Terrores nocturnos y pesadillas

terrores nocturnos

Laura se despierta a las pocas horas de acostarse. Se incorpora en la cama gritando y llorando de forma alarmante. La respiración es agitada, el pulso acelerado y está desorientada. Su cuerpo refleja pavor y sus moviminetos, bruscos y violentos, lo corroboran. Su cara es el reflejo del pánico. Sus ojos, abiertos y con las pupilas dilatadas, miran pero no parecen fijarse en nada en concreto y, si en algún momento mira a sus padres, más pareciera que mirase a través de ellos que a ellos directamente. De hecho no reconoce a nadie. Al cabo de un rato (normalmente entre 10 y 20 minutos) se queda dormida o se despierta completamente. En ningún caso se acuerda de lo que ha sucedido

Dormir sin lágrimas. Rosa Jové. Ed. La esfera de los libros. 2006. pág 143.

Los terrores nocturnos son, junto con las pesadillas, las alteraciones del sueño más frecuentes que se producen en niños. Ambas parasomnias son muy parecidas en su manifestación, pero tienen orígenes distintos y algunas diferencias.

La primera gran diferencia es que los terrores nocturnos se producen en la primera mitad de la noche, mientras que las pesadillas suceden preferentemente en la segunda mitad. Los terrores nocturnos son una alteración de la fase de sueño profundo, la que se produce mayoritariamente durante las primeras horas de la noche y en general suceden cuando se presenta una alteración al pasar de esta fase de sueño profundo a una fase más ligera. Las pesadillas en cambio son sueños desagradables que suceden en la fase REM del sueño y como esta fase es más frecuente durante la segunda mitad del sueño nocturno es entonces cuando más tienden a manifestarse.

Por otro lado los terrores nocturnos pueden aparecer hacia los seis o siete meses de edad, cuando el bebé ya ha adquirido todas las fases del sueño, aunque suelen ser más frecuentes entre los dos y cinco años y raramente se producen durante la adolescencia. Por su parte las pesadillas pueden aparecer en cualquier momento puesto que la fase REM se adquiere muy pronto, pero no es hasta que los pequeños son capaces de desarrollar una comunicación oral cuando podemos identificar claramente las pesadillas: cuando son capaces de contarnos que la bruja venía a por ellos.

Los terrores nocturnos y las pesadillas, aunque similares, se manifiestan de un modo distinto. A pesar de que si tu hijo sufre cualquiera de estas dos alteraciones del sueño lo que tú vas a notar es que chilla, llora y parece aterrorizado, la principal diferencia entre una pesadilla y un terror nocturno es que durante el terror nocturno y aunque aparentemente el niño parezca despierto, no lo está. Si bien las pesadillas son bastante angustiosas para los padres, sobre todo si son muy frecuentes, si tu hijo tiene un terror nocturno lo vas a notar. Si a pesar de que le hablas, le intentas tocar, tratas de cogerle para calmarle el niño sigue chillando despavorido, literalmente como una animalillo acorralado, no lo dudes, estás ante un terror nocturno. Para los padres es bastante desconcertante el hecho de que aparentemente el niño no los reconozca, no te lo tomes como algo personal, es que está dormido.

Los terrores nocturnos son producidos por la incapacidad de aligerar ese sueño profundo que se produce durante la primera mitad de la noche y su origen es similar al de otros trastornos como el sonambulismo o la somniloquia (hablar dormido). Lo único bueno de los terrores nocturnos es que suelen desaparecer con la edad, ya que el sueño profundo del adulto es menos profundo y el adulto puede por tanto aligerarlo más fácilmente. Para cuando tu niño llegue a la adolescencia, los terrores nocturnos serán un recuerdo.

Ambos trastornos se agravan con el estrés, así que ya tienes otro motivo más para relajarte con el tema del sueño infantil. Tomarse el sueño con calma es una buena receta para dormir mejor.

Foto | eyeliam

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