Cuidado con el ahogamiento secundario

ahogamiento secundario

 

No hay duda de que en verano se multiplican los accidentes infantiles. La vida al aire libre, los insectos, el agua y en concreto las piscinas contribuyen a que el riesgo de que nuestros hijos sufran algún tipo de percance aumente mucho en esta época. Afortunadamente la mayoría de los accidentes terminan sin mayor drama, caerse o que te pique un bicho son gajes del oficio de ser niños, a casi todos nosotros nos ha picado una avispa por meter la mano donde no debíamos o hemos tenido algún que otro susto en la playa. Y aquí estamos. Pero aún así en estos meses conviene extremar las precauciones.

Uno de los accidentes más raros que pueden ocurrirle a un niño y del que la mayoría de nosotros ni siquiera hemos oído hablar es el ahogamiento secundario, una situación grave para la que hemos de estar sobre aviso y que saltó a las noticias el año pasado, cuando Lindsay Kujawa, escritora y creadora de Delighted Momma contó en su blog el susto sufrido con su hijo.

El ahogamiento secundario se produce hasta 76 horas después de que un niño haya sufrido un accidente con riesgo de ahogamiento en una piscina y por eso, hay que estar muy atento. Cuando un niño está a punto de ahogarse en una piscina lo más seguro es que haya aspirado cierta cantidad de agua hacia su aparato respiratorio, y que ésta haya llegado a los pulmones. Si el accidente ha sido grave y el niño ha tenido que ser reanimado es obvio que esto ha ocurrido y por tanto tenemos que estar pendientes.

¿Por qué? Porque el agua de las piscinas contiene cloro y otras sustancias muy irritantes que pueden afectar a los pulmones de tu hijo haciendo que, incluso hasta 76 horas después de haber sufrido el incidente, los pulmones puedan verse afectados y dejen de funcionar correctamente. Además puede quedarse estancada algo de agua en los pulmones produciendo un edema pulmonar que puede producir dificultad respiratoria y afectar a los bronquios o a los alveolos.

Afortunadamente el ahogamiento secundario en niños es muy poco frecuente, poquísimo y sólo sucede si el niño ha tenido que ser reanimado (es decir, si es patente que ha tenido agua dentro de sus pulmones). Es importante que sepas que esto no puede suceder sólo porque tu hijo trague algo de agua o tosa un poco porque alguien le hizo una ahogadilla, sino que para que esto suceda el accidente ha tenido que ser bastante grave, lo que se llama un “casi ahogamiento”.

Acudir al médico si tu hijo ha sufrido un “casi ahogamiento” en la piscina es la mejor manera de prevenir el ahogamiento secundario o ahogamiento en seco. Allí probablemente te dirán que vigiles el estado general del niño y estés atenta ante cualquier síntoma extraño, como irritación o cansancio.

Foto | Plasticrevolver

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