El tiempo de calidad y El mal de la soledad

chica triste

Me encuentro con un artículo escalofriante en el blog de Ileana Medina. «Lo tienen todo, excepto a sus padres», sólo con el título ya se ve de qué va a ir el tema, pero recomiendo leerlo entero, si alguien no lo ha hecho ya.

Nos han vendido una bonita moto y nos la han vendido por lo menos en dos aspectos. El famoso tiempo de calidad, ese mito de la sociedad de consumo en el que los niños, con que se les dediquen un par de minutos al día ya tienen suficiente (1), siempre que sean unos minutos plagados de actividades originales, imaginativas y principalmente caras, claro (2).

Así estamos. Según este artículo de El País que se publicó a principios de esta semana los centros de acogida de menores problemáticos se están llenando de adolescentes de clase media y media-alta, que han disfrutado de padres súper-realizados que ganan buenísimos sueldos que les permiten llevarlos a colegios carísimos, contratar niñeras cuatrilingües, vacaciones en EuroDisney anuales, Semanas Blancas en Bakeira y cualquier cacharrito tecnológico que se nos ocurra. Su problema: agresividad, mal comportamiento, introspección extrema…niños problemáticos y encima desagradecidos «Con todo lo que yo he hecho por ti y así me lo pagas». Las causas: negligencia parental, abandono. Suena fuerte ¿verdad?

Ya ves. Entre tantas cosas imprescindibles que se necesitan cuando nace un bebé ninguna revista te dice que lo principal es el tiempo. Tiempo a secas. Tiempo para conversar, para abrazarse, conocerse y quererse. Tiempo, lo que necesita cualquier relación.

«Hola, guapa, me gustaría ser tu novio, verás que bien nos lo vamos a pasar en el tiempo de calidad que vamos a compartir: lunes y viernes de seis a seis y media, que el resto de la semana la necesito para realizarme». Una relación con futuro ¿a que sí?

Trabajamos como locos para comprar cosas y cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia nos damos cuenta de que el amor, como decían los Beatles, no se puede comprar. Y nos encontramos con pequeños desconocidos gritones, que no nos cuentan qué hacen ni quieren que sepamos nada de su vida, pero ¿es que nos hemos interesado por su vida antes o estábamos demasiado ocupados comprobando si podíamos pagar otra extraescolar?

Los niños de hoy en día se crían solos. No ya sin un barrio al que pertenecer, primos, amigos del cole que vienen a jugar a casa…sino casi sin sus padres. Padres que trabajan un montón para alcanzar un nivel de vida mejor, que haga más felices a sus hijos, olvidando que el cariño no cuesta dinero. Y para colmo, abducidos por el consumimo extremo en el que nos hemos metido, el poco tiempo que pasan con los hijos lo dedican a llevarlos de acá para allá, en multitud de actividades de ocio sin fin, gastando dinero que después tendrán que ganar.

Trabajar es necesario y es cierto que para muchas personas puede resultar estimulante. Pero los hijos reclaman su tiempo. Lo hacen desde que nacen, al principio sólo llorando cuando tratamos de dejarlos en la cuna y después acabando tutelados por el estado.

Algo que deberían explicar todas las revistas de maternidad. Si piensas tener un hijo, asegúrate de que vas a tener tiempo. Y convierte todo el tiempo que puedas pasar con él en tiempo de calidad a base de besos. Los besos son gratis y así no tendrás que trabajar tanto.

Nota: es obvio que algunas familias menos favorecidas también necesitan trabajar un montón de horas para sacar a sus hijos adelante en condiciones aceptables, que los ven poco y que desgraciadamente sus hijos también están en riesgo de tener problemas. Eso es un tema de conciliación y este post no va de esto. Va de elecciones libres y de prioridades. En este mundo globalizado, elegir libremente es bastante difícil pero contamos con el mejor aliado para que no nos engañen: nuestros hijos, escucharlos. Ellos nos enseñan mucho.

