El estrés en la infancia modifica el cerebro

Según revela un estudio publicado en Journal of Neuroscience el estrés en la infancia frena el desarrollo del cerebro, llegando a producir diferencias morfológicas en el mismo.

Aunque los investigadores aseguran que los efectos no son irreversibles – afortunadamente el cerebro es plástico y puede volver a ponerse en forma – cada vez son más estudios los que afirman que los episodios de estrés durante la infancia temprana tienen consecuencias a largo plazo en el cerebro de los niños. Este estudio concretamente asegura que los efectos son observables incluso en niños de entre nueve y catorce años. Y aparentemente se ha basado en niños “normales” – en general los estudios sobre estrés se hacen mejor en niños en situaciones muy extremas: grandes prematuros, niños con muy bajo peso al nacer, niños que han sufrido abusos graves o que han permanecido desde muy pronto en instituciones, etc, puesto que en estos casos es más fácil observar las diferencias, que suelen ser por supuesto mayores.

Según los investigadores, cuando los niños sufren episodios estresantes o traumáticos durante la infancia y cuanto peor hubieran sido estos, los efectos en el cerebro de los adolescentes eran más “graves”. Estos niños presentaban por ejemplo peor memoria a corto plazo – ya sabemos que el estrés produce hipocampos un 10% más pequeños, por lo que no hay que extrañarse nada – y también peor memoria espacial.

En cuanto a la morfología, según este estudio algunas zonas como el córtex del cíngulo anterior estaban menos desarrolladas y tanto las cantidades de materia gris como de materia blanca eran menores. Hay que tener en cuenta sin embargo, que la adolescencia es una de esas épocas en las que el cerebro se modifica de forma más patente y que no todo el mundo entra y sale de la adolescencia a la vez – de hecho mucha gente nunca lo hace (es broma, o no). Por lo tanto y aunque el estudio vuelve a confirmar que el estrés es malo para la mente a largo plazo y sobre todo que el estrés en la infancia debería evitarse en la medida de lo posible, lo principal es, de nuevo, recordar que la plasticidad cerebral permite siempre, o casi siempre, revertir el proceso.

Como siempre en mi opinión el truco es tratar de compensar, aunque también es verdad que los adolescentes no son muy dados a dejarse hacer cariñitos maternos. Así que, repetimos, tratar de evitar el estrés durante la etapa primal y hasta los tres años de vida – periodo en el que se forman la mayor parte de las conexiones neuronales – sigue siendo la mejor opción.

0
0

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>