Más sobre la vacuna del sarampión

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Ando suscrita a unas cuantas alertas sobre salud infantil. Ayer, después de publicar el post sobre el fraude del estudio que vinculaba la vacuna del sarampión con el autismo, me llegó una información que detalla algo más la historia. Aunque los viernes solemos poner historias de parto, la actualidad manda. Las noticias sobre vacunas causan bastante alarma entre los padres, como es normal y la historia del sarampión y el autismo ha sido la estrella durante más de una década. Así pues, os dejo la noticia completa para que seáis vosotros mismos los que juzguéis.

Como decía Caro ayer en los comentarios del blog, es muy duro no saber a quién creer. Sin embargo y aunque el escepticismo es en mi opinión una virtud, cuando uno se encuentra con estas noticias más que alarmarse hay que intentar no perder la perspectiva. El estudio publicado por Wakefield relacionaba la vacuna del sarampión con un diagnóstico de autismo en 12 niños. Según la OMS el sarampión causó cerca de 200.000 muertes durante el año 2008, a pesar de que las campañas de vacunación masiva hayan conseguido reducir las muertes producidas por esta enfermedad en un 80% desde el año 2000. El sarampion es una enfermedad grave que no tiene tratamiento (sí, otro virus) y entre sus complicaciones destacan la neumonía y la encefalitis, ambas bastante feas.

Las campañas de vacunación masiva han conseguido que en Occidente el sarampión se perciba como una enfermedad poco frecuente y de poca importancia. Pero esto no es así. Esto es lo que dice OMS-UNICEF sobre el sarampión y su vacuna.

Y aquí la noticia. El culebrón continúa.

Un informe alega que el dinero fue lo que motivó a un médico a infundir miedo en torno a las vacunas y el autismo
Según la investigación, el desacreditado médico tenía varios planes para sacar beneficio a las repercusiones del estudio

MARTES, 11 de enero (HealthDay News/HolaDoctor) — Según los investigadores, el médico en desgracia que publicó un estudio hace más de 10 años que decía que la vacuna común de la niñez, la vacunación contra el sarampión, la papera y la rubéola, causaba autismo pudo haber actuado más por dinero que por convicción.

De acuerdo con la segunda investigación de una serie de tres partes en la revista médica BMJ, El Dr. Andrew Wakefield fue contratado por un abogado para intentar obtener dinero de los fabricantes de vacunas cuando su investigación apenas comenzaba. También habría solicitado una patente para una vacuna alternativa, crear una empresa para beneficiarse de esa vacuna, así como equipos de diagnóstico y otros productos, y trabajó con la Royal Free Medical School de Londres para poner en marcha estos proyectos empresariales.

“Es horrible que hayan instituciones implicadas y que [haya sido] una acción planificada”, señaló Keith A. Young, vicepresidente de investigación en el departamento de psiquiatría y ciencias conductuales del Colegio de medicina del Centro de Ciencias de la Salud Texas A&M y líder principal de neuroimagen y genética del Centro para la Excelencia en la Investigación sobre Veteranos de Guerra que Regresan de Temple. “Parece que el objetivo era ganar dinero”.

La primera parte de la investigación, que se publicó la semana pasada en la revista, acusa a Wakefield de formular su hipótesis incluso antes de comenzar a recopilar datos, luego de manipular esos datos para ajustarlos a su teoría y de afirmar que los niños que participaron en el estudio tenían la forma regresiva de autismo cuando, de hecho, en la mayoría de los casos no fue así.

Esta presunta investigación fraudulenta se publicó en la prestigiosa investigación médica The Lancet en 1998. Los hallazgos generaron una enorme respuesta, sobre todo entre los padres afectados, muchos de los cuales se negaron a vacunar posteriormente a sus hijos.

En febrero de 2010, The Lancet publicó una retractación formal de la investigación de Wakefield, algo “inusual”, según el Dr. Paul Offit, director de enfermedades infecciosas y del Centro de Educación para las Vacunas del Hospital Infantil de Filadelfia.

“Nunca se hacen retractaciones para muchas de las malas investigaciones que se publican”, apuntó Offit. También destacó que, “como regla general, un estudio debe tener más participantes que autores, pero esta investigación de [1998] contó con 12 participantes y 13 autores”.

En mayo pasado, el General Medical Council de Gran Bretaña prohibió la práctica de Wakefield en Reino Unido.

“El temor en torno a la vacuna contra el sarampión, la papera y la rubéola (MMR) no se basó en una mala investigación científica, sino en un fraude deliberado”, señala la Dra. Fiona Godlee, redactora jefe de BMJ, en una declaración preparada. “Una evidencia tan clara de falsificación de datos debería cerrar la puerta de una vez por toda a este temor perjudicial en torno a esta vacuna”.

Sin embargo, es posible que sea más fácil hablar que hacerlo, ya que parece que la percepción del público sobre esta cuestión se ha alterado de manera permanente.

