El lío de la vacuna del sarampión

vacuna

En 1998, un estudio publicado en The Lancet, una prestigiosa revista médica, afirmaba haber encontrado una relación causal entre la vacuna del sarampión y diversos casos de autismo. Comenzaba así una polémica, la de la vacunación obligatoria, que iba a verse alimentada por los medios de comunicación periódicamente, hasta la actualidad. Cundió el pánico y muchos padres dejaron de vacunar a sus hijos.

El artículo fue retirado el pasado año en medio de un gran barullo mediático en el sector, tras conocerse que el Colegio General Médico Británico había suspendido al investigador principal por actuar de forma deshonesta. Que The Lancet retire un estudio por contener imprecisioes, estar mal diseñado o directamente ser incorrecto o falso no es una buena noticia. Los mecanismos de control de las publicaciones científicas no son malos del todo, pero tampoco son perfectos y de cuando en cuando suceden cosas así.

Las vacunaciones en el Reino Unido a partir de la difusión del estudio bajaron por debajo de los límites recomendados por la OMS para mantener la seguridad inmunitaria de la comunidad, lo que es bastante peligroso. Hay que tener en cuenta que la vacunación con la triple vírica, la vacuna que proporciona defensa contra sarampión, rubeola y paperas, no es universal ya que es bastante moderna. Así, los padres de ahora, o hemos pasado el sarampión en nuestra infancia o no estamos inmunizados. Cuando una vacunación baja por debajo de los límites seguros aumenta el riesgo de que se produzca una epidemia. Y lo peor no es que esta epidemia vaya a afectar en mayor medida a los niños cuyos padres han decidido no vacunarlos, sino que afectará también a otras partes de la población no inmunizadas, como adultos, ancianos o bebés muy pequeños que aún no han recibido la vacuna e incluso a niños inmunizados (porque ninguna vacuna es efectiva al 100%).

Ignoro si las tasas de vacunación han aumentado en el Reino Unido después de que The Lancet retirase el estudio, pero imagino que no. Uno de los problemas de la tan cacareada sociedad de la información es que los medios se hacen eco de lo que quieren, lo que no tiene porqué coincidir con aquello que es de interés común.

Ahora parece que empieza a destaparse el escenario tras el que se realizó aquel estudio. Aparentemente el investigador principal, además de falsear datos, tenía un conflicto de intereses con las partes. Según la revista British Medical Journal (otra prestigiosa revista) Wakefield, el científico que llevó a cabo el estudio, trabajaba para los padres que habían demandado a las farmacéuticas aludiendo que las vacunas habían causado autismo en sus hijos. Afirma Brian Deer en BMJ que Wakefield cobraba 180 euros a la hora por asesorar Richard Barr, abogado que reclutaba padres de niños enfermos para demandar a la compañía farmacéutica. Según este periodista Wakefield tenía intención de montar una empresa que comercializara un kit de diagnóstico que se desarrollaría a partir de los resultados de su investigación.

El escándalo está servido. Además de los intereses económicos Brian Deer asegura que hay más datos escabrosos en relación a este caso y BMJ asegura que publicará una nueva entrega la semana que viene – lo que tampoco nos resulta del todo ético. Por supuesto el científico asegura que son las farmacéuticas las que están detrás de este tipo de ataques.

Un bonito culebrón. Seguiremos informando.

Vía | El mundo
Foto | Salim Virji

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2 Comentarios

  1. Caro 13 enero 2011

    Es terrible no saber a quién creer…

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