De lo de Gallardón

Llevo unos días tratando de escribir, otra vez, sobre las ocurrencias del Ministro de Justicia sobre la ley de interrupción voluntaria del embarazo y la verdad es que no sé por dónde cogerlo. Supongo que ya sabréis que Alberto Ruíz Gallardón aseguró en otro día en unas declaraciones muy polémicas que con la modificación que pretende aplicar a esta ley se suprimirán no sólo los plazos, sino también el supuesto de aborto por malformación fetal.

El tema es peliagudo, lo mires por donde lo mires y a pesar de que parecía uno de los supuestos menos controvertidos. A las asociaciones provida se han unido ahora las asociaciones de afectados por Síndrome de Down. Hablar del síndrome de Down es bastante populista, por el hecho irrebatible de que casi todo el mundo conoce a alguien que padece este síndrome, todos hemos visto noticias en la tele de jóvenes con trisomía 21 que han hecho carreras universitarias y en el algún rincón de nuestra mente casi todo sentimos que un síndrome de down – sin querer menospreciar lo duro que debe ser – no es tan diferente a cualquier otro niño.

El hecho de que hoy en día nazcan aún muchos niños con síndrome de Down sin embargo nos muestra que éste no es el peor problema cuando se habla de malformaciones fetales, por la simple deducción de que si hoy, con toda la batería de pruebas que detectan con una fiabilidad altísima esta cromosomopatía, sigue habiendo niños con Down es que sus madres no los abortan, en muchos casos porque no quieren.

El peor problema de la malformación fetal no es el Down. Existen otro montón de malformaciones fetales que conducen a historias mucho más dramáticas. El triple screening del primer trimestre no sólo predice el riesgo de un Down, sino también de casos peores. La espina bífida por ejemplo tiene un pronóstico espantoso. No me atrevo a decidir si mejor o peor que el de la anencefalia (otro de los problemas que se criban en el TS) y que produce muertes intraútero, bebés que nacen muertos o bebés con una esperanza de vida de horas.

Como el tema es tan sensible y creo que ya sabéis que opino que en esta materia sólo puedo ponerme en mi pellejo – y en casos extremos ni siquiera eso – os voy a dejar un artículo de un neurocirujano que habla precisamente de la espina bífida, por ser la malformación más común. Uno de los peligros de tener un niño enfermo (y yo lo he vivido en persona) es que ni los médicos se resignan a perder su vida, son pequeños, inocentes, la viva expresión de la injusticia, con lo que en muchos casos el sufrimiento se alarga, sin ninguna posibilidad de éxito final.

Creo que no me queda mucho más que añadir sobre este tema. Siempre he considerado que cada aborto,se produzca por el motivo que se produzca, es un drama y creo que cada familia y en especial cada mujer debería poder vivir estas situaciones a su manera, sin que nadie la juzgue. En caso de malformaciones fetales es lo mínimo frente a tanta mala suerte.

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