Sin machismo…

interrupción voluntaria del embarazo

“Las mujeres abortaban, abortan y abortarán, de lo que se trata es de que si tienen que hacerlo no tengan que hacerlo con una percha”

Escribí esto en twitter hace ya bastante tiempo, pero la noticia salta hoy de nuevo a la actualidad con las declaraciones del Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. La interrupción voluntaria del embarazo es un tema peliagudo, sobre el que nadie debería tener nunca que pensar. Soy madre por dos veces y por tanto la sociedad me ha puesto enfrente del aborto en dos ocasiones. Cada vez que el ginecólogo me recomendó realizar el screening prenatal en busca de síndromes de down y otras patologías comunes y por tanto prácticamente se me obligó a entrar en el sorteo de la amniocentesis se me enfrentó al aborto. Sin anestesia y sin consejos.

Soy madre, soy mujer. Una mujer consciente, con una educación sexual aceptable (todo se puede mejorar), recursos socioculturales suficientes y sobre todo suficiente autoestima y asertividad como para haber aprendido a decir que no y por eso sólo he tenido que enfrentarme al dilema del aborto en dos ocasiones. Pero no todas tienen mi suerte. O la suerte que he tenido hasta ahora.

Soy madre y por eso estoy en contra del aborto. Del mío. Es una simple y pura cuestión emocional sobre la que se pueden construir montones de argumentos lógicos con nulo o escaso valor. Soy mujer. Creo que cada aborto es un fracaso de un sistema que ejerce su violencia contra las mujeres de muchas formas. Impidiendo el acceso a una educación sexual y afectiva seria, obstaculizando el uso de anticonceptivos, llenando a las mujeres la cabeza con ideas absurdas sobre el amor romántico y sobre cómo ha de comportarse un hombre, el aborto es el resultado de la violencia de género, la sutil, la que te obliga a eliminar todo rastro de celulitis, pesar 40 kilos y autohormonarte para estar siempre disponible sin que ello afecte para nada al “macho”, como si el único problema de una relación sexual desprotegida fuesen los embarazos no deseados y como si la única responsable de la reproducción sexual fuese la mujer.

Soy mujer, soy feminista. Soy consciente de que el control sobre la reproducción siempre ha estado en nuestra mano. Desde que se inventó el dolor de cabeza. Y sé que ése es precisamente el quid de la cuestión. Porque la base de todo machismo es el miedo, el conocimiento inconsciente de que si una mujer no quiere tus genes no van a ir a ninguna parte. Y por eso estoy segura de que sin machismo no habría abortos.

No existe una violencia estructural que te obligue a abortar. Existe un machismo estructural. Y mientras el machismo sea estructural es necesario que existan leyes que protejan a las mujeres. Por eso modificar la ley que regula la interrupción voluntaria del embarazo, escudado en la moral, en la ciencia o lo que es peor, en el paternalismo, es violencia contra la mujer. Tiene razón Gallardón en que existe una presión social contra la maternidad, pero no es ésa que según él te obliga a abortar, es la que obliga a postponerla hasta que consigues un trabajo fijo (nunca), la que hace que en las entrevistas de trabajo te pregunten si vas a tener hijos, la que consigue que te despidan cuando te quedas embarazada, la que no fomenta las medidas de conciliación…

La maternidad no se protege modificando la ley que proporciona protección a las mujeres que no quieren ser madres -que, por cierto, ha conseguido que el número de abortos descienda por primera vez en nuestro país desde que se actualizó – es eso una pura contradicción. La maternidad se protege con una educación sexual y afectiva digna, acceso a anticonceptivos fácil – lo que incluye que una chavala de 16 años no se sienta sucia o culpable por comprar condones – y medidas de protección económica y social de las madres, como bajas maternales decentes.

Y como siempre hay alguien que lo dice mucho mejor que yo, os dejo el texto Sobre el aborto, de Ileana Medina, porque de vez en cuando hay que enfrentarse a los tabúes. Mujeres conscientes.

Foto | chellyc

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