9 consejos para educar sin chillar

educar sin gritar

 

¿Quién no ha chillado alguna vez a sus hijos?

Es verdad que las nuevas generaciones de padres nos tomamos muy en serio esto de la no-violencia. Queremos educar sin pegar, sin castigos ni amenazas y de forma democrática y pacífica. Pero un día, después de haberte peleado con la suegra, haber tenido que lidiar con el jefe, la compra, que se te olvidó el papel higiénico, que hay que comprar no sé qué cacharrito raro en la ferretería para la semana cultural del cole, que no has pegado ojo y el pequeño está con los dientes que no hay quien le aguante, viene tu niño a decirte cualquier tontería y le pegas un grito. Y ya tenemos el drama montado. No tanto por el efecto perjudicial de los gritos en la salud psicológica de tus hijos, sino porque te vas a pasar los tres próximos días sintiéndote culpable. Bien, no se debe gritar, o educar sin chillar es bastante mejor, pero por un grito no vas a arder en el infierno.

La vida moderna no nos deja mucho espacio para la crianza, ni para las relaciones en general. Estamos agobiados y estresados y en general acabamos pagándolo con los que están más cerca, que suelen ser los niños. Chillar no está bien, los niños se asustan y no tiene ninguna ventaja educativa, intentar evitarlo es una buena idea, pero a veces las circunstancias no acompañan.

Por eso hoy te traemos unos pocos consejos para tratar de eliminar los gritos de tu caja de herramientas educativas.

1. Si ya has gritado, pide perdón. A los padres se nos enseña a ser firmes y pedir perdón no suele estar entre nuestras habilidades, sobre todo si provenimos de familias autoritarias. Comprende que la autoridad también puede equivocarse, si has cometido un error, como gritarle a tu hijo, pide perdón.

2. Aprende a conocerte. Casi todas las personas tenemos una especie de curva de incremento de la ira que va aumentando poco a poco hasta que se desborda. Identificar las señales físicas que nos avisan de que vamos a desbordarnos es el primer paso para dejar de expresar nuestro enfado mediante gritos.

3. Si estás muy cansada o muy nerviosa es mucho más probable que pegues un grito a destiempo. Descansar a veces no es una opción para las madres, pero sí puedes informar de que estás muy muy cansada a tus familiares.

4. Pide ayuda. Si notas que estás muy irritada dile a tu pareja que se ocupe un rato de los niños, date una ducha y relájate

5. Aprende a escuchar. A largo plazo aprender técnicas de comunicación no violenta puede ayudarnos a disminuir los gritos y las amenazas. Aunque lleva tiempo y esfuerzo, merece la pena.

6. Relativiza. Seguro que romper un vaso no va a acabar con la humanidad, tal vez no sea necesario enfadarse tanto.

7. Ponte en su lugar. Los niños son niños,  no pueden comportarse como adultos.

8. Aprende a dialogar. Las familias que dialogan son más felices y se gritan menos.

9. Si ya has gritado, perdónate. Y comprométete a no volver a hacerlo.

 

Foto | limaoscarjuliet

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