Malnutrición

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Hoy os traigo una noticia que me deja espantada y a la vez un poco mosca. Casi el 5 por ciento de los niños españoles está en estado de malnutrición, tal y como se ha afirmado basándose en los datos del estudio ‘Desnutrición Hospitalaria Pediátrica Española’ (DHOSPE) durante las VII Jornadas de Formación de Residentes de Pediatría organizadas por el Instituto de Nutrición Infantil Hero Baby.

Así lo publicaba el día 23 de marzo el Periódico La República, del que, la verdad, no tengo ninguna referencia. El riesgo se eleva hasta el 30% entre los niños ingresados en hospitales españoles y alcanza entre un 10 y un 30% entre aquellos que acuden a consultas de atención primaria. Según el mismo diario el riesgo de malnutrición puede detectarse cuando transcurren cuatro semanas sin que el niño aumente de peso, lo que en principio me parece un poco exagerado, sobre todo a ciertas edades; mis hijas había meses que entre mocos, catarros y gastroenteritis no ponían nada de peso, sobre todo Lara y están delgadas, pero no desnutridas.

Buceando un poco por la red, sin embargo, me encuentro con que una noticia similar aparece en octubre de el año pasado en el diario El Mundo, en su edición on-line. Y entonces empiezo a creérmelo un poco más y como no, a espantarme del todo.

El riesgo de malnutrición aumenta porque aumentan las bolsas de pobreza. Este es el mismo motivo por el que aumentan enfermedades prácticamente erradicadas o controladas como el sarampión o la tuberculosis (ni los inmigrantes ni los antivacunas tienen mucho que ver en este asunto, cuando la gente vive hacinada y por debajo del umbral de pobreza, comen mal y se enferman y contraen enfermedades contagiosas que por supuesto contagian a los demás, valga la redundancia).

Que la malnutrición esté llamando a nuestra puerta, atraída por el paro y los recortes en prestaciones sociales es, sinceramente, terrible y te deja sin palabras. Y eso a pesar de que en España, al menos los españoles, aún contamos con redes familiares robustas, que están paliando en cierto modo las carencias de cada vez más familias. Pero llega un momento en que ya no se puede más.

Hace tiempo que es obvio que estamos lejos de ser el primer mundo, que yo, tal y como está el patio he acabado reduciendo a los países nórdicos. Pero es que esto ya es para preocuparse mucho. Pero mucho.

Vivo en un buen barrio, no es nada del otro mundo, modesto, pero esas bolsas de pobreza aquí aún no han llegado y tal vez mi percepción de la realidad está distorsionada por este hecho. Mientras intento asimilar la noticia, que me parece horrorosa, pienso qué se puede hacer.

¿Qué opináis vosotros?

Foto | tacit requiem

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