Los bebés ignorados se estresan

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Dos minutos son suficientes para que un bebé de seis meses que está siendo ignorado por su madre incremente sus niveles de cortisol en sangre respondiendo así al estrés que le produce la deprivación materna. Dos minutos en los que aprende que no van a hacerle caso y son suficientes para que en ocasiones posteriores anticipe este aprendizaje y se estrese incluso antes de tiempo.

Sin duda el cerebro humano es increíble. El estrés es un mecanismo natural de defensa que te prepara para afrontar las dificultades, una señal de alarma. Cuando algo va mal – tienes hambre, frío, la oscuridad te impide ver, existe algún peligro, etc – el cuerpo humano (y el de los mamíferos en general) fabrica hormonas que preparan al individuo para el ataque o la huida, o para realizar alguna acción que elimine ese estrés – por ejemplo, comer. El cortisol es una de ellas, y entre otros efectos tiene el de eliminar células del hipocampo, una estructura cerebral relacionada con la memoria y el aprendizaje, alterar las concentraciones de glucosa en sangre y provocar más cortisol. Dos minutos son suficientes para aprender que una situación peligrosa puede repetirse, creando las conexiones cerebrales nuevas que más tarde informarán al cerebro de cómo tiene que actuar ante esa situación.

Según un estudio realizado en Toronto los bebés humanos fabrican cortisol cuando su madre los ignora durante dos minutos. Estos niveles de cortisol decaen cuando vuelven a ser atendidos, pero al día siguiente vuelven a incrementarse si el bebé se coloca en la misma escena y a pesar de que la madre esta vez le atienda. Así de simple.

Los estudios con seres humanos, sobre todo aquellos en los que alguna persona sufre – y el cortisol es signo de sufrimiento – son éticamente reprobables y por tanto este estudio es breve – y espero que no se repita incrementando el número de días en los que el bebé es ignorado o aumentando la cantidad de minutos en los que se le somete a estrés – y por este motivo el estudio es fácilmente criticable por cierto sector de la sociedad.

¿Es que un bebé no puede llorar? ¿Es que no puedo dejar de atenderlo ni siquiera dos minutos porque se estresará y eso provocará efectos irreversibles? ¿Es que soy esclava del bebé? Por supuesto el estudio no dice eso – entre otras cosas porque los estudios científicos de este tipo no dicen lo que uno tiene que hacer, sólo dicen lo que sucede cuando uno hace algo. Los bebés lloran y se estresan, claro y el estrés les ayuda a aprender cuales son las situaciones peligrosas y cómo tienen que comportarse la siguiente vez.

Si un bebé muy pequeño se estresa, llorará, porque es lo único que sabe hacer. Si al llorar mamá lo consuela su mente reforzará la idea de que llorando se le atiende. Y hará bien. Si el bebé es mayor quizás genere otros recursos, como ir andando hasta mamá e incordiarla hasta que le haga caso.

Y ahora vamos al meollo de la cuestión, porque este estudio refleja de una forma muy simple los mecanismos que se producen cuando se aplican a los bebés métodos como los Cry It Out para que duerman solos.

Pones al bebé en su cuna, le das un besito y le apagas la luz. El bebé, que es un mamífero diurno y pequeño se estresa y llora (porque es lo único que sabe hacer y porque además durante los primeros seis meses de vida ha aprendido que llorando se le atiende). A los dos minutos le atiendes, reforzando el hecho de que si llora tú vas. Pero vuelves a irte y el bebé se vuelve a estresar y llora. Esta vez tardas tres minutos en volver a atenderle, pero te vas otra vez. Y así ¿hasta cuando?

Cuando el estrés es muy grande y el individuo no puede hacer nada para resolverlo la naturaleza proporciona a los mamíferos sustancias derivadas de los opiáceos que sirven para calmarlos. Las endorfinas, opiáceos endógenos, reducen de golpe los niveles de estrés hasta provocar que el animal (o el ser humano) se duerma, reduciendo así el gasto energético, ya que la energía puede ser útil cuando las condiciones sean un poco más favorables y el estrés es un gran consumidor de energía. Por eso se duermen los bebés que no son atendidos por sus padres a la hora de dormir. Las endorfinas además enganchan.

¿Y qué pasa al día siguiente? Al día siguiente el bebé anticipa que cuando llega la hora de dormirse la situación puede volverse peligrosa. Él sabe que es la hora de dormirse, porque para eso llevamos seis meses inculcándole rutinas que le informan de que esto es así. Y el bebé se estresa, antes incluso de que lo dejes en la cuna y salgas. Es muy probable que cada día sea capaz de anticipar antes y por eso se produce lo que los expertos en conductismo califican de reacción de rebote – que cada día en lugar de llorar menos y dormirse más pronto llora más, al menos al principio.

¿Hasta cuando? Como he dicho antes, espero que este estudio jamás se alargue en el tiempo, porque a todos nos parecería fatal que una madre llevara todos los días a su hijo a un laboratorio para estresarle. Y por eso espero que el mecanismo que consigue que los niños finalmente se duerman solos permanezca desconocido para siempre. Lo que está claro después de este estudio es que no es un mecanismo de aprendizaje para dormir solo, porque dormir y estar estresado es una contradicción. Es un mecanismo que altera el mecanismo de adaptación al estrés.

Alterar el mecanismo de adaptación al estrés no es ninguna gracia. El mecanismo de adaptación al estrés es lo que permite que un animal viva, que sepa interpretar las situaciones peligrosas y actuar en consecuencia protegiendo su vida y en seres humanos está relacionado con todos los problemas psicológicos que se nos ocurran. Porque el estrés en humanos depende mucho de nuestra percepción y nuestra percepción depende en gran medida del aprendizaje y puede ser tan subjetiva como para haber aprendido que la cama es un sitio peligroso. El estrés incide de forma directa en los mecanismos de aprendizaje, en el sistema inmune y en el metabolismo de la glucosa. El estrés modifica las estructuras cerebrales, no sólo las conexiones neuronales del cerebro, sino incluso su anatomía. Manejar bien el estrés es imprescindible para estar sano, tener menor riesgo de alergia, de asma, de colón espástico, de depresión, de ansiedad…por ejemplo.

Los niños se estresan, es inevitable y hasta cierto punto es deseable, tienen que aprender a generar recursos que les permitan eliminar ese estrés. Pero un bebé en su cuna no tiene más recurso que llamar a mamá, llorando. Si mamá no viene el estrés no se reduce. Y el bebé no aprende otro comportamiento más que el de aguantarse, por muy estresante que esto sea. Es que con seis meses eres muy pequeño para contar ovejas o medicarte con ansiolítocos o hipnóticos ¿verdad?

¿Queremos hijos sumisos?

Vía | Bebés y Más

Foto | Critical Moss

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