Restaurando el paradigma original

“La historia comienza hace 110 millones de años”.

Hace mucho que tenía pendiente subir este vídeo de Nils Bergman, pero entre unas cosas y otras lo había perdido de vista. Antes de ayer, dando una vuelta por FB lo volví a encontrar y aprovecho para compartirlo antes de que vuelva a olvidarseme.

Nils Bergman es un neurobiólogo, probablemente el mayor especialista en los mecanismos bioquímicos que intervienen en el proceso del amamantamiento – principalmente en el cerebro, la parte más compleja – y experto en neurobiología de la vinculación. Es uno de los principales defensores del método madre canguro, que – a pesar de que el vídeo está grabado en el año 2000 – increíblemente aún no está implantado en la mayoría de los hospitales del mundo y que, por desgracia, tampoco se aplica en los hogares occidentales.

Abordado desde varios puntos de vista, desde la evolución hasta la etología, en esta grabación Nils Bergman explica varias cosas que deberían entenderse de forma universal gracias a ese sentido común del que todo el mundo presume pero del que aparentemente la mayor parte de la humanidad carece y que se resumen en una frase, con el título de uno de los libros de Michel Odent – otro de los grandes expertos – “El bebé es un mamífero”.

La historia comienza hace 110 millones de años. Con la aparición de los primeros mamíferos, que coexistieron con los dinosaurios, la naturaleza seleccionó una adaptación que permitía que ciertos roedores se llevaran “la comida puesta”. En pocas palabras esto es lo que un mamífero es, un animal que mama y que por tanto es capaz de amamantar. Gracias a la selección natural de una serie de comportamientos, que aparecen en primer lugar en el cachorro, vienen grabados en los genes y provocan una respuesta específica en el cerebro materno, los mamíferos sobrevivieron a aquella gran extinción, dando lugar unos 109,8 millones de años después al ser humano.

Es más, con todos los estudios científicos que desde hace más de 20 años vienen reforzando este planteamiento en todos los mamíferos estudiados, con todos los datos en contra de lo que se denomina “privación materna” la humanidad debería reconocer que los otros, desde el punto de vista de un cachorro de mamífero, no son suficientes. Sean quienes sean. Y que, repito, “el bebé es un mamífero”.

Las implicaciones de toda esta evidencia científica van desde el diseño de maternidades adaptadas al bebé – y no al ginesaurio de turno – hasta políticas de protección de la maternidad que se centren en proteger al niño. Es otra obviedad que parece estúpido recordar que sin niños no existe futuro, sin embargo en los tiempos que corren parece cada vez más necesario no olvidarlo.

Y es que si lo dejas en su hábitat natural – la madre – un cachorro humano es perfectamente capaz de cuidarse solo, ya que su ADN, heredado de aquel roedor que sobervivió al T-Rex y a los meteoritos, le proporciona los recursos necesarios para lograrlo. Cuando el ser humano entienda esto la humanidad en pleno como poco se ahorrará millones de euros en terapias. Tal vez entonces recuperemos el tan cacareado “sentido común”. Y tal vez entonces seamos capaces de sobrevivir a otra nueva extinción masiva. Si no, será casi seguro el tiempo de las cucarachas. Si es que no lo es ya.

Dice Michel Odent que “para cambiar el mundo hay que cambiar la forma de nacer”, que para cambiar el mundo hay que “recuperar el paradigma original” dice Bergman. Digo yo que ni siquiera es necesario apuntar a tan altos objetivos. Hay que hacerlo porque sí, porque es lo justo, porque los niños son la parte más vulnerable de la sociedad y tienen derecho a que se les proteja todo lo posible. Porque el ser humano es maravilloso y merece que su descendencia nazca y viva en las mejores condiciones. Y porque somos perfectamente capaces de lograrlo.

Y a partir de ahí que surja lo que surja.

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*