Pautas para competir menos y disfrutar más de la infancia

competición

 

Vivimos en un mundo cada vez más competitivo. Mejores notas, mejores resultados, más dinero, más cosas…,la competición está presente en casi todas nuestras actividades y muchas veces incluso forma parte de nuestras relaciones sociales. Mejor que ése, mejor que aquel…, nos educan para ganar, pero no nos cuentan que cuando vives en competición constante la mayoría de las veces vas a perder. Y nosotros, presas del miedo de que nuestros hijos se queden fuera, educamos también para que compitan sin pausa.

Pero los niños son niños. Y su obligación es serlo.

Los expertos piden que las extraescolares deportivas sean menos competitivas. Y es que presionar a un chaval de cinco o seis años para que gane todos los partidos de fútbol de su equipo (cosa que no depende del todo de él, que es lo que tiene jugar en equipo), o corra cada día más rápido, o sea la próxima promesa del tenis español para lo único que sirve es para que el chaval odie el fútbol, el atletismo o el tenis, o para que lo integre tanto que sólo se viva compitiendo y  que después no sepa relacionarse de otra forma. Según los expertos, las actividades extraescolares deportivas están casi profesionalizadas, los padres sacrifican tiempo y dinero en pos de una brillantez que casi nunca aparece y los chavales viven tremendamente presionados. Seamos sinceros, figuras del fútbol hay muy pocas, y probablemente no hayan tenido que esforzarse tanto.

Una de las principales lecciones que ha de aprender un humano pequeño es a convivir con los demás. La forma en la que enseñamos a nuestros hijos a relacionarse con el resto les acompañará el resto de su vida. Dicen los psicólogos que las actividades extraescolares deberían servir, sobre todo, para que los niños aprendan a trabajar en equipo, se muevan y hagan un ejercicio físico que en el cole no pueden realizar y que es necesario para su salud, pero principalmente para que disfruten.

Los seres humanos nos diferenciamos del resto de animales en unas cuantas cosas, pero tal vez dos de las más importantes sean que somos el animal social por excelencia, no podemos vivir sin los demás sin estar terriblemente tristes, y que mantenemos las ganas de jugar incluso cuando somos adultos. La competitividad desaforada alcanza a los niños en todos los campos y no sólo no sirve para nada, sino que según los educadores, es contraproducente. Los niños tienen que competir menos y disfrutar más. Porque disfrutando es como mejor se aprende.

 

Foto | USAG-Humphreys

 

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1 Comentario

  1. Educacion-emocional 4 noviembre 2015

    Es verdad que lo competitividad parece que algo que se inculca de forma implícita en cada tarea que se realiza. Deberíamos tomar conciencia y empezar a cambiarlo. Cada persona es única y se le debería valorar por su riqueza personal (no económica) y no sólo por los logros.

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