Han vuelto II. Tratamiento y prevención del VRS

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El tratamiento contra el Virus Respiratorio Sincitial, como en todas las infecciones respiratorias producidas por virus, será sintomático: mucha agua y paracetamol para la fiebre. Tu médico te indicará si es necesario el uso de un mucolítico (son bastante ineficaces en niños muy pequeños) o si es necesario utilizar un aerosol, el típico ventolín, para ayudar a que los bronquios se expandan, aunque estos fármacos tampoco son muy útiles en lactantes.

En algún caso es posible que sea necesario administrar algún corticoide, como la estilsona, siempre bajo prescripción médica. Y si tu niño, como la mía, es de los que prefieren repetir la experiencia, puede necesitar un tratamiento de base, budesónida o montelukast, durante unos meses y tal vez un seguimiento especial por un neumólogo.

En cualquier caso, y sobre todo para niños con tendencia a reincidir, lo principal es no angustiarse. Las primeras veces es normal que acudas a urgencias contínuamente, incluso dos veces en un mismo día, ver a tu bebé jadeando como un cachorro de boxer no es como para mantener la calma y aún dudo de que alguna vez se consiga, pero… acudir a urgencias una y otra vez contribuye a veces a empeorar la cosa, primero porque es posible que te miren mal (a tí plín) pero sobre todo, porque muchas de las infecciones por VRS son nosocomiales, o sea, se cogen en el propio hospital, transmitidas por los niños enfermos o por el propio personal médico.

En alguna ocasión el MIR de turno fue a buscar al adjunto de guardia para que él mismo en persona me jurase y perjurase que mi niña respiraba bien, perfecto, eso me retuvo en casa hasta el día siguiente pero no me impidió entrar en pánico la siguiente vez que empezó a toser como una loca.

Lo más importante a la hora de decidir si acudes al hospital o puedes esperar a la consulta normal de su pediatra habitual es observar al niño y comprobar si presenta o no dificultad respiratoria. Aunque con un lactante no es tan fácil, la primera señal de que algo anda mal es la polipnea (o taquipnea, no es necesario que las distingas), si tu bebé, de unos seis meses, respira más de 50 veces por minuto en reposo, o más de 40 si está dormido, sobre todo si no tiene fiebre, eso es que le cuesta respirar.

El siguiente signo es el tiraje, las costillas y el esternón se le marcan, la tripa se le abulta mucho al respirar. Y por último, si el bebé tiene llanto débil o dificultad para mamar o tomar el biberón es hora de acudir a urgencias a la de ya, sin dudar. Si allí comprueban que la saturación (concentración de oxígeno en sangre) es buena probablemente lo manden a casa tras un par de “ventolinazos”. Si la saturación es mala, se quedará para recibir suplementos de oxígeno. Desgraciadamente no hay otra que tomarselo con calma.

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En casa conviene tratar de aliviarle todo lo posible para evitar el ingreso. Aspirar la mucosidad tras lavarle la nariz con suero fisiológico puede venirle bien, y casi es imprescindible antes de las tomas. Si no es suficiente puedes adquirir una cámara de nebulizar y pasarle el suero fisiológico nebulizado varias veces al día. Esto contribuye a hacer más fluida la mucosidad y facilitar su expulsión. También suelen funcionar los humidificadores, sobre todo si la calefacción está puesta el ambiente se reseca mucho. Y hay quien asegura que poner una cebolla abierta en la mesilla de noche es milagroso, aunque bastante apestoso.

La homeopatía, siempre bajo consejo del médico o el farmacéutico puede ayudar y sin duda, la fisioterapia respiratoria le va a venir bien, mejor si vas a un centro especializado aunque tú misma puedes ayudar un poquito mediante masajes suaves (muy suaves) desde el esternón hacia afuera y ligeros golpecitos con las yemas de los dedos en la espalda.

Por supuesto contra el VRS más vale prevenir. Las recomendaciones básicas además tienen la ventaja de disminuir el riesgo de contagio de cualquier otro tipo de infección vírica respiratoria, incluída la famosa gripe A. Lo principal es no exponer al bebé al virus, nada de visitas a centros comerciales o lugares con aglomeración de gente. Si tu suegra moquea, que se quede en su casa, nada de gente constipada alrededor del bebé. Si es posible no le lleves a la guardería durante los meses de invierno, sobre todo si tu bebé es de alto riesgo, prematuro o con alguna enfermedad congénita. Lavarse las manos antes de tocarle y no dejar que lo toquen extraños. No dejarle juguetes u objetos de un niño que esté o haya estado malito recientemente. Por supuesto nada de compartir cubiertos o vajillas. Ventilar la casa, no abrigarle en exceso y no exponerle al humo del tabaco o ambientes muy contaminados. Utilizar pañuelos desechables y sobre todo, darle mucha, mucha teta, en tomas cortas y muy frecuentes.

Tu leche estará plagada de anticuerpos específicos contra el virus que circule en ese momento, será como ponerle una inyección de gammaglobulina de las que nos endilgaban a nosotros los niños del baby-boom de los ochenta, pero ocho veces al día. No lo dudes, aunque tú tengas el virus, tu leche le protegerá: los niños de teta tienen menos riesgo de padecer la infección, menos riesgo de que la infección se complique con una bronquilitis y mucho menos riesgo de acabar hospitalizados que los niños de biberón.

Fotos | tiegeltufLaMenta3

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