¿Mi hijo está enmadrado?

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La “mamitis”, esa terrible “enfermedad” que padecen en algún momento de su vida absolutamente todos los niños de la Tierra. No debe haber madre en este mundo que no haya oído alguna vez que su hijo está enmadrado y hasta es posible que, de tanto oírlo, haya acabado por pensar si no será de verdad algún tipo de problema el hecho de que su hijo quiera estar pegado a ella todo el tiempo que la vida moderna se lo permite, que, siendo sinceros, es más que probable que no sea tanto como en otras épocas.

“Mi hijo está enmadrado. ¿Es normal?”, nos preguntamos todas la tercera vez que el peque no quiere quedarse a dormir con los abuelos.

El ser humano es un mamífero y hasta el mamífero más antipático establece vínculos con su madre por definición, en esto se basa su supervivencia. Los salmones desovan en los ríos y los pequeños salmoncitos nacen solos y solos se las apañan, las aves, como los gansos de Lorentz salen del huevo y se van detrás del primer objeto en movimiento que vean, estableciendo con él una relación de la que depende su vida y los mamíferos se enganchan  a las mamas de sus madres y algunos se pueden quedar cerca durante toda su vida. Así es como funciona, y funciona así porque la selección natural ha favorecido estos comportamientos.

Pero es que además el ser humano es un primate altricial secundario – que tiene bebés muy dependientes que necesitan a su madre durante mucho tiempo – y, según algunos etólogos como Franz de Waal la cosa no se queda ahí, sino que el ser humano se caracteriza por ser “ultrasocial”: los seres humanos necesitan a los otros para sobrevivir y la base sobre la que se construyen todos los vínculos de apego es la madre.

Vivimos en un mundo en el que se premia la individualidad y una independencia mal entendida. “Solo no puedes, con amigos sí”. En nuestra cultura la socialización es un proceso de separación de nuestra madre, a la que estamos ligados incluso desde antes del nacimiento porque los seres humanos tenemos la capacidad de vincularnos afectivamente incluso con los hijos aún no nacidos. Así construimos nuestro mundo, pero en la naturaleza esta no es la realidad y este comportamiento no es el que nos ha traído hasta aquí.

En casi todas las especies de primates los hijos pueden permanecer cerca de sus madres siempre, en el caso de los chimpancés las hembras quedan en el grupo materno de por vida, mientras que en el caso de los bonobos son los machos los que se quedan para siempre cerca de mamá. No hay nada que nos haga pensar que los seres humanos tenemos necesidades muy distintas a las de nuestros primos más cercanos. Así pues, la próxima vez que alguien te diga que tu hijo está enmadrado puedes responderle que sí, y que es normal, que lo raro sería que estuviera enganchado a las faldas de la vecina del quinto.

Foto |  Lance Shields

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