Duérmete ya

sueño infantil

Tener hijos es una experiencia maravillosa y enriquecedora, que te devuelve a la infancia y al mismo tiempo te obliga a madurar. La maternidad es gratificante, a veces dulce y a veces no tanto, pero siempre, siempre compensa. Tener hijos es estupendo. Excepto cuando llegan las doce de la noche y aún no se han dormido.

El principal problema del sueño infantil lo constituyen, como bien dicen los expertos, los malos hábitos – adquiridos o no. En la naturaleza los animales diurnos duermen cuando cae la noche y despiertan cuando sale el sol, todo muy poético, a la par que eficiente. Los cachorros, pegados a mamá hasta que no la necesitan, duermen cuando tienen sueño y se despiertan cuando dejan de tenerlo. Exactamente igual que los animales adultos. Excepto el ser humano. O más bien, algunos seres humanos.

En la sociedad occidental, todo, hasta el sueño, está supeditado a la producción. Levantarse antes de amanecer para ir a trabajar, acostarse tarde por tener que planchar hasta las tantas o por poder disfrutar de un poco de ocio…cuando empiezas a pensar en el tema del sueño echarle un ojo a los hábitos nocturnos de algunas sociedades distintas a la nuestra es clarificador e interesante. No todo el mundo duerme igual, aunque nos lo parezca.

Tu precioso bebé de día se transforma en un monstruo de noche, no porque se haya convertido en un gremlin, sino porque no te deja dormir. No dormir no sería un problema, que te lo digan a ti, que hasta hace nada eras capaz de encadenar una noche de fiesta con otra sin inmutarte (y sin drogas) pero es que mañana tienes que madrugar. Así que necesitas que se duerma. Aunque no tenga sueño-

Cuando un niño no se duerme en la mayoría de los casos es porque sencillamente no tiene sueño. “Hay que enseñar a los niños a dormir” dicen unos señores muy expertos que no deben saber que en el útero el bebé duerme tan feliz la mayor parte del tiempo. Y nosotros corremos a comprar sus libros y a mirar sus programas de la tele. Equivocados.

Los niños nacen sabiendo dormir, su único problema es que no se duermen cuando nosotros queremos que lo hagan. Ni todo el tiempo que nos apetece – cuando tu hijo sea más mayor descubrirás con horror que si todos los días se acuesta a las nueve todos los días se levanta a las siete, incluyendo los sábados y aunque tú hayas trasnochado. Es uno de esos sábados cuando piensas con horror porqué no inventarán también un método para que los niños no se despierten tan temprano. Y entonces caes en la cuenta de que no buscas un método, buscas un interruptor de stand by. Mala suerte, no existe.

Métodos para “enseñar a domir” a los niños hay a montones. Mejores o peores, todos tienen en común el hecho de que su objetivo final no es que los niños aprendan a dormir – cosa que ya saben hacer – sino que aprendan a quedarse tranquilos en su cama mientras a nosotros nos interesa, o necesitamos. Algunos – los mejores – te lo explican así directamente, tratando de conciliar las necesidades del niño con las obligaciones de los padres, pero otros no. Otros echan mano del miedo y del sentimiento de culpa, inherente a todos los padres, con el objetivo encubierto de aumentar las ventas.

Los trastornos del sueño en la mayor parte de las ocasiones se diagnostican en función de la percepción de los padres. Recuerdo que, muy preocupada como buena madre que soy (no), acudí en una ocasión a la maestra de Ana a preguntarle si no se dormía en clase – ya que no dormía las horas necesarias según las tablas estandar – a lo que me contestó que no, que estaba despierta y espabilada y no parecía tener ningún tipo de problema relacionado con la falta de sueño. Un padre que se levanta a las seis de la mañana estará mucho más preocupado porque su hijo, que se acuesta a las diez, no duerme, que otro que se levanta a las diez y cuyo hijo se acuesta a las doce.

Hoy quiero traeros un blog, escrito por la protagonista de uno de estos métodos para enseñar a dormir bebés. El más famoso, el más aplicado, el más extendido por todo el mundo. Allá donde vayas siempre habrá un experto que haya puesto nombre al método de la abuela de “déjalo llorar que ya se dormirá” que todos, en alguna ocasión, hemos practicado con más o menos mal genio en algún día especialmente difícil.

Porque es cierto que en ocasiones necesitamos que nuestros niños duerman. Que mientras no se flexibilicen las condiciones en las que los occidentales estamos obligados a producir – y que por la pinta que tiene el asunto no va a ser pronto – a veces necesitamos que se duerman, que se duerman ya. Pero porque también es cierto que, como he dicho, hay montones de métodos para enseñar a domir a los niños. Y no todos son iguales. Porque no todos tienen las mismas consecuencias.

15 años después del méodo Estivill, contado en primera persona por su protagonista. Para que lo leáis. Y por si queréis colaborar, contando vuestras experiencias.

Foto | Ken Wilcox

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3 Comentarios

  1. H* 9 febrero 2012

    fui idiota hace 10 años con mi primera hija. tenía 20 años y todo el mundo decía “déjala llorar” y pensaba que era lo que había que hacer…Nunca más, jamás con mi segundo bebé, no lo pienso aplicar

  2. Alejandro Busto Castelli 10 febrero 2012

    Magnifico y sereno post sobre dormir o no…

    Cuando como los míos, que no están escolarizados, te dan las doce o las doce y media y ellos estan por ahí como si fueran las tres…aparecen los fantasmas, las culpas, pero ¿que hemos hecho mal?…y a veces hay que rescatar la visión serena…simplemente no tienen sueño, se van a levantar a las 11 el dia siguiente ( y tambien el domingo, no quiero dar envidia eh?) y estan disfrutando como enanos…esperándonos.

    Ellos no son responsables de nuestros absurdos horarios ni de nuestro cansancio, ni de que nos guste mucho “Aguila Roja” o “el fútbol”, o “charlar de cosas de adultos”…

    Serenidad, todo pasa…y a veces desgraciadamente muy rápido

    Besos ¿Te conoceré en Barna, en lo de obstare?

    Alejandro

  3. Author
    Irene Garcia 14 febrero 2012

    Mi mejor época fue cuando nació Ana, una vez que me empecé a recuperar del horroroso parto, como me habían despedido del trabajo disfruté de una libertad que no había tenido ni volveré a tener nunca. Sin horarios, sin presiones. Cero estrés. Fue genial. 🙂

    Lo de BCN no lo sé, está complicadilla la cosa 🙂

    Besos

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