Los efectos de la obesidad en niños

 

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A todas las madres se nos cae la baba cuando vemos a un bebé regordete, con esos rollitos en las piernas y esos mofletes mordisqueables, nos encanta que nuestros hijos coman como limas, que les guste todo lo que les hacemos y que pidan repetir y nos ponemos malas si se dejan comida en el plato, pensamos que no son buenos comedores o el pediatra nos dice que están el percentil 10. La angustia irreal de tener niños desnutridos que sufrimos una gran parte de las madres de occidente contrasta con la realidad de la obesidad infantil. Y es que en el Primer Mundo comemos todos de más, incluyendo los chavales.

Sí, a pesar de nuestros desvelos porque nuestros niños no comen, la realidad es que en occidente los niños desnutridos son muy pocos y sin embargo la obesidad infantil aumenta cada año. Y si la desnutrición es obviamente peligrosa, la obesidad no lo es menos, a pesar de que los niños “gorditos” sean estéticamente menos impactantes.

Cada vez más estudios confirman que la obesidad infantil entraña un riesgo alto de padecer enfermedades cardíacas y otro tipo de patologías como la enfermedad metabólica o diabetes durante la edad adulta. El riesgo de padecer estas enfermedades correlaciona bien con la gravedad de la obesidad, es decir, cuanto más obeso está un niño, más riesgo tiene de tener problemas graves en el futuro. Por ejemplo, los niños con obesidad severa tienen el doble de probabilidades de dar positivo en factores de riesgo para el corazón que los que padecen una obesidad media, según afirma un estudio publicado en New England Journal of Medicine.

Los niveles de colesterol y de azúcar, incluso los niveles de presión arterial son más altos en estos niños ya durante la infancia, pronosticando serios problemas más adelante.

Preocuparse de la alimentación de nuestros hijos va mucho más allá de intentar que se coman todo lo que les ponemos en el plato. De hecho, si les obligamos a comérselo no sólo estaremos fomentando la obesidad, sino una mala relación con la comida que se mantendrá durante el futuro. Si crees que tu hijo no come o tiene problemas alimentarios, consulta con tu médico o farmacéutico.  La homeopatía puede ayudarte a tratar diversos trastornos relacionados con la alimentación de tus hijos, pero antes de emprender una guerra por las cuestiones de la comida recuerda que los padres casi siempre pretendemos que nuestros hijos coman más de lo que necesitan, que no se debe obligar a los niños a comer y que todos estos trastornos debe tratarlos un profesional especializado.

Vía | HealthDay

Foto | Michael Stern

 

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