Las caras de la maternidad

Estuve el otro día viendo el documental que emitió la 2 de TVE en Documentos TV sobre nosotras las madres, Las caras de la maternidad. Me pareció flojito, pero claro, aquí ya llevamos mucha reflexión sobre el tema y todo se nos queda corto. Sin embargo sí que hay alguna cosa que me gustaría comentar, puesto que son asuntos que yo tengo claros, pero que una gran mayoría de personas aparentemente no.

La maternidad es sin duda una de las mayores experiencias vitales, yo diría que probablemente la mayor – en una vida corriente, sin premios Nobel ni Medallas Olímpicas, de las que vivimos el 99,9% de los mortales, intuyo que es posible que también lo sea en estos casos.

La mayoría de la gente tenemos al primer hijo sin siquiera percatarnos de esto. Claro que quieres tener niños, o no, pero hasta que no están aquí no sabes exactamente lo que significa ser madre. Y probablemente ser madre signifique cosas diferentes para según qué persona. No soy una madre perfecta, más bien del montón, pero sí, para mí mis prioridades cambiaron totalmente cuando tuve hijas. Probablemente gracias al parto de Ana, muy violento, cuando ella nació yo me di la vuelta como un calcetín, pero es muy probable que ni siquiera se necesite un parto buenísimo o por el contrario horrible como el mío para que esto suceda.

Es obvio, cada mujer vive su maternidad de acuerdo a sus circunstancias, de su carácter, de su educación y muchas veces de sus expectativas. Y también de sus partos y de sus crianzas.

Los seres humanos no dependemos totalmente de la biología, pero las bases biológicas que determinan los comportamientos maternales están en nosotros, muchas veces enterradas por tantas capas de condicionamiento cultural que no somos ni capaces de sentirlas, mucho menos de poder racionalizarlas. El ser humano es lo que es porque en algún momento el descendiente de un ave o un reptil desarrolló la capacidad de gestar a sus crías sin necesidad de un huevo, en el interior de su cuerpo – la ventaja es obvia – y porque esa nueva especie o más probablemente otra más moderna fue capaz al cabo de millones de años de no depender del entorno para alimentar a su progenie, todo un inventazo la lactancia materna, me voy de viaje con la comida puesta. Todas estas adaptaciones evolutivas se llevan a cabo gracias a modificaciones no sólo en el cuerpo de los animales, sino sobre todo en el cerebro, que es quién controla la cosa. Y todas estas adaptaciones producen cambios en el comportamiento.

Para mí está claro, no se comporta igual un mamífero que un lagarto. Y no se comporta igual un primate que una rata. Los cambios en el comportamiento con respecto a sus crías de las especies han permitido la evolución del ser humano hasta lo que es ahora, un animal por otra parte exactamente igual al que colonizó la tierra a partir del paleolítico. Las modificaciones en el comportamiento hacia las crías desde el paleolítico para acá son puramente culturales. Y en occidente muchas veces en contra de la biología.

Ir en contra de la biología es agotador. Ser una madre mamífera, que da el pecho y presta el cuerpo a sus hijos mientras que lo necesitan no te hace mejor madre, pero sin duda te convierte en una madre más relajada. Porque ir contra lo que ha seleccionado la evolución cansa y así, las madres occidentales vivimos agotadas, intentando decidir entre lo que nuestro cerebro mamífero espera que hagamos y lo que nuestra mente humana ha decidido hacer. Dejarse llevar es el único truco. Porque además el amor no se piensa, se siente. Y es amor criar a los hijos.

0
0

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*