Crianza y cerebro

crianza y cerebro

Día tras día, en lo que las feministas deben considerar un complot mundial contra el movimiento, la ciencia demuestra que la crianza es importante siempre para el futuro de nuestros hijos. Es una tremenda lástima que tengan que ser los científicos los que vengan a decirnos que la forman en que criamos a nuestros hijos es y será determinante para su salud y cada vez existen más estudios que confirman que el apego temprano es fundamental para el futuro de la humanidad.

En una sociedad que confunde crianza con educación, que olvida que los niños son cachorros dotados por la naturaleza con las mejores herramientas para su supervivencia, que son altruistas y generosos y que están mucho mejor autorregulados que nosotros, los adultos nos empeñamos en “adiestrar” a nuestros hijos para sobrevivir en una sociedad que está demostrando día tras día que no piensa en la supervivencia de la especie, sino en la avaricia de unos pocos.

Darle la vuelta a la tortilla en este zoo humano en el que habitamos no es fácil, pero es imposible hacerlo sin modificar las bases de nuestro comportamiento desde el nacimiento, o incluso antes.

Un nuevo estudio científico demuestra que el estilo de crianza tiene una influencia directa en las estructuras cerebrales que han convertido a los humanos en lo que somos. La crianza corporal, el apego, el cariño durante la infancia, la presencia materna constante, la atención de las demandas – siempre justificadas – de los bebés se traduce en modificaciones en estructuras cerebrales como el hipocampo.

Ya hace mucho tiempo que se conocen los efectos del estrés en esta estructura cerebral encargada entre otras cosas de la memoria. El cortisol, la molécula encargada de mantener niveles de estrés sostenido durante plazos de tiempo medios o largos, es neurotóxico, y mata – literalmente – montones de neuronas del hipocampo, una estructura que además forma parte del sistema límbico, aquel que regula nuestras emociones.

Criar a los hijos con amor produce adultos con un hipocampo un 10% más grande, demostrándose así que la crianza no tiene influencia únicamente en aspectos psicosociales del individuo, sino que influye directamente en la anatomía cerebral.

Y o dicho de otra manera, los individuos criados en desapego, en ausencia de adultos emocionalmente implicados, aquellos niños que se crian en medio de situaciones de estrés serán adultos con un hipocampo más pequeño. Afortunadamente para ellos y para los demás, la mayoría de ellos no se acordarán.

Foto | Weird Beard

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