Las rabietas, 8 consejos para gestionarlas.

rabieta

 

Llega una época en la vida de todo niño en que hay que enrabietarse. Sí, aunque a los padres nos parezca horribles, las rabietas son una fase normal del desarrollo infantil y todos los niños las pasan. Los “terribles dos”, llaman los americanos a esta etapa en la que tu niño, de apenas dos años, parece más bien un adolescente en miniatura.

Las rabietas se producen cuando el niño alcanza suficiente madurez para entender que es una persona única y diferente. La aparición de la conciencia del “yo”, más o menos alrededor de los dos años de edad, es el desencadenante último de este tipo de situaciones. El niño, que de repente se da cuenta de que él no es mamá, trata de reafirmarse usando uno de los mecanismos más comunes y que además más usamos los adultos: decir que no.

A los dos años todo es NO.

No se quieren poner el abrigo. No se quieren quitar el pijama. No tienen ninguna intención de bañarse. No piensan quitarse el pañal. No se van a ir del supermercado sin esa bolsa de golosinas, no, no, y no. Y si sólo es “sí”, previo pago de un buen berrinche.

Las rabietas son muy desconcertantes para los padres, sobre todo cuando estamos cansados. Desconciertan y preocupan y ¿por qué no? también irritan. Ver a tu precioso hijo retorciéndose como la niña de El Exorcista no es agradable. Pero gestionarlas no es tan difícil.

Hoy os dejamos unos tips para que las rabietas no se nos vayan de las manos. Esperamos que os sirvan:

1. Recuerda que las rabietas son normales. A tu niño no le pasa nada raro, ni va a convertirse en un delincuente adolescente. Todos los niños en mayor o menor grado pasan por esta etapa de reafirmación.

2. Quién evita la ocasión evita el peligro. Las rabietas tienen más probabilidades de aparecer si el niño está muy cansado, tiene hambre o sueño, si lleva dos horas atado y aburrido en el coche o le has tenido mucho rato haciendo la compra en el súper. En este último caso además recuerda que en los supermercados las golosinas se colocan en la línea de cajas estratégicamente.

3. Aprende a distinguir lo importante de lo que no lo es. Muchas veces somos nosotros con nuestra tozudez los que acabamos provocando la rabieta. Si llevas dos horas en la cola del súper y quiere unos caramelos ¿es tan horrible si los compras?

4. Ceder está permitido. Esta va en relación con la anterior. Si en medio de una rabieta te das cuenta de que lo que pretendes no es tanimportante, ceder está permitido. Todo el mundo cede de vez en cuando y ceder es la base de todas las negociaciones a gran escala. No eres un blando por ceder.

5. Usa tácticas disuasorias. Cuando los niños son muy pequeños es muy fácil distraerles si la rabieta no está en pleno apogeo. Cambiar de escenario o de tema puede obrar milagros. “¡Mira! ¿Has visto ese burro volando?”

6. Regala palabras. A veces la rabieta no es más que la frustración de no saber qué le está pasando. Un “estás enfadado, ¿verdad?”, en ocasiones sirve para cortar las rabietas sin más.

7. Hazle caso. Sí. Cuando el niño tiene una rabieta es cuando más caso hay que hacerle. Dejar a alguien solo cuando está sufriendo (y cuando un niño tiene una rabieta, bien no se lo está pasando) es feo, sobre todo si es pequeño.  Recuerda que tu hijo no tiene recursos ni emocionales ni cognitivos para comprender qué sucede.

8. Paciencia y cariño. Tu hijo tiene una rabieta porque no puede evitarlo. No tiene nada que ver con su comportamiento futuro, ni con lo buena madre que eres, ni lo hace para fastidiarte, ni se te va a ir de las manos. Simplemente nos sucede a todos. Sentarte a su lado e impedir que se haga daño, abrazarle y decirle que aún así lo quieres es la mejor forma de no convertir las rabietas en la única forma de comunicación.

Foto | ellyn

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