El bebé es un mamífero

chimpancé

Aprovechando la Semana Internacional de la Crianza en Brazos os hago este recordatorio: el bebé es un mamífero. Y además, un mamífero bastante vulnerable.

En esta sociedad actual, en la que el ser humano está cada vez más alejado de su naturaleza, muchos son los que prácticamente se oponen a ser catalogados dentro del reino Animal. Bien, que cada uno haga lo que quiera, algunos se resisten curiosamente con uñas y dientes, lo cierto es que el ser humano es un primate. Y ya.

Es cierto, la mayoría de los seres humanos adultos, son bastante diferentes al mono más listo del documental de la 2, lo que no quita que sigamos siendo primos hermanos. El ser humano comparte más del 98% de los genes con el chimpancé. Curiosamente, este porcentaje es aún más alto en el caso de los hombres (no haré ningún comentario despectivo, lo prometo).

La diferencia obvia entre los seres humanos y los monos es el neocórtex. La “corteza nueva” o neocórtex es exclusiva de los mamíferos y está especialmente desarrollada en primates y por supuesto en seres humanos, al menos en algunos. El neocórtex es la capa del cerebro que permite los recuerdos, la experiencia, la imaginación y el aprendizaje. Este neocórtex “milagroso” es el que permite al ser humano aprender de la experiencia, desarrollar conceptos abstractos, construir ordenadores superpotentes, definir el altruismo, diseñar máquinas que permitan observar físicamente su actividad cerebral y sobre todo tener conciencia compleja de uno mismo en una medida tal que ningún otro ser vivo sería capaz siquiera de imaginar, si al menos pudiera.

Pero nuestro neocórtex tiene un precio.

La bipedestración y el tamaño de la cabeza provocan que los seres humanos nazcamos en un estado de “prematuridad”, comparándonos con nuestros primos los primates. Esto, que a simple vista parece una desventaja, en realidad no lo es tanto. El ser humano es neoténico.

Cuando nace un bebé, el neocórtex, con sus más de 30000 millones de neuronas, está prácticamente “en blanco”, porque no le ha dado tiempo a formarse. Las neuronas, aisladas, esperan a recibir millones de estímulos del exterior para interconectarse entre sí, formando las redes neuronales que más tarde permitirán a ese bebé convertirse en un adulto con pensamientos complejos. Pero el neocórtex no funciona aislado. La parte más antigua de nuestro cerebro, sistema límbico que controla las emociones y en concreto el hipotálamo-hipófisis que controla casi todo lo demás, regulan y son reguladas por los estímulos recogidos en esta estupenda adaptación evolutiva. Todo el exterior influye en nuestro organismo, todo nuestro organismo influye en nuestra percepción del exterior.

Nuestra prematuridad al nacer, el grado inmenso de indenfensión que presentan los bebés humanos, es lo que permite que nuestro cerebro sea plástico, que no haya casi nada prefijado, que los genes, a la larga no determinen nuestro comportamiento, aunque influyan en él. Por eso los seres humanos somos todos iguales, todos diferentes. Después de nacer empieza la gran fiesta de los estímulos que construirán nuestros pensamientos.

El bebé es un mamífero y está programado para hacer lo que hacen los mamíferos. ¿Y qué hacen los mamíferos? Están con su madre. Es por este motivo que la lactancia materna, el contacto piel con piel y el porteo son tan “beneficiosos” para el niño. Porque es en este entorno donde los estímulos que permitirán a tu bebé construir un neocórtex fabuloso son los adecuados, equilibrado con el resto del organismo. Porque los mamíferos prematuros y vulnerables rara vez son criados con éxito en cunas, cochecitos, tronas, tumbonas y demás artilugios destinados a eliminar todo lo que la naturaleza ha considerado un avance evolutivo.

Tal vez tú ya no seas un mamífero, pero tu hijo recién nacido sí que lo es. ¿No quieres ser un animalito? Cuánto más trates a tu hijo como si fuera un cachorro más diferente será de un chimpancé monísimo cuando sea grande. La naturaleza lo ha seleccionado así.

Esta es una de las maravillosas contradicciones del ser humano. El bebé es un mamífero, lo dice Michel Odent.

Foto | Tambako The Jaguar

4 Comentarios

  1. Jordi 7 octubre 2010

    Cuántas verdades, cuántas obviedades, gracias Irene.

  2. Ileana 8 octubre 2010

    Qué buen resumen, Irene!!!

    Parece tan obvio!!! Que no sé como la gente puede aún resistirse a creer algo tan evidente!!!

    Todavía anoche alguien dejó un comentario en mi blog que decía: “¿Que pruebas teneís a la dependencia con la madre?Da la impresión de ser un dogma.”

    Espera, que ahora mismo le dejo el enlace a este post!!!

  3. Mercedes 8 octubre 2010

    Como acostumbras das en el clavo.Sin embargo, deberías aclarar,qué estímulos ofrece la maternidad en brazos, la lactancias natural y otros, para dejar claro que éstos desarrollarán esas conexiones neuranales, básicas para nuestro desarrollo…

  4. Ramón Soler 10 octubre 2010

    Muy bien resumido Irene !

    Si a pesar de lo claro que lo has explicado, a alguien le queda alguna duda de que el bebé es un mamífero, sólo tiene que ver y escuchar cómo maman, sobretodo por las noches… es nuestra esencia animal en estado puro.
    El bebé es un mamífero, el bebé es un cachorro, con todas las necesidades que has explicado arriba.

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