“En la mente de la gente se ha fijado que existe una relación potencial entre las vacunas y el autismo, a pesar de que no hay signos reales que lo apoyen”, apuntó el Dr. Max Wiznitzer, neurólogo infantil del Hospital Rainbow Babies & Children’s, del Centro Médico Case del Hospital Universitario de Cleveland. “Esta investigación y el trabajo de [Wakefield] han contribuido al desarrollo de la desconfianza a las vacunas. Como consecuencia, [hemos tenido] enfermedades, infecciones y muertes innecesarias”.

También se han desviado fondos de investigación “para refutar lo irrefutable”, agregó Wiznitzer. “[Este dinero] se pudo haber invertido en otras áreas”.

El nuevo informe de BMJ, llevado a cabo y escrito por el periodista de investigación británico Brian Deer, alega que el abogado que originalmente contrató a Wakefield fue contratado a su vez por una organización antivacunas llamada JABS.

También dice que la investigación que se publicó en última instancia en The Lancet fue financiada por la Comisión de Asistencia Jurídica Gratuita (Legal Aid Board) de Reino Unido, aunque esto no se divulgó hasta años después.

Justo después de la publicación del estudio en The Lancet, Wakefield consultó con empleados de la Royal Free Medical School sobre la posibilidad de crear una compañía para desarrollar productos basados en esta investigación. Esa empresa se creó y recibió fondos de la Comisión de Asistencia Jurídica Gratuita del Reino Unido para iniciar los ensayos en niños, según el artículo de BMJ.

El Hospital Royal Free y el Colegio Universitario de Londres (UCL), también implicados en la investigación de BMJ, se fusionaron en 1998.

Una declaración emitida por el Colegio Universitario de Londres en respuesta al primer artículo de BMJ señaló que la institución “toma cualquier denuncia de mala práctica en la investigación científica muy serio, y sin duda investigará las planteadas por BMJ. Sin embargo, en este punto no hemos tenido la oportunidad de revisar todos los artículos publicados en BMJ en relación con este tema. Por tanto, solo estamos en condiciones de dar una respuesta institucional general a las cuestiones planteadas hasta el momento”.

La declaración señaló que cuando se llevó a cabo la investigación de Lancet, el Hospital Royal Free no formaba parte de UCL.

“Somos muy conscientes de la necesidad de estudiar de cerca la investigación que alguien alega [en un artículo de BMJ] de haber incurrido en mala práctica”, señaló el comunicado. “Queremos aprender de los errores cometidos en relación con este caso”.

Con respecto a este segundo artículo, UCL declaró: “En vista de que apenas lo hemos visto, todo lo que podemos decir hasta ahora es que estamos analizando con atención estas acusaciones”.

En cuanto a Wakefield, su sitio web dice que vive actualmente en Austin, Texas, y que está promoviendo el libro que publicó el año pasado, Callous Disregard: Autism and Vaccines, The Truth Behind the Tragedy, y que sigue dictando conferencias.

En una declaración a CNN de la semana pasada, Wakefield calificó al periodista de investigación como “un asesino profesional, que fue contratado por la industria farmacéutica para arruinar mi carrera ya que están muy preocupados por las reacciones adversas que las vacunas producen en los niños”.

Por su parte, Deer, señala que fue contratado por BMJ, que se mofó del planteamiento de Wakefield, y aseguró a CNNque las acusaciones de fraude no proceden de él, sino de “los editores de BMJ, una revista médica de gran prestigio”.

Foto | Stevendepolo
Via | Healthfinder

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2 Comentarios

  1. Nebetawy 14 enero 2011

    Ufff, me he quedado boquiabierta con las cifras de la OMS. Realmente, no pensaba que el sarampión pudiera ser tan mortal, qué penita. Pero claro, pienso que también hay que ponerse en situación: De entrada empezamos con las cifras alarmantes, pero si profundizas, los casos chungos son en paises pobres, con lo que la idea de sarampión que yo tenía vuelve a tener el mismo sentido. Yo, que vivo en occidente y tengo unas condiciones higiénicas óptimas y acceso a medicamentos cuando es necesario, también la creía una enfermedad de poca importancia. Yo no estoy vacunada, lo pasé con 7 años y no recuerdo que lo pasara especialmente mal, sólo recuerdo que estuve unos días en la cama: durmiendo, leyendo cuentos y sin ir al cole. Fenomenal! Por eso, desde mi punto de vista no la considero una vacuna necesaria. Entiendo que desde el punto de vista sanitario, les interese convencernos de vacunar, porque si no se coge la enfermedad no hay que tratarla, y con el tiempo, se erradica (aunque yo no sé si creérmelo mucho tampoco, porque siempre puede venir de otros países donde el calendario de vacunación sea distinto). Pero creo que en lugar de alarmar y sembrar el pánico, debería haber un acceso total y limpio a toda la información al respecto, y que cada uno pudiera elegir libremente, porque ahora mismo, tal como está el patio, uno ya no sabe qué pensar.
    Gracias por estos artículos, son muy interesantes 🙂

  2. estimulación temprana 16 enero 2011

    Es increíble como el sarampión puede hacer tanto daño,sobretodo, en países más pobres, por que en el mio , gracias a Dios pasa desapercibida.

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