Sin prisas

porteo

Con Ana llegué tarde a los portabebés – bueno, en realidad nunca es tarde, ya sabéis. Reconozco que tuve dos mochilas pero ninguna acababa de convencerme, algún instinto básico relacionado con mi dolor de lumbares me decía que aquello del bebé con las piernas colgando no podía ser bueno del todo. Le tocó mucho “huevito” y sobre todo muchos brazos a pelo – se explicaba bastante bien cuando no quería “huevito”, a gritos, vaya.

Hasta el moño del carro, que no cabía en el ascensor ni entre los huecos de los coches, que al final tenía que llevar con una sola mano mientras con la otra cargaba a la niña y ya dispuesta a pasar el resto de mis días encerrada en casa, un día, no recuerdo cómo descubrí los fulares. Y me enamoré, que es como yo siempre hago mejor las cosas. Ay, mi trapito. Ahí lo tengo guardado, es lo único que no he prestado ni regalado. El fular a mí me cambió la vida. La sensación de libertad pudo con mi torpeza habitual y a última hora era precioso ver como Ana se ponía contentísima sólo con verlo.

Libertad y calor – del humano, del bueno. Con Ana pegada a mi cuerpo, apoyando su cabeza en mi pecho, durmiéndose con el vaivén…no ha habido mejor época para mí que aquella. Y con las dos manos libres, que siempre viene bien.

Lara ha sido mucho menos de ir en el trapo, ya me lo advirtieron en la UCIN. Tampoco hemos podido pasear tanto y también pesó siempre mucho menos, pero el trapo sigue ahí, que nunca se sabe.

Por eso y aunque las posibilidades son remotas, me gusta tanto ver cada vez más niños porteados por Madrid. Primero en mochilas y después en fulares o bandoleras, el porteo en mi apreciación – totalmente subjetiva o no, que yo soy muy observadora – va en aumento. Y me alegro.

Y me alegro tanto que algún instinto básico relacionado con esos recuerdos cálidos me dice que llevar a los niños mirando de frente no puede ser bueno. Que así se estimulan y no se aburren, dicen algunos. Y yo, que me acuerdo de todo, pienso que ¿aburrirse? No hay nada mejor que hacer el canguro, con el bebé bien pegado a tu cuerpo, para ellos tu calor y el sonido de tu respiración y tu corazón es suficiente para mantenerse entretenidos, relajarse y vivir tranquilos y felices, ya podrán después apreciar la belleza de los coches, los atascos y los escaparates de los chinos.

Y como soy vanidosa, me gusta cuando sesudos sabios me dan la razón, ahí, basados en la ciencia. Hace ya tiempo que los expertos en huesos avisan de que llevar a los niños de cara al mundo es malo para sus caderas. Ahora, la web Mi Saquito Mágico, nos trae un artículo del presidente de la Federación de Pediatría Alemana que me ha encantado, porque no sólo informa de que los niños deben ir mirando hacia el porteador sino que además carga contra esas marcas que se apuntan a la moda del porteo con historiadas mochilas “ergonómicas” desde las que tu bebé puede observar el mundo cuando ni siquiera le interesa – muchas ganas de vender y muy poca información.

Y es que un fular te lo puedes fabricar en casa, que sólo necesitas unos cuantos metros de tela. Y si eres torpe, como yo, pues ya tienes a quién te lo haga y venda, como Mi saquito mágico, o Mimos y Teta, o Teo y Leo entre otras muchas, que encima son comercio “justo” – en una ampliación de la definición.

Si vas a portear portea, pero hazlo bien. Disfruta de ser una madre canguro, después llega un momento en el que de verdad quieren descubrir el mundo, que está lleno de colillas, cáscaras de pipas, chicles y otras maravillas que no querrás que conozca tan pronto. Que no hay prisa. Y como el de la foto, ellos saben muy bien cuando quieren mirar.

Foto | amcdawes

0
0

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*