Estivill a la carga

corazón

De vez en cuando, mucho más frecuentemente de lo que me gustaría, algún supuesto experto en niños nos habla del enorme beneficio que es para ellos el aprender a tolerar la frustración, conocer de primera mano que la vida es dura, sufrir, en definitiva.

Observo a los adultos, esos expertos en tolerar frustraciones, cuando pierde su equipo de fútbol, cuando les deja una novia, cuando no encuentran aparcamiento y me imagino que tanto entrenamiento finalmente no debe servir para nada. Excepto para vender libros, quizás.

Mi querido Dr. Estivill, neurólogo experto en trastornos del sueño, lanza un nuevo libro en el que tratará de explicarnos a nosotros, atribulados padres, como atender a todas las necesidades de nuestros cachorros, incluyendo las emocionales. Y para dejar claro su punto de vista, asegura que la crisis es lo mejor que le podía pasar a un niño, por aquello de la frustración. Parece bastante obvio lo que se considera “necesidad”.

Mientras me como las uñas de las manos – las de los pies no, pero porque no llego – hasta el mismísimo codo, me acuerdo de mis abuelos, que vivieron una guerra y de mis padres, niños del babyboom de los 40 de postguerra y no puedo evitar pensar que hay gente con la que Freud se pondría las botas. ¿Qué tipo de infancia ha tenido una persona que piensa que sufrir es bueno, para lo que sea? ¿Qué clase de persona es?

De nuevo confundiendo las churras con las merinas hay quién aún hoy en día pretende que creamos que querer a nuestros hijos es sobreprotegerlos, que el amor es una lacra y que cuánto antes aprendan que están solos en el mundo, mejor. Entre otras cosas porque esa es la base del metodito de marras. Y a la vista de la cantidad de ejemplares que vende, debe ser verdad que amar es una carga, te impide forrarte.

Sin nada más que añadir, más que aquel “un poquito de por favor”, que ya somos mayores, todos.

Querer es dar.

Foto | nanny snowflakes

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2 Comentarios

  1. Alejandro Busto Castelli 5 octubre 2011

    Querida Irene…comparto todo y más lo que comentas.

    Yo si que me comí tambien las uñas de los pies, cuando leí las entrevistas a este señor. Ayer anduvimos unos cuantos en el grupo de facebook, Mamá no me dejes llorar, nuestra preocupación con los libros de este hombre, un tipo peligroso, listo y peligroso.

    Dices que Freud se pondría las botas…y tanto. En la entrevista del país que citas dice textualmente:

    “Solo quiero un plato, porque no me cabe. Como cinco veces al día pero poco. Sufrí una obesidad mórbida porque soy hijo de la posguerra y mis padres me sobrealimentaron. Entonces, un niño gordo significaba un niño sano. Hace ocho años tuve una embolia que por suerte se quedó en la pierna”. Llegó a pesar 138 kilos y no tuvo más salida que la cirugía.

    Ese autoánalisis de Señorita pepis o Cartas de la señora Francis, sobre su obesidad mórbida, da que pensar de donde viene, cuales son sus fobias. Muchos de los que hemos leído sus libros nos preguntamos el porque del lenguaje contra los niños…a quien odia y porqué.

    Y basta con rascar un poquito…

    Un sintoma más de una sociedad mediocre e ignorante, encantada de serlo, que ha encumbrado a este señor como autoridad en todo lo relacionado con la educación y crianza infantil.

    Besos
    Alejandro

  2. maría berrozpe 5 octubre 2011

    Lástima que Alice Miller ya nos haya dejado porque le hubiera suplicado que por favor investigara la infancia de este señor. Esta gran estudiosa de la infancia de los grandes monstruos de la humanidad, que ha desenmascarado las infancias sometidas, maltratadas, humilladas y dolorosas donde se gestaron las personalidades más malignas de la humanidad, hubiera encontrado las razones de por qué Estivill escribe lo que escribe y con tanto éxito….. Yo es que no acabo de creerme que alguien pueda ser así, escribir lo que escribe y tener millones de lectores.

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