Foto | Bixentro

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6 Comentarios

  1. Caro 16 febrero 2011

    Nena, vales tu peso en oro 🙂

    Como dicen por ahí, estás ‘sembrá’. Y qué bien te explicas. Lo del ‘tiempo de calidad’ y el noviazgo me mató de la risa. Y también me asalta la pena: cuántas parejas se estropean porque ‘no hay tiempo’. No hay tiempo de escucharse, de contarse, de abrazarse, de repertirse lo mucho que se gustan, de hacer el amor… si esa ‘falta de tiempo’, irremediable dicen muchos, convierte a una pareja en un extraño para su compañer@, por qué pensamos que no va a ocurrir lo mismo con nuestros hijos?

  2. Pilar 16 febrero 2011

    Qué buen post guapa!! lo comparto ¿ok?
    A mi esto me da una pena que no te puedes imaginar…niños solos, que pasan horas y horas solos, se preparan la merienda, se intentan distraer en casa…solos…
    Carlos González decía por alguna entrevista que cuando la gente empieza a trabajar entiende que su vida tendrá cambios, que cuando se casan también entienden que su vida cambiará…¿entonces por qué cuando tienen hijos pretenden continuar su vida como si nada?

  3. maria berrozpe 16 febrero 2011

    Esto, que es una verdad como una casa, se dice muy poco o no se dice, no vaya a ser que se ofenda a alguien. Pero ya es hora de que dejemos de mirar a otro lado y acernos los locos cuando esa amiga o prima o hermana nos comenta que no piensa reducir su jornada laboral…. que a ella le gusta muchísimo su trabajo…. ya es hora de que tengamos el valor de ponerle frente a las narices las consecuencias de esa decisión en su hijo(s). A ver si esos «eruditos» de la educación empiezan a darse cuenta de que los «monstruos» adolescentes no son el producto de la crianza corporal, sino de la crianza del abandono y del «tiempo de calida» por parte de los progenitores.

  4. Lucía 16 febrero 2011

    Desgraciadamente yo me encuentro (como la mayoría de mamás y papás de este país) en el grupo que forma parte de la NOTA a pie del artículo, y me duele mucho, muchísimo, dejar a mis hijos todo el día en el colegio, o al amparo de mis padres mientras mi marido y yo tenemos que trabajar para llegar a fin de mes a durísimas penas. Y me duele que mi madre caiga en depresión porque no puede con el trabajo que mis hijos le dan desde que salen del cole hasta que llegamos nosotros a recogerles, aunque son muchas las alegrías que le proporcionan, pero se va haciendo mayor y le cuesta, y es que no nos podemos permitir ni tan siquiera un canguro. Y eso que en mi casa no hay extras, ni caprichos.
    Obviamente este es un problema a tratar en otra charla, pero es que nosotros no podemos elegir, es lo que hay, muy a riesgo de que sean problemáticos en el futuro (me esfuerzo duramente por darles la mejor educación que se, y por lo que dicen sus maestras no lo estoy haciendo del todo mal).
    Si pudiera me quedaría en casa con ellos, obviamente, pues para mí sería muuuuuucho más placentero críarles y educarles que realizarme profesionalmente, pero hablo de mí, y todas las opiniones y opciones son válidas, y merecen mi respeto.

  5. ana 16 febrero 2011

    buenísimo Irene, como siempre!!

  6. Vanesa C. 30 agosto 2011

    Me ha encantado el post, ¡que grandes verdades! Estoy absolutamente de acuerdo con todo lo que escribes. Aunque echo en falta un tercer grupo: los que tienen tiempo y no lo emplean. Padres que no toman a sus hijos en brazos para que no se malcríen. Que no juegan con ellos porque «tienen que aprender a jugar solos». Que los llevas a las guarderías a pesar de que la mamá no trabaja, «porque tienen que socializarse», y así paso a paso los alejan de ellos sin motivo, sólo porque esta sociedad se empeña en que criar con apego es malo, y no se molestan en ir más allá.

    Me encanta este blog, aquí me quedo descubriendo entradas antiguas 🙂

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