Embarazo de alto riesgo ¿qué debes saber?

Embarazo de alto riesgo

 

El embarazo supone una situación de cambio para la mujer en la que el riesgo cero no existe. En términos médicos, a la hora de clasificar un embarazo con el fin de hacer un seguimiento adecuado a sus características, el riesgo cero no existe. El embarazo queda clasificado como embarazo de bajo riesgo y en alto riesgo. Este segundo haría referencia a todo aquel embarazo en el cual se tienen más posibilidades de desarrollar complicaciones durante el embarazo, en el parto o en el postparto.

¿Qué puede hacer que el embarazo sea considerado de alto riesgo?

Realmente existen muchas causas para considerar una gestación de alto riesgo y éstas pueden ser muy variables. Algunas de ellas podemos controlarlas a la hora de planificar un embarazo para vivirlo de la forma más saludable posible,  pero otras son inherentes a la mujer y lo único que podemos hacer es tenerlas en cuenta para hacer un correcto seguimiento en el trascurso del embarazo.

Algunas de las razones para considerar un embarazo de alto riesgo son:

  1. Ciertas enfermedades crónicas de la madre. La hipertensión, la diabetes, la obesidad, alteraciones en el funcionamiento del tiroides, enfermedades del sistema inmune, problemas de corazón, enfermedades de transmisión sexual, etc.
  2. Haber protagonizado ciertas complicaciones en el embarazo anterior hace también más susceptible de tener similares problemas en los siguientes. Por ejemplo, haber tenido un parto prematuro, un bebé con un peso bajo al nacimiento o haber tenido a tu anterior bebé mediante una cesárea.
  3. Otro grupo importante de factores que inciden mucho en el embarazo son los medioambientales y por supuesto, el estilo de vida de la mujer. Pese a ser un grupo muy importante y extenso, lo positivo que tienen es que sobre muchos de estos factores son precisamente sobre los que podemos actuar y sobre los que podemos ejercer cierto control.
  • El Índice de Masa Corporal. Las mujeres extremadamente delgadas o con obesidad tienen más riesgo de sufrir complicaciones. En el caso de la delgadez extrema ligada a la desnutrición, ésta podría afectar al correcto crecimiento y desarrollo del feto, mientras que la obesidad favorecerá ciertos problemas de salud que afectarán tanto a la madre como al futuro bebé: la hipertensión y la diabetes gestacional, entre otros. Lo más recomendable es planificar el embarazo teniendo un peso saludable. Busca consejo en tu médico o nutricionista.
  • La edad de la madre. Las mujeres de menos de 15 años y las de más de 40 años tienen un embarazo de mayor riesgo. Sobre este factor poco podemos hacer, pero si podemos intentar planificar los embarazos con tiempo para no sobrepasar al menos edades avanzadas. Aún así, vivimos en un momento donde las características laborales, económicas y sociales hacen que muchas mujeres pospongan la edad en la que “pueden” tener hijos.
  • El consumo de tabaco, alcohol u otras drogas. El consumo de estas sustancias tóxicas suponen un importante factor de riesgo, ya no sólo para la salud de la madre, sino también para el bebé. Cualquiera de estas sustancias atraviesa la placenta y alcanzan la sangre fetal, poniendo en riesgo su salud. Si fumas o consumes alcohol o alguna otra droga, lo mejor es intentar poner solución a ello antes de planificar tu embarazo. Quizá el hecho de hacerlo por el cuidado de tu bebé te ayuda y te sirve de refuerzo para superar la adicción. Busca ayuda en tu centro de salud y plántale cara lo antes posible. Busca también ayuda en los medicamentos homeopáticos si el abandono de estas sustancias te provocan ansiedad y nerviosismo. Muchas mujeres vuelven a fumar o consumir otras drogas cuando aparecen momentos de gran nerviosismo y agitación durante la fase de abandono y deshabituación, por lo que mantenerte tranquila ayudará a conseguir la meta.

¿Qué hacer si mi embarazo es de alto riesgo?

Lo primero de todo es que no te preocupes.  Vivir el embarazo de una forma ansiosa tampoco es favorable y el embarazo debe ser motivo de alegría y disfrute. Se trata de una clasificación y como ya hemos dicho, ninguna embarazada está exenta de sufrir ciertas complicaciones durante los meses que dure su embarazo, su parto o el postparto.

Tener en mente esto nos debe servir para ser conscientes de los cuidados que debemos llevar a cabo para garantizar en la medida de lo posible de tener un bebé lo más sano posible.

Lo primero: planificar con tiempo. Por desgracia este punto queda en el olvido y nadie recurre a él, pero lo más importante de todo es que toda mujer que desea quedarse embarazada acuda a la consulta preconcepcional, acudiendo a la matrona o al ginecólogo de referencia. En esta visita se revisará punto a punto todo aquello que pueda ser susceptible de cambiar y mejorar para iniciar la gestación en las mejores condiciones. Será aquí cuando podría iniciarse una dieta adecuada para conseguir un peso óptimo, suplementar con ácido fólico unas semanas antes del comienzo del embarazo, dejar de fumar, etc.

Si existe algún motivo de salud que requiera la consulta previa de un especialista, por ejemplo, en el caso de una mujer con diabetes que necesita la administración de insulina, será bueno para establecer un plan y un seguimiento conjunto.

En segundo lugar: los hábitos diarios.

  1. Cuida todo lo relacionado con la alimentación, llevando una dieta sana y variada. El aumento excesivo de peso durante la gestación te hará más propensa a desarrollar hipertensión o diabetes gestacional, con todo lo que eso conlleva cara a la salud del bebé.
  2. Realiza ejercicio de forma suave y regular, adaptando la actividad a los cambios propios del embarazo y valorando bien si existe alguna contraindicación para ese tipo de actividad.
  3. No fumes ni consumas alcohol u otras drogas. El consumo de estas sustancias puede aumentar el riesgo de sufrir un aborto, malformaciones en el bebé, un parto prematuro o que el bebé nazca con un peso más bajo de lo que corresponde al tiempo de embarazo.
  4. Evita el estrés. Practica alguna actividad que te ayude a relajarte y poder tener también así un sueño de calidad.

Aparte de seguir todos estos consejos, ya no sólo por tu salud sino también por la de tu futuro bebé, sigue las recomendaciones de tu matrona y/o ginecólogo. Ellos te indicarán cada cuánto hacer los controles y qué pruebas debes hacerte. En muchos casos, según el tipo de embarazo, los controles se harán en las unidades de maternidad de los hospitales, para extremar los controles y para que el embarazo sea llevado por profesionales especializados en embarazos con estas características.

Y ante todo, cuídate y cuídale, pero ¡disfruta!

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