El sueño de las mujeres. De Ileana Medina Hernández

maternidad2
El mes pasado no pusimos ningún texto de algún autor de “renombre” (o al menos conocido y valorado en este mundillo tan suyo que es la maternidad). Este mes me gustaría hacer algo especial (y pienso repetirlo): poner un texto de un autor de renombre, aunque su nombre aún no sea conocido en este mundillo tan suyo que es la maternidad. Quería hacerlo hace tiempo y tenía mi autora elegida, pero no era capaz de decidirme por el post, me gustaban todos, así que le pregunté a ella.

Y allá va “El sueño de las mujeres” de Ileana Medina Hernández, autora del blog Tenemos Tetas, un blog que por otro lado merece la pena visitar, mucho mucho. Como siempre lo divido en varias partes por cosas del guión. Que lo disfrutéis.

Las mujeres también hemos tenido un sueño.

Hemos soñado que somos tan valiosas como los hombres. Que el mundo público, el mundo de las profesiones liberales, el mundo de los negocios, el mundo de la política… también nos pertenece. Que no hay razón para permanecer encerradas en casa, y que debemos tener la posibilidad de desarrollar carreras profesionales exitosas en cualquier ámbito, sin que nuestra condición de mujer nos limite por ello.

¿Pero qué queda de la “condición de mujer”? Sin contar prejuicios absurdos que aún puedan quedar por ahí, ¿qué condición a priori femenina podría impedirnos en pleno siglo XXI la realización profesional plena y ascendente?

La maternidad. Con la maternidad hemos topado. A pesar de toda la lucha feminista por sacudirnos el estereotipo de mujer-madre, las mujeres trabajadoras hemos de seguir pariendo, o la especie se extingue.

Embarazarse, parir, amamantar y permanecer en contacto permanente los primeros años de vida con el cachorro humano, cuya necesidad primaria es recibir leche y cuerpo maternos, parece hoy un obstáculo para la mayoría de las carreras profesionales de las mujeres, obstáculo que todos los empresarios y empleadores se obstinan en evitar.

Si nos aferramos a permanecer a toda costa dentro del sistema, y con suerte no nos echan de nuestro empleo al quedarnos embarazadas o al reincorporarnos tras la exigua baja maternal, nos vemos de vuelta al mundo competitivo cuando nuestro bebé solo tiene 16 semanas, dejándolo en manos ajenas durante más de 8 horas diarias, y con nuestros jefes mirando mal que nos ausentemos cuando el pequeño se enferma, o que no queramos quedarnos hasta más tarde, o que no estemos disponibles para viajar…

Buena parte de la solución pasaría por que los padres también se ocuparan de llevar a los bebés al médico, o de quedarse en casa con ellos cuando enferman, o acompañarlos a dormir por las noches, o preparar y tener lista su ropa… por que la paternidad también tuviera un coste para ellos en sus carreras profesionales… pero ¡¡¡es que encima hemos dejado al bebé con solo 16 semanas!!! Un bebé hasta los dos años comparte el espacio psíquico con la persona que lo ha gestado. Su cerebro no ha terminado de formarse, hay una gestación extra-uterina que no puede interrumpirse. No ha construido aún su “yo” independiente, y su necesidad básica -la que le permitirá la construcción de una autoestima sana y un esqueleto emocional fuerte sobre el que erigir las siguientes etapas de su personalidad- es la de ser amamantado, acarreado, sostenido y abrazado principalmente por su madre.

¡¡¡Pobres mujeres independientes!!! Resulta que no hace ni medio siglo que podemos acceder al mundo laboral, al derecho a la profesión, ¡y alguien todavía se atreve a decirnos que nuestro sueño no es posible porque ha de predominar el derecho del bebé a ser amamantado durante al menos dos años! ¡Pero si nuestras madres no trabajaban y tampoco amamantaron durante ese tiempo!

Ahora nos encontramos con el aparente choque entre dos derechos diferentes (que nadie reconocía hace un siglo): el derecho de la madre a reanudar su vida productiva, ya reconocido por casi todos los poderes públicos y económicos; y el derecho del niño a recibir cuerpo y leche maternos en sus primeros años de vida, y a recibir tiempo, educación y cuidados paternales durante toda su infancia, éste último todavía no oficializado por nadie, pero real, como demuestran cada vez más estudios de neonatología, neurofisiología, psicología infantil, salud primal…

Si pensamos en los derechos y necesidades de los bebés y de los niños a recibir la presencia y los cuidados de sus padres, ¿cómo encaja esto con la “liberación” de la mujer?

Paradójicamente, no son contradictorios, sino inseparables.

La liberación de la mujer es y tiene que ser la liberación de los niños, y quizás, por ende, de todos los seres humanos.

Foto | Mikelsalibaphoto

2 Comentarios

  1. MERCEDES 22 junio 2010

    Acertada entrada y texto, me he sorprendido a mí misma emocionándome…
    A veces me pregunto si la dicotomía que se le plantea a la mujer, será realmente entendida por los hombre, padres de las criaturas…Espero que sí, de otra forma no podremos sobrevivir a la vorágine…
    Enhorabuena por el blog,
    ya sabes que te sigo.
    Mercedes

  2. Author
    Irene 22 junio 2010

    Sinceramente creo que la mayoría no lo entienden, o les cuesta mucho esfuerzo y muchas muchas explicaciones ;). Para ellos es menos instintivo, tiene que serlo a la fuerza.
    Gracias, yo te sigo a ti, jeje. Besos

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*