Los traumas infantiles modifican el cerebro y predisponen a la violencia

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Un equipo de investigadores acaba de demostrar que los traumas infantiles no sólo provocan problemas psicológicos que se aprecian en la edad adulta, sino que de hecho lo que hacen es modificar físicamente el cerebro, llegando incluso a influir en la expresión de los genes que regulan procesos cerebrales implicados en la agresividad y en el control de los impulsos negativos.

Algo que cualquiera con un mínimo de sensibilidad sabría puede comprobarse ahora gracias a estudios científicos, que siempre vienen bien para debatir con escépticos y gente de mucho coco y poco corazón. Hacer daño a un niño deja huella, una huella que puede no ser imborrable porque el ser humano es maravilloso y tiene la suerte de poseer un cerebro plástico, que puede repararse, pero que ahí queda.

Hacer daño a un niño lo predispone para ser violento. Los expertos saben hace tiempo que las personas violentas suelen haber tenido infancias violentas, llenas de dolor y ahora la ciencia demuestra que las experiencias traumáticas provocan cambios en el cerebro que persisten en la edad adulta, que se modifica la expresión de genes relacionados con la agresividad y que la relación es causal. Una infancia violenta puede generar adultos violentos en una suerte de lotería que depende de tu herencia genética y de otros parámetros ambientales y que por tanto nunca sabes si te va a tocar.

Cambios estructurales y génicos, que difícilmente podrán ser reparados por una terapia psicológica de andar por casa. La ciencia nos regala cada día nuevos datos sobre la naturaleza del hombre y el origen de numerosos comportamientos que desde ya deberían empezar a considerarse patológicos. Porque ahora lo que nos queda sólo es definir el término “trauma”. Y a partir de ahí podremos seguir hablando.

Yo, que tengo el convencimiento adquirido simplemente mirando a los niños de que el ser humano es “bueno”, solidario, altruista y colaborativo, empiezo a tener claro que desde el Neolítico el ser humano lo está haciendo todo al revés. Imagino un mundo en el que los niños sean tratados con respeto, atendiendo a sus necesidades y con el amor que merecen y lo que veo es un mundo sin violencia.

Podéis leer el estudio completo aquí.

Foto | mdanys

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1 Comentario

  1. manu 6 Febrero 2014

    ¿ Por qué desde el Neolítico?. ¿ Quizás lo atribuyes a la presión de la civilización y la incipiente tecnología?. Yo no creo en la teoría del buen salvaje. El salvaje está expuesto a la cruda naturaleza, lo que lo hace razonable. Un desequilibrado no sobrevive en la selva. Pero si analizas a los más ( perdón) capullos actuales, la mayoría son gente físicamente fuerte. Aptos para la naturaleza pura y dura. ¿ No sería lógico asignar el problema a la fortaleza física?. Se suele decir: Mala hierba nunca muere. Quizá sea al revés: Nunca muere, mala hierba. Resentimiento, exaltación psíquica e inadaptabilidad podrían ser las cargas parásitas de nacer particularmente fuerte. Algunos aprenden a inhibirlas, o a redirigirlas, y otros no. ¿ Pero realmente es culpable la coerción social del tener que aguantarnos unos a otros?. Suelen ser ellos, los fuertes, los que agreden.

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