Los múltiples beneficios de jugar con la manos

manos

 

¿Te has fijado en las manos de las personas?

La fisiología de la mano habla mucho de lo que somos. La ausencia de garras, las presencia de uñas o el pulgar oponible que nos permite coger cosas con una enorme precisión, son características inconfundibles del ser humano, compartidas sólo con nuestros primos más cercanos. ¿Sabías que las uñas de los monos les ayudan a realizar una práctica denominada grooming, que consiste en desparasitarse unos a otros y que tiene mucho que ver con las relaciones sociales?

Cuando aquel antepasado nuestro se puso de pie hace más de seis millones de años nadie podía predecir que la liberación de las manos durante el movimiento tendría como consecuencia un aumento espectacular del tamaño del cerebro. Básicamente porque antes de liberar las manos el tamaño del cerebro no daba para predecir mucho. El uso de las manos nos hace humanos y uno de los hitos de la infancia y de los momentos más divertidos de tener un bebé es ése en el que descubre sus propias manos ¿Te acuerdas de lo bonito que es ir de la mano?

Los niños han de jugar con las manos. Manipular objetos, amasar cosas, tocar, coger, tirar, golpear…los juegos de manos son unos de los más importantes en el desarrollo infantil. Usar las manos hace que nuestro cerebro “crezca”, cuando usamos las manos se crean nuevas conexiones neuronales, más robustas cuantos más juegos de manos existan. El sentido del tacto es fundamental para las personas y jugar con las manos es imprescindible para crecer bien.

Para que tu hijo juegue con las manos no hay que hacer nada demasiado especial, excepto permitírselo. Favorecer todo lo posible el uso de juguetes o de objetos de uso común que puedan manipularse: plastilina, masa de harina, jugar con azúcar, arrugar papel…, todas aquellas acciones que impliquen el uso de las manos estarán contribuyendo al desarrollo intelectual de tu hijo. Y más adelante cualquier actividad manual sigue reforzando el desarrollo del cerebro: hacer cerámica o simplemente jugar con el barro o la arena de la playa, tocar un instrumento musical, pintar, o ayudar a empanar los filetes, cascar un  huevo, meter el dedo en el pastel…, y desterrar para siempre o todo lo posible aquel “eso no se toca” de nuestra lista de normas.

Foto | Weird Bear

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