Mami, me duele la tripa

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Creía yo que hasta el verano iba a librarme de hablar de cacas, pero no. Cualquiera que se haya paseado últimamente por unas urgencias, el ambulatorio o simplemente el colegio ya lo sabe: la “epidemia” de gastroenteritis ya está aquí. Y este año parece mala, mala. Tanto que aquí no nos hemos librado ninguno.

La gastroenteritis aguda es una inflamación del estómago y del intestino que se manifiesta clínicamente en forma de vómitos y/o diarreas. La mayoría están producidas por virus, sobre todo en niños, el rotavirus, suele ser el principal responsable. Algunas de ellas pueden estar causadas por bacterias, como la Salmonella o el Campylobacter y suelen estar asociadas a alguna comida. Otras causas para las gastroenteritis son las alergias o intolerancias a las proteínas de leche de vaca en niños pequeños, el síndrome postenteritis (después de una gastroenteritis puedes tardar semanas en recuperar tu ritmo normal) o algún parásito.

La de ahora parece vírica, al menos eso es lo que cuenta quién ya la ha tenido.

Las gastroenteritis se cogen generalmente a través de los alimentos, por falta de higiene al manipularlos o mala cocción o conservación, aunque en el caso de las gastroenteritis víricas las vías de contagio pueden ser otras. En colegios y guarderías chupar el chupete de otro niño puede bastar.

Para prevenirlas pues lo típico: lavarse las manos, comer pocos alimentos crudos o poco cocinados, lavar bien las frutas y las verduras, vigilar que la puerta de la nevera se quede siempre bien cerrada (¿a vosotros no os pasa?), enseñar al niño a no compartir cubiertos o vasos… Si tu bebé tiene menos de seis meses consulta con tu pediatra sobre la vacuna contra el rotavirus, tal vez te interese administrársela.

Además de los vómitos o náuseas y las diarreas típicas, otros síntomas comunes son la fiebre y el dolor abdominal además de pérdida de apetito, claro.

Una gastroenteritis aguda dura alrededor de una semana, pero es normal encontrar pacientes que han estado pochos durante quince días.

Las gastroenteritis se diagnostican por los síntomas y en general no es necesario hacer ningún tipo de prueba específico, ni análisis sanguíneos ni de heces, ya que suelen resolverse por sí solas. Los análisis sólo se realizan en casos muy concretos: si la diarrea dura más de dos semanas, si el estado general es bastante malo y hay deshidratación, si se sospecha de una intoxicación alimentaria o si aparece mucha sangre en las heces.

No os asusteis si aparecen entre las cacas hebras de sangre o algo de moco. Lo del moco es muy común sobre todo si además el niño está acatarrado y la sangre sólo es preocupante si es una cantidad importante. De todos modos informad al pediatra, es más frecuente que estas sustancias aparezcan si la gastroenteritis es bacteriana.

Y lo dicho, generalmente se curan solas.

Foto | lensbug.chandru

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