La influencia del maltrato en los genes

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La cultura popular considera los genes como estructuras inamovibles, únicamente modificables por situaciones extremas como la radiación o la exposición a compuestos químicos muy agresivos que provocan eso que se llama “mutación” y que acaba, como poco en un cáncer (y como mucho en la aparición de otra especie).

Las investigaciones científicas nos han demostrado que la práctica es mucho más complicada que la teoría. Además de los genes estructurales, que codifican para proteínas y cuyas mutaciones drásticas pueden conllevar enfermedades muy graves, en los genomas de los organismos complejos existe otro tipo de genes cuya acción está mucho más influída por el medioambiente – y se habla de medioambiente como todos aquellos factores que rodean a un individuo. Son los genes reguladores, que, como su nombre indica, regulan la expresión de otros genes. Esto implica que padecer una enfermedad relacionada con los genes no es imprescindible tener una mutación grave en alguno de ellos, sino que el ambiente en el que vivimos puede producir efectos muy parecidos.

La genética predispone, pero el ambiente es determinante en nuestra salud. Y no sólo el ambiente físico.

Tragarse el sapo de que nuestro comportamiento para con nuestros hijos puede influir en su salud, tanto física como mental, es duro, pero no queda más remedio. Un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Ginebra pone de manifiesto que el maltrato infantil es capaz de modificar los genes que regulan los receptores de glucocorticoides que intervienen en los mecanismos de adaptación al estrés. El estrés genera estrés, perturbando los mecanismos que lo regulan, en un circulo vicioso que puede conducir al desarrollo de enfermedades psiquiátricas como el trastorno de personalidad borderline.

Utilizar casos extremos para estudiar la influencia de los factores ambientales de la infancia en la salud adulta es muy útil y los investigadores ahora proponen ampliar el estudio a casos de catástrofes naturales. El objetivo de estas investigaciones a largo plazo es determinar los mecanismos de adaptación al estrés y cómo el ambiente puede modificarlos, también en condiciones “normales”.

Todo tiene un coste. Afortunadamente no todo el mundo está predeterminado genéticamente para padecer una enfermedad psiquiátrica de base genética. Pero hay que ser consciente.

Foto | ArenaMontanus

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