Sistema Inmune y crianza natural

sistemainmune

Como muchas mamás nos han comentado ya en nuestro Concurso de consejos para prevenir los catarros, la lactancia materna es una de las formas más eficaces de ayudar a nuestros hijos a soportar los rigores del invierno (y del verano, y de los sarampiones, varicelas y demás pestes), aunque no es la única.

Como soy bióloga por naturaleza hoy os toca post de biología, para que quede claro que este efecto no es una cuestión de magia, sino de ciencia.

Al nacer todo el cuerpo del bebé se encuentra desprovisto de bacterias, no hay bacterias en el útero materno (en condiciones normales) y su flora bacteriana (que todo el mundo tiene) depende en gran medida del nacimiento.

Antes:

El sistema inmune, sistema que sirve para controlar todo tipo de enfermedades (incluyendo el cáncer) es muy inmaduro en recién nacidos. Durante las últimas semanas de embarazo la madre pasa a través de la placenta gran cantidad de los anticuerpos que ella misma fabricó para defenderse de todas las enfermedades que ha padecido a lo largo de su vida. Como demostró un estudio hace bien poco, los besos del padre sirven curiosamente para que la madre además fabrique anticuerpos contra los gérmenes que porta el progenitor paterno, en pequeñas dósis, para conseguir dos cosas: que la madre no enferme durante el embarazo a causa de estos microbios y que fabrique anticuerpos que pasarán por la placenta a su hijo, de modo que cuando nazca papá no sea un televirus andante.

Durante:

Si el bebé llega a este mundo mediante un parto vaginal, el paso a través del canal del parto servirá para que su cuerpo se colonice por las bacterias que pueblan la vagina y toda la zona del perineo de la madre. Estas bacterias son bacterias “familiares”, recordamos que están en la madre y que por tanto la madre las tiene bajo control, además de haberle pasado ya por la placenta la protección necesaria a su hijo. Las bacterias colonizarán la piel y las mucosas del recién nacido, impidiendo que otras bacterias (como las bacterias hospitalarias) ocupen nichos ecológicos en el bebé que podrían causarle bastantes problemas. El nacimiento por cesárea produce floras bacterianas anormales, a veces patológicas o potencialmente patológicas. Este es uno de los motivos por los que las cesáreas deben evitarse siempre que sea posible.

Después:

Si inmediatamente después de nacer el bebé se coloca, desnudo sobre la madre, desnuda, el proceso de colonización de bacterias “amigas” continuará, dificultando a otras bacterias ocupar sitio. Si este proceso se interrumpe, el bebé se aleja de la madre, se le viste y se le baña, las bacterias que colonizarán su piel preferentemente serán las del ambiente, las de la gente que le toque, las de las toallas del hospital. Sin más comentarios.

Si además se fomenta el inicio de la lactancia, las bacterias de la madre colonizarán también su tracto digestivo. Se ha visto que el intestino de los niños amamantados contiene más bacterias del tipo probiótico, estafilococos y estreptococos maternos y menos bacterias anaerobias que los bebés alimentados con biberón. De la calidad de la flora bacteriana dependen muchas cosas en la vida, probablemente bastantes más de las que pensamos. La leche materna contiene bacterias del intestino de la madre. Algunos estudios realizados en ratones afirman que este proceso comienza incluso antes del parto, pero es bueno saber que es a través de la lactancia materna como se lleva a cabo más eficazmente.

Pero además la leche materna contiene también anticuerpos específicos. Concretamente inmunoglobulina A, en concentraciones enormes en el calostro y que está contínuamente fabricándose en mamá en respuesta a todos los microbios del ambiente y secretándose a través de su leche cada vez que el bebé mama. Es por este motivo por el que la lactancia materna siempre ayuda al sistema inmune de nuestro hijo, a pesar de que ya no sea un bebé. El sistema inmune de los niños no acaba de madurar hasta bien entrada la infancia, cualquier ayuda es poca. Y la naturaleza ha previsto que tu leche le proteja. En futuros años probablemente podremos comprobar no sólo que la leche materna sirve para aportar defensas extra a nuestros niños, sino que además es clave en la maduración normal del sistema inmune.

Este es el motivo por el que los niños de teta se constipan menos, tienen menos diarreas, menos incidencia de asma, hay que ingresarlos menos veces y en definitiva, están estadísticamente más sanos. Individualmente tal vez no más sanos que el vecino, porque cada niño es un mundo, pero sí más sanos que lo que hubieran estado de haber tomado biberón.

Del sistema inmune dependen muchas cosas: que no se constipen mucho, que no tengan alergias, …y dar teta es bastante mejor que el inmunoferón. Y gratis ¿te lo vas a perder?

Foto | Jessicafm

0
7

7 Comentarios

  1. Amor Maternal 16 noviembre 2010

    Buenísimo, Irene…

    Lo único que agregaría es que durante el paso por el canal de parto, en un parto natural0 obviamente, el bebé ingiere pequeñas cantidades de los fluídos de la madre, colonizando así con bacterias “buenas” su intestino, que como tú bien comentaste, anteriormente era estéril.

    Lo comparto en mi muro 😉

    Un abrazo,

    Louma

  2. Author
    Irene Garcia 16 noviembre 2010

    Muchas gracias Lou, por la puntualización y por compartirlo. Besotes 🙂

  3. Pilar 17 noviembre 2010

    Lo comparto Irene! Felicidades por el post!

  4. Author
    Irene Garcia 17 noviembre 2010

    gracias, guapa 🙂

  5. Maria Berrozpe 18 noviembre 2010

    Genial Irene, lo comparto. Sabes algún libro o revisión que tratte especialmente sobre el sistema inmune en el embarazo y la lactancia???????……

  6. Ramón Soler 19 noviembre 2010

    Estupenda lección de biología, Irene.

    Todo esto debería saberse para limitar las cesáreas y la lactancia artificial a lo mínimo, mínimo, mínimo indispensable.

    Compartimos 🙂

  7. Nuria 10 marzo 2011

    Qué interesante!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*