Educar sin castigar

VLUU L100, M100  / Samsung L100, M100

El castigo es en psicología una técnica de modificación de conducta que intenta eliminar o promover un comportamiento determinado mediante un estímulo aversivo. Los castigos son un recurso educativo ampliamente utilizado en todas partes. A pesar de que el castigo físico ya no se usa (y está prohibido por ley castigar físicamente a los niños), la mayoría de la gente sigue educando a los hijos a base de castigos y amenazas. Educar sin castigar es difícil, sobre todo porque a todos nos han educado así y no existen demasiados referentes, pero a pesar de serlo es no sólo posible, sino necesario.

La mayor parte de la gente quiere tener hijos responsables, que se comporten con respeto hacia los demás y se hagan cargo de sus obligaciones sin tener que insistir mucho. No pegar, no insultar, recoger los juguetes, hacer los deberes…, las responsabilidades de los niños no son muchas, al menos aparentemente, pero muchas veces son una enorme fuente de conflictos. La mayor parte de la gente castiga porque no se le ocurre otra manera de que sus hijos se hagan responsables. Y sin embargo, los castigos producen justo lo contrario.

Todos los padres queremos hijos responsables pero no queremos hijos sumisos, queremos que nos hagan caso porque nosotros hacemos las cosas por su bien, pero no queremos que hagan caso a cualquiera, porque hay gente que así puede dañarlos. Confundir responsabilidad con obediencia es muy común y lo hacemos todos, pero es un error y hay que tratar de evitarlo. La responsabilidad está ligada a la libertad, nadie puede ser responsable si no puede elegir, como mucho se puede ser obediente, pero las personas obedientes lo son por miedo, no por responsabilidad. Y el miedo nunca trae nada bueno y genera dinámicas de comportamiento insanas.

Los castigos producen obediencia. Los niños castigados aprenden a comportarse de cierta manera por miedo, pero no se responsabilizan. Hasta que aprenden a eludir el castigo, o se acostumbran a él con lo que el castigo pierde eficacia, cosa que antes o después siempre sucede.

Todos los seres humanos tenemos la capacidad de hacernos responsables de nuestras vidas, antes o después, pero la responsabilidad se aprende y para aprenderla es necesario ser libre. Educar sin castigar no es sencillo, pero es posible. Lo primero es evaluar si por su desarrollo o sus circunstancias nuestro hijo está en disposición de acometer esas tareas que nosotros consideramos “sus obligaciones”. ¿Es demasiado pequeño para sentir empatía y por tanto no entiende que pegar hace daño? ¿No es lo suficientemente mayor como para entender que hay que recoger los juguetes? ¿Qué ejemplo le estamos dando en cuestiones como el uso del lenguaje – palabrotas, insultos y demás? ¿Está sobrecargado de deberes y extraescolares y por eso “pasa”?

En numerosas ocasiones la resolución del conflicto no precisa de castigos ni amenazas, sino de simple y llana comunicación clara y voluntad de entendimiento. Buscar recursos alternativos para gestionar los conflictos siempre es una buena idea. Los castigos no sirven para nada y además están pasados de moda.

0
0

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*