la vida tras un accidente o una enfermedad grave, alguien que pasó de ser una persona corriente o incluso un cascarrabias a mirar la vida con ilusión, aprovechando cada momento y regalando alegría y positividad al resto. Y es que el optimismo no tiene nada que ver con los genes, sino que puede adquirirse a lo largo de la vida, es una habilidad que puede entrenarse con “ejercicios” conscientes y sobre todo, es una característica que se aprende, principalmente en la infancia.

Para ser optimista lo mejor es vivir en un entorno optimista. Ser positivo influirá de manera duradera en la forma en que tus hijos verán la vida. No sólo porque los niños lo aprendan todo con el ejemplo, sino porque las emociones positivas actúan en forma de círculos virtuosos, la positividad siempre suma, crece y funciona bien de colchón en tiempos malos.

Además fomentar los intereses naturales de los niños, que son curiosos por naturaleza y potenciar su sensación de capacidad, mejora su autoestima y los hace más positivos. Evitar el pensamiento catastrofista – verlo todo muy negro – y ayudarlos a ser conscientes de sus múltiples cualidades son también buenos consejos si queremos que nuestros hijos encaren la vida con sensación de que pueden con ella. Desdramatizar y ayudarles ( oaprender nosotros mismos) a relativizar es también clave para ir con una sonrisa por la vida.

Un buen truco, no sólo para practicar con niños sino también con uno mismo, es reservar una parte del día para expresar los momentos agradables que hemos vivido, las cosas buenas que nos han pasado y las emociones positivas que hemos sentido a lo largo de la jornada. Hacerse consciente de que, a veces, pasamos por alto cosas estupendas y sólo nos fijamos en las cosas malas es el primer paso para convertirse o crecer como una persona positiva y optimista. Que ha hecho sol, que alguien nos ha sonreído, que comimos nuestra comida favorita o que tuvimos una charla divertida con un amigo son situaciones agradables que muchas veces damos por sentadas y a las que no prestamos atención. Poner el foco en las cosas buenas ayuda a desplazar las cosas malas, que claro, son inevitables, pero que en muchas ocasiones no son para tanto.

 

Por otra parte recordarte que la homeopatía te ayuda en los momentos difíciles en los que el estrés o la ansiedad no te dejan ser feliz. Te aconsejamos que averigües más sobre qué es la homeopatía y así poder enterarte de las aplicaciones que tienen en este sentido. No obstante, siempre debes tener en cuenta que es posible aprender a ser optimista. Y cuanto antes empieces, más fácil será.

 

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