Calidad/cantidad

“Vale más una madre que da el biberón con amor que una madre que da teta sin ganas”

“Es mejor un niño en una guardería con una madre que se realiza en su trabajo que una madre neurótica que ha dejado de trabajar para cuidar a sus hijos”

“Aunque sea poco el tiempo con los hijos no pasa nada si es tiempo de calidad”

Frases como éstas se escuchan a diario, sobre todo cuando tu opción de crianza ha supuesto renunciar – o mejor dicho postponer, esperemos – ciertas cosas para dedicarte a tus hijos. A darles el pecho, contacto corporal, atención emocional y presencia física, toda la que se pueda. A diario, desde las revistas de maternidad patrocinadas por empresas que venden biberones, feministas igualitarias que consideran que la única forma de realización personal es alcanzar cotas de poder equiparables a las que ocupan los hombres, empresas de cursos de verano, actividades culturales carísimas y centros de ocio o aparcamientos infantiles, peluquerías y hasta gurús del yoga y por supuesto la vecina, el pescadero, tu madre y tu mejor amiga.

Frases bienintencionadas o no que sin embargo tienen un pequeño defecto: son tramposas.

Porque también hay madres que dan la teta con amor y sin duda su opción es mejor que aquellas madres amorosas que dan el bibe. Y también hay madres que no se sienten mal por aparcar su carrera profesional para cuidar a sus hijos y muchas veces es una opción mejor que las guarderías y muchas familias que consiguen que todo el tiempo que pasan con sus hijos sea de calidad, aunque sea mucho y siempre teniendo en cuenta que lo de la “calidad” es algo totalmente subjetivo. Es una cuestión de prioridades.

Que las mujeres tenemos necesidades (y los hombres también) es algo obvio. Que en ocasiones las necesidades “del adulto” chocan contra las de los niños también. Que cuanto mejor estemos los adultos mejor estarán nuestros hijos es otra obviedad. Pero que sin duda, que no sólo nuestros hijos, sino todos nuestros seres queridos, quieren pasar el mayor tiempo posible con nosotros es también una perogrullada. En el caso de los niños el que necesiten, mientras lo necesiten, que no son tantos años y se pasan volando.

La sociedad en que vivimos no favorece el tener tiempo, ni con calidad ni sin ella. En la actualidad nadie tiene tiempo de nada, más que de trabajar, limpiar la casa y derrengarse en el sofá. Encontrar un equilibrio que te permita no fallecer en el intento de prestar a tus hijos, o a tu pareja, o a tus amigos, o a ti misma, todo el cuidado que necesitas es difícil. Y los niños perdonan, sí, perdonan todo a sus padres y comprenden, también, pero eso no quita que sigan necesitandolos o queriéndolos cerca y que eso en cierta forma determinará su forma de ser adultos, para bien o para mal.

Nuestra especie, altricial y gregaria, necesita compartirse con otros, vincularse, amar. Y eso sólo se consigue con tiempo. Un problema gordo cuando tienes que trabajar diez horas diarias y necesitas tres de desplazamientos, un par de horas semanales con un psicólogo y otras tres de técnicas de meditación para quitarte el maldito estrés. Un problema gordo que sin embargo tiene solución. Porque el verdadero problema de tener hijos no son los hijos y que quieran estar contigo, es el aislamiento al que te ves obligada.

Y la solución es la de siempre. Volver a sacar la maternidad del ámbito de lo íntimo. Dejar que los niños sean parte de la sociedad desde que nacen. Sacar a las madres a la calle, con sus hijos, devolverles su vida pública y en definitiva algo tan sencillo como darle la vuelta al sistema.

Porque para criar a un niño se necesita toda una tribu y se necesita toda una tribu para sostener a una madre, a una familia. Las nórdicas se acercan y tal vez su opción no sea la ideal, pero se parece mucho a la óptima. La pregunta es ¿por qué nosotros no?

Lo mejor de la vida es la gente, sobre todo la gente a la que quieres. Mientras tanto y como no tenemos tiempo y estamos solos seguiremos haciendo equilibrios, como mejor podamos.

La cuestión no es elegir entre calidad o cantidad, la cuestión es trabajar para conseguirlo todo.

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4 Comentarios

  1. ovejitadescarriada 28 agosto 2012

    “Feministas igualitarias que consideran que la única forma de realización personal es alcanzar cotas de poder equiparables a las que ocupan los hombres”… Disculpa, estimada, pero eso no es feminismo ni esas son feministas. El feminismo propone eliminar los roles obligatorios para cada género y así que cada quién pueda elegir lo que le plazca sin sufrir discriminación ni reproches por ello, es lograr la igualdad de elección, no la igualdad de comportamiento.

    Saludos.

  2. Fátima 29 agosto 2012

    Y mientras no es posible conciliar las políticas, el trabajo y el mundo con el ser una madre que da calidad y cantidad de tiempo, ¿Qué podemos hacer?

  3. Heliana 29 agosto 2012

    A veces hay que conformarse con vivir una vida más sencilla. No es compatible el darle atención a los hijos con trabajar un montón de horas. Es una cuestión de prioridades. Y con el tema de la liberación femenina, hemos salido perjudicadas porque seguimos trabajando en casa y además afuera…

  4. ovejitadescarriada 29 agosto 2012

    Heliana, eso es porque la verdadera liberación no ha ocurrido. Sólo hubo un intercambio de roles.

    Saludos!